Turismo y TLC

Por María José Zorrilla (*)

Qué temas se tratarían en la renegociación del TLC. Según Jorge Velasco quien en agosto pasado lo comentó en Milenio, destacan las áreas relacionadas con el turismo médico, turismo carretero fronterizo, agilización de servicios migratorios como visas y pasaportes, intercambio de líneas aéreas y la internación de vehículos americanos para fines recreativos y vacacionales.

¿Afectaría la actividad turística en caso de no renegociarse el TLC? Aunque las condiciones son totalmente distintas a las de 1994, el antecedente que se tiene es que un año después de haberse concretado el TLC no hubo variación significativa en el comportamiento de los visitantes extranjeros. Más bien hubo una baja no significativa en ingreso de divisas por este concepto. O sea que en el flujo de turistas per se no se vio un cambio considerable y hasta se presentó un pequeño descenso.  Donde definitivamente si hubo un impacto importante es en la Inversión Extranjera Directa,  y como ejemplo baste mencionar los grandes desarrollos turísticos que se han realizado en el Caribe Mexicano, en Baja California Sur, en Jalisco y en Nayarit en los últimos 20 años.  Inversiones que van ligadas no sólo a la apertura del TLC, sino también a la globalización de las actividades económicas y a la certeza jurídica y facilidades que el gobierno mexicano les ha brindado. Hablamos no sólo del capital norteamericano o canadiense invertido en el país, sino de capitales del otro lado del Atlántico proveniente de España, Alemania y Holanda que midieron el terreno, evaluaron el potencial y fincaron grandes desarrollos turísticos.

Según el estudio presentado por Manuel Rodríguez Woog y Pablo Álvarez Icaza sobre el TLC y como derivado de este tratado y de la globalización de las actividades económicas también hubo repercusiones positivas en otros aspectos.  Las empresas nacionales con una actitud modernizadora mejoraron sus ingresos, mismos que se reflejaron en el campo del turismo.  La exposición a la competencia y a los criterios internacionales de calidad en el servicio, indujeron a las empresas nacionales a poner en práctica esos lineamientos de mejora continua.

Hoy día ante la incertidumbre de la renovación del TLC que ya fue trasladada hasta el primer trimestre del 2018,  la industria turística no parece albergar grandes temores en lo que se refiere  al flujo directo de turistas.  Los múltiples atractivos y el buen clima, es uno de los principales atractivos que nuestro país ofrece a los miles de norteamericanos que buscan sol y trópico para distraer el cuerpo y la mente de los fríos escenarios de sus lugares de origen.  No imagino que los americanos estén apegados a los dictados cada vez más absurdos de Trump a quien una Asociación de Psiquiatras Norteamericanos busca destituir por incompetencia.  Tampoco  podemos dejar de lado al turismo canadiense, que significa una suma considerable de turistas aunados a los nuevos flujos de turismo Europeo y Sudamericano que empieza a tener alguna presencia en el país.  El turismo interno es cada vez más importante y ante una eventual devaluación del peso por no llegarse a un acuerdo en el TLC, podría también significar un mayor tráfico de mexicanos decidiendo viajar dentro del país para evitar gastos excesivos.   En otro aspecto también figuran las nuevas rutas aéreas que se han abierto para dar mayor conectividad al país con el extranjero a la par de la apertura comercial que están mostrando países de la Unión Europea, China y de Sudamérica para fortalecer los tratados que tienen con México e incluso ampliarlos.   Más allá del TLC, no debemos olvidar que para la actividad turística la calidad en el servicio es la clave.  No se trata de  abaratar el producto para ser más competitivos, sino ser más creativos e innovadores para mejorar nuestros productos y servicios.  Ante la interrogante del TLC, el mejor escudo es precio, calidad, vivencia y servicio.