Aventuras de un pintorGente PV

China Doll

En la orilla de la Marina de Nuevo Vallarta han colocado, como adorno, un velerito de unos 7.6 metros de eslora, se llama China Doll.

Por Federico León de la Vega

En la orilla de la Marina de Nuevo Vallarta han colocado, como adorno, un velerito de unos 7.6 metros de eslora, se llama China Doll. El casco y la cabina están fabricados enteramente de madera de teca; chalupa,  de un solo mástil.

Prácticamente no tenía más instrumento de navegación que un compás primitivo y sus arreos eran los básicos: una vela mayor y un foque, un timón de mango y eso es todo. Fue fabricado en los 50’s por la prestigiada marca Cheoy Lee y el modelo es bien conocido como Frisco Flyer 25. Más bien es un bote para pasar la tarde, que no para emprender largas travesías.

Lo que sabemos del China Doll es que una fresca mañana de invierno se presentó a desayunar, al Estudio-café de Nuevo Vallarta, un muchacho delgado y rubio, con el cabello muy despeinado y la piel quemada por el sol. Del modo que con frecuencia hago con las personas interesantes que  nos visitan, pasé por su mesa y le hice plática. El joven tenía un apetito voraz. Entre bocado y bocado me platicó su historia.

Se encontraba en clases en la universidad. Desde la ventana contemplaba un paisaje que lo impulsó a soñar despierto. No era la primera vez que añoraba salir en pos de la aventura, en vez de estar encerrado entre paredes. En esa ocasión le ganaron las ganas: se salió de clase decidido a correr  mundo.

Ya había escuchado de los mayores que hay una edad para todo…y que difícilmente se puede correr mundo después de la juventud. Así que antes de que las responsabilidades y ataduras de la vida lo capturaran, se escapó del salón al cual no regresaría por algún tiempo.

Con sus ahorros  ajustó  a comprar el China Doll y se embarcó solo. Costeando por el Pacífico partió de la Bahía de San Francisco y después de semanas llegó hasta Nuevo Vallarta. Cuando yo tuve oportunidad de hablar con él no tardó en proponerme en venta su velerito. Se había dado cuenta de los graves peligros que en altamar amenazan a una embarcación tan pequeña y frágil, máxime si se navega solo. Un buque grande podría pasar sobre él durante la noche, despedazarlo y ni darse cuenta de que se encontraba sobre su ruta, aparte de la falta de sueño y el hambre, pues por cada pequeño puerto donde avituallar, hay cientos de kilómetros de costas desiertas.

La idea de convertirme en dueño del China Doll a mí francamente me tentaba, pero yo sí que estaba ya liado con obligaciones que me harían muy difícil disfrutarlo. Ya había tenido velero y conocía bien que los dos días más felices en la vida del propietario de uno son “aquel en el que lo compras y aquel en el que lo vendes”. En tanto yo lo acariciaba como fantasía, un comerciante de Bucerías lo adquirió por bajo precio y el muchacho de 20 años que lo había traído acá, obtuvo una invitación para unirse a la tripulación de un gran yate. Así continuó su propósito de conocer el mundo, pero ahora más seguro, cómodo y con alguna paga.

Esta pequeña anécdota me ha inspirado durante años, al pensar que hay un tiempo para todo en la vida y  hay que saber aprovecharlo. Supongo que este sentir inspiró a Borges en su poema  Instantes:

“Si volviera a vivir…Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a donde nunca he ido”

De modo que al ver ahora al China Doll como adorno a la orilla de la marina -lo tuvieron que sacar del agua pues amenazaba hundirse- decidí rendir tributo a ese espíritu de aventura que nos ha movido a tantos y aún a venir vivir en esta bahía, empecé a modelar en cera las líneas del velerito. No pude detenerme, así que continué hasta terminar. Luego fui a consultar mi hechura con el escultor Octavio González. Su taller está en el camino a Ixtapa; desde fuera se pueden apreciar todo tipo de esculturas en proceso: caballos, conchas, héroes nacionales. Él es un gran maestro de escultores y ha sido el autor de ese ícono que es la gran ballena frente a plaza  Neptuno en Puerto Vallarta. Generoso como siempre, Octavio me  enseñó cómo terminar mi obra y prepararla para su fundición en bronce.

Cuando paseen por  Nuevo Vallarta vengan a ver el China Doll. Está detrás del  “Ocho Tostadas”, a unos pasos del “Estudio-café”, frente al “Porqué No” y las oficinas de Nuevo Vallarta Marina, sobre el único malecón de Riviera Nayarit. Coordenadas 20º41’19” Norte 105º 17’28” Oeste.

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