Lo que el huracán nos dejó

Por Nacho Cadena

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El 25 de octubre recordamos al huracán que sembró tragedia hace ya 15 años. Ese día publique esta columna.

Hoy dedico este artículo a todos aquellos que en este año han sufrido alguna pena relacionada con salud, muerte, atentados, violencia, problemas de trabajo… todos los que sufrieron, pero que también recibieron consuelo de un hermano, de un amigo o de un alma generosa.

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KENNA: ¿QUÉ NOS DEJÓ EL HURACÁN?

No tengo ganas de hacer análisis profundos, solo quiero dejarme llevar por lo que veo, por lo que siento, por lo que oigo: Amor, unidad, solidaridad, interés comunitario, ayuda mutua.

Cómo nos dolió a todos el dolor ajeno. Nunca se había visto tanto amor al prójimo, ganas de ayudar o al menos ganas de consolar o de hacer olvidar.

Llamadas cruzadas de teléfono, correos electrónicos, mensajes, queriendo saber, queriendo aliviar, queriendo dar.

La generosidad se desbordó entre los hombres y las mujeres de este pueblo. Comprendimos que el “nosotros” va mucho más allá que el “yo”. Que lo mío no es tan mío y que lo superfluo es menos importante que lo necesario. Nos dimos cuenta que las cosas van y vienen, pero el cariño, los quereres, ahí están, incólumes, más fuertes que las marejadas y que las olas de diez metros.

Supimos y aprendimos que un buen apapacho vale más que un número de seis ceros, que la amistad va mucho más allá que un “hola, qué tal”.

Que la solidaridad no es solo un programa de gobierno sino una actitud de vida. Qué bueno saber que juntos somos más que uno, que no hay fuerza más grande que la unidad, ni mejor logro que el que tenemos todos juntos. Por eso, el maldito huracán que por cierto ni quiero acordarme como se llamó, tuvo que llegar para que supiéramos que sí, que todos nos queremos, que todos nos necesitamos, que nadie vale más que el otro. Sobre las olas gigantescas nos quedaron más fijos, más renovados, más lustrosos, nuestros valores comunitarios, nuestra unidad de hombres y mujeres, nuestra amistad, nuestra capacidad de vivir en armonía y en concordia.

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¿QUÉ MÁS NOS DEJÓ?

Agradecimiento es la palabra. Reconocer que todo pudo haber sido peor. Apreciar lo que tenemos, ser realistas, ser auténticos.

Agradecimiento a la vida por habernos dejado la vida. A unos mas a otros menos nos quitó cosas, dineros, sustentos, pero a todos nos dejó vida, nadie, absolutamente nadie perdió a un ser querido.

Agradecimiento a los amigos y a veces a los solamente conocidos, que ahora ya podemos llamarles amigos. Cuántos ejemplos vivimos donde la palabra dar se escribió con mayúscula.

Agradecimiento porque nos quedó casi todo, las gaviotas y los pelícanos siguen volando, el mar ahí está tranquilo de nuevo, el cielo más azul que nunca, la montaña verde, las flores amarillas… el sol, la luna, las estrellas.

Agradecimiento de saber que no estamos solos; volteas y ahí están todos, listos y dispuestos, ¿qué más se puede pedir?

Agradecimiento por tu abrazo, tu sonrisa, tu apretón de manos, tu llamada de teléfono, tu presencia, tu compañía, tu respaldo, tu interés.

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¿QUÉ MÁS?

Ganas de vivir. La naturaleza nos dio una lección, démosle ahora nosotros una lección a ella. Ganas de vivir, ganas de ser, ganas de disfrutar, ganas de trabajar, de empeñarnos.  Ganas de exprimir la vida en el buen sentido, de explotar cada instante, de aprovechar cada oportunidad.

Dejar volar las ilusiones hasta allá lejos, hasta allá de donde venía el viento. Las ilusiones el combustible de la vida, las alegrías el sazón de vivir.

Ganas de vivir. De admirar, de no cansarnos de decir gracias hermano sol, hermano viento, hermana agua, hermana tierra… hermanos todos, los humanos y los animales y los árboles y las flores y los insectos y los poetas y los académicos y los iletrados y los músicos y los pintores y los políticos y los ciudadanos y los niños y los viejos y los buenos y los malos y los santos y los pecadores y los sanos y los enfermos.

Ganas de vivir, de dejar una hora de sueño para disfrutar una hora más de actividad. Ganas de vivir para redoblar nuestra capacidad de admiración por todo lo creado y lo que vemos y lo que oímos y lo que saboreamos y lo que palpamos.

Maldito huracán, con coraje y todo, te doy las gracias por hacernos más humanos y por recordarnos que de cuando en vez hay que voltear hacia arriba y decir con humildad ¡muchas gracias!

Así sea.

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SIN RESPUESTAS EN LA ZONA ROMÁNTICA

Y ahora, hoy, no hay respuesta al desastre del centro histórico en la Zona Romántica. Nadie me ha podido contestar a mis preguntas: ¿Cuándo se cambió la idea del desarrollo en esta zona? ¿Quién hizo este cambio estratégico? ¿Quién concedió los permisos de construcción de estos enormes edificios? ¿A qué precio? Qué providencias se han tomado para los problemas que provocó el aumento de viviendas en la zona: circulación de vehículos, capacidad de estacionamiento (no para los que ahí viven como locales), capacidad de circulación vehículos de las calles, capacidad de drenaje, agua potable, servicios, basura, pavimentación.

Nunca, nadie que sea sensato dudará de la importancia del desarrollo y del crecimiento; pero lo que sí debe esperarse, como mínimo, que este desarrollo sea bien planeado, bien reglamentado y bien ejecutado…ah, y obvio con permisos honrados y sin privilegios.