Tremenda la carga, cuando es en serio

Revisar  voto por  voto, pasando  por  ojos  y  crítica  de  cada  representante de  partido, funcionario  de  casilla y  autoridad  electoral,    es  tremenda  carga  de la  que nos han  librado    a los   mexicanos políticos   comprensivos,  incluyendo a don Benito  Juárez  que  era   bueno  para  reelegirse,  sin complicar el procedimiento.

Ahora  que  salieron con  sus  “independientes”,  como que le  echaron  números al tanteo, porque  la pusieron de   misión  imposible  reunir tanto   voto, firma  e  identificación, en   los  días  puestos como límite.

Refiriéndonos nada más   a los que  aspiran  a  ser  “independientes” para  la   Presidencia  de  la República,  se  supone más conocidos  a los  de  otros cargos,  resulta  que  la semana deberían juntar   50  mil 547  firmas,  nada  más para  cada  quien,  que  no  hayan sido  dadas  a otra u otro.

50  mil  547 firmas no  suena tan  tremendo,  cuando  no  hay  que pedirlas  y  conseguirlas.   Son  más  de  7  mil  diarias.  Aún con  equipos mercenarios metidos  entre  la  chusma, sin posibilidad   por  ahora  de  dar tarjeta,  costal, despensa  a  cambio,   cálele   a  conseguir  una sola firma, para que vea lo que  es  tratar  de  vender “chafa” a  gente más que cansada, irritada.

Ni  de lejos, entonces, los “independientes”   pudieron recoger las  50 mil  547  firmas en la semana.  Ni, 50 mil, ni 25 mil… apenas Margarita  de  Calderón llega  a  13 mil,  mientras  “El  Bronco”  no llega  a  las 3 mil.

Pedro Ferriz  de  Con,  “líder  de opinión”, lleva   2 mil 214;  le  gana la  reina indígena,  Chuyita  Patricio  que  casi junta las   5  mil.

Así  está de   complicado  eso   de juntar   votos.  Nada  más   conseguir  que la  gente  vote. Ya no  digamos    hacerlos  valer,   que los cuenten… y cuenten.

Por  eso  no ponen  en  México  el  voto  obligatorio  o  señalan cantidades  mínimas  de  votos para   ganar  legalmente una  supuesta votación.

Aquí  hemos  tenido  Presidentes   que  ni  su  señora madre  se motivó para  ir  a  votar por  él.  En la  casilla  donde  votó,  junto a su esposa,  nada más  salió  uno de  los  votos a su  favor  y él  daba   su  palabra   de   que había  votado  por  él,  por no desperdiciar el voto.  Para no  hacerlo  ganar con  sólo su voto,  los partidos  tienen  votantes  mayoristas  que  ese  domingo  amanecen con  la  mano  hinchada   de  tanto  cruzar  boletas  “para lo  que  se  ofrezca”. Los  gobiernos  tienen policías de  confianza, listos para  pasarse la tarde -noche  del   domingo votando y  llenando   urnas   casilla por casilla,   sobre  todo  especial, para   que  se  note  el  entusiasmo ciudadano por   el cambio, aún sin recibir  suelto. O  en  todo  caso, ahí  están las “autoridades electorales” siempre dispuestas a  sostener lo  que de  arriba les ordenen,  al  detalle y con “milésimas  de  voto”, para redondear la credibilidad.

Se  entiende que no habrá  quién  logre llegar a  las   casi  867  mil   firmas que les están exigiendo para  aparecer en las  boletas, cual candidata o candidato a la  Presidencia de la República.  Y  como,  ante lo  imposible nadie está obligado,  se las  dejarán  en 10 o  20 mil  a quienes  les vistan o  den  credibilidad al proceso.

¿Por  qué  exhibir  al  sistema, con  esos números  tan lejos de la  realidad posible? Por flojos.  Porque los buenos  operadores   se   fueron  con Elba Esther  y  con  los demás sindicatos,  cuyos  orgullos eran “cuidar  su casilla”, “entregar  buenos números” y  formar parte  del “secreto electoral”, aunque  fuera a la   cola del  tren.

Bien dicen: “Hasta los artistas del  fraude  electoral están  en crisis”. Al “Primer Mapache del  País”  se  lo  cachan   burlándose de los compañeros chichimecas a  quienes no  conocía, ni  en  este mundo hacía. ¿Cómo andarán los demás   que no  caminan?

Por  eso, nada más  le  echan  números al tanteo, sin molestarse en ir  a  hacer su “piloto” en La  Merced  para recoger más mentadas  que votos  y  entonces  medirse al exigir cifras.