Todos deberíamos comprometernos con Puerto Vallarta

Cuando  Alexis  de Tocqueville vino  a América  a  observar lo  que en Estados  Unidos   crecía, para  escribir  su clásico:  La Democracia en América, algo importante de lo  que le llamó  la  atención, fue  la  madurez  de los  habitantes, comprometidos con todo  cuanto  sucedía en su población  y  listos para participar, para desarrollar   actividades de  toda índole, en   beneficio del  lugar  donde vivían.

Las   personas tenían  responsabilidad  con la seguridad pública, con la  escuela, con la  iglesia,  con  el hospital, con  el  equipo  deportivo,   con  el aseo e iluminación de  sus calles, con la buena salud  de su comercio,  etc. etc.

Por eso, todos  tenían  parte  de su  tiempo   diario  en  atender, como voluntarios,  biblioteca, bomberos, promoción económica del pueblo, campañas   para  educación,  Cruz Roja,  etc., etc.

Este  significado  de  la  democracia,  vivido  con  madurez  ilustró  al pensador  respecto a la grandeza  que  pronto  alcanzarían  aquellos pueblos  a  los que  muchos  europeos  acostumbraban mirar  sobre  el hombro.

Aquí,  en cuando  se publique  la reforma  en  el Diario  Oficial, corresponderá  a la Secretaría  de Planeación,  Administración  y  Hacienda, organizar un sistema  claro y   efectivo para  que  plataformas registradas  paguen  esa   recaudación; así  como  ver la forma  de que  arrendadoras  clandestina cumplan  también  con  la obligación  que  se  hizo  ya para todos.

Se  entiende que  la  competencia de las  ciudades por  atraer al turismo que  tiene y gasta, requiere inversiones  cada vez  más elevadas. Por  eso no deben ser  solo los  hoteleros  o  vecinos  beneficiados  con el hospedaje quienes  tomen alguna  responsabilidad, aunque sólo  sea  retener  para   trasladar;  los  esfuerzos y las aportaciones   deberían ser de todos, en especial  quienes  directamente se   benefician  del  turismo  atraído.

Que la  personas nos comportemos como  democráticas,  responsables  del progreso  de  nuestra  ciudad  y  no  cual  arcaicos  colonialistas que llegan  a sacar y  sacar hasta  exprimir, sin  dejar  nada.

Por  supuesto  que se  trata  de  un  asunto   de  educación  en la democracia, donde  andamos  bastante rezagados.

El egoísmo, la  indiferencia, la visión  miope y la falta de sentido de  responsabilidad  para   con los demás,  impide que las instituciones  promotoras   lleguen  a ser en verdad fuertes   efectivas para empujar   a todos hacia  la  prosperidad.

Por  eso   solemos  tener  asociaciones débiles, simples  membretes  que sobreviven  incapaces  de inspirar  grandes obras  e  impresionantes progresos.

Con necesidad  de  atraer   a  los  grandes, seguimos con lo pequeño:  vivimos  todavía  en “aportar su  granito”, en lugar de aceptar  y sacar  adelante, cada quien, su responsabilidad  con la ciudad donde  vive y tiene  que  progresar.

Lo  que las  ciudades   necesitan  no   es limosnas,  sino  compromisos  de  sus habitantes. Para   eso  se  necesita   elevar la  educación y  calidad  humana de los vecinos. Que entiendan  que  no  sólo tienen  derechos, sino  también  obligaciones  humanas  y  las cumplan hasta   sentir orgullo.