La muerte y el turismo

Por Héctor Pérez García (*)

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Mucho se ha escrito sobre la muerte, pero poco se ha leído y menos comentado. La muerte, esa parte de la vida que supuestamente desdeñamos los mexicanos y no es tan indiferente como la queremos hacer aparecer.

Santa Teresa escribió:

Sólo con la confianza/ vivo de que he de morir/ porque muriendo al vivir/ me asegura mi esperanza/ muerte do el vivir se alcanza/ no te tardes, que te espero/ que muero porque no muero.

En un sentido similar, Antonio Machado, <poeta y prosista español- 1875-1939> pediría siglos después: “Hacedme un duelo de labores y esperanzas”. Entre uno y otro pensamiento, vuela la resiganación o la fe de cuantos creen que la muerte es el tributo obligado por haber nacido.

Eulalio Ferrer en su libro; El Lenguaje de la Inmortalidad- Pompas fúnebres, escribe: “En los últimos años ha resurgido en la humanidad, expresada de diversos modos, la afición por ese irresistible lenguaje de la muerte, visible en el cada vez más exitoso “turismo funerario”, que ha revitalizado el nombre de cementerios de fama como el Pere-Lachaise de París- uno de los lugares más visitados de Francia-, sitios donde la gente acude, fundamentalmente, para leer inscripciones y apreciar las no pocas obras de arte o monumentos que por esos lugares tan sombríos suelen contemplarse. Así, hay tumbas que forman parte del itinerario turístico: la tumba de Miguel Ángel en Florencia, la de Napoleón en París, la de Kafka en Praga.

Pero también ese oscuro instinto de algunos de nuestros contemporáneos se ha hecho últimamente palpable en el éxito de los numerosos espacios periodísticos dedicados a las esquelas (por eso, no es raro ver que las personas empiecen a leer el periódico por la parte final: el obituario. <recuerdo que mi padre, ya entrado en años recibía a diario el periódico El Informador y yo notaba que siembre buscaba las esquelas. Un día le pregunte; ¿por qué? –quiero ver si encuentro la mía un día de estos> respondió.

Curiosamente ha habido personajes valientes, como el Premio Nobel Camilo José Cela, que confesaron públicamente su adición por las esquelas, declarándose coleccionista de ellas.

Algunos han dicho que tanto las esquelas como el diagnóstico médico son inseparables. Una es confirmación y la otra información.

La diferencia entre el turismo funerario y la afición a las esquelas es muy clara: el primero habla de la muerte de nuestros antepasados; la segunda relata la forma de morir y sobrevivir en las páginas de nuestro tiempo. En este paraíso terrenal, muchos buscan en su esquela, publicada en Vallarta Opina una extensión de su vida.

La muerte de un personaje relevante puede motivar el desfile de cientos de esquelas. Cabe señalar que este acontecimiento, así como su mediatización periodística, participa en cierta medida del fenómeno de la divinización del recuerdo de los héroes, que se acercaban a la condición divina gracia a la muerte.

La comercialización de la noticia de la muerte es un negocio muy próspero- pregunten a un diario local-  al cual no son ajenas las agencias funerarias y los cementerios, al encabezar lo que sin duda es una campaña mercantilizadora o especulativa de la muerte.

El uso instrumental de las esquelas para fines ajenos a la pureza de la condolencia fúnebre se ha extendido paralelamente a los dominios de la propaganda política. No es raro encontrar en las esquelas- en especial las dedicadas a un líder destacado- mensajes ideológicos, denuncias políticas o ditirambos partidistas. Tales usos mortuorios, en síntesis, han llegado al extremo de crear anuncios con la forma de una esquela., pero sin otro fin que el de la publicidad mercantil o la propaganda política.

En México, el logotipo comercial y el emblema partidista están sustituyendo o uniéndose a la cruz. El lema publicitario o político ahora ocupa, muchas veces, el lugar que antes se le concedía a la cita bíblica o al pensamiento literario.

Viajando por el mundo uno encuentra en los cementerios de las ciudades epitafios célebres y curiosos. Entre muchos:

Nicolás Maquiavelo: “Nicolás Maquiavelo. Ningún elogio supera tu nombre.

Miguel de Unamuno: <filósofo español> “Sólo le pido a Dios que tenga piedad de este ateo”.

Carlos Marx: <pensado alemán> “Trabajadores de todos los países, uniós.

Blas Pascal: <filósofo y escritor francés> “Medí la inmensidad de los cielos, medí la sombra de la tierra; mi espiritu descendía de los dioses, aquí reposan mis cenizas.

Marlen Dietrich: <Cantante alemana> “Estoy aquí en el último escalón de mi vida”.

Alejandro Magno: <Rey de Macedonia> “Baste esta tumba, para el que no bastaba el orbe”

Isabel I: Reina de Inglaterra “Aquí yace Isabel, que reinó virgen y murió virgen”.

Margarita de Austria: <Reina de España. “Aquí yace Margot, señorita muy bella: Tuvo dos maridos y murió doncella”

Gabriel Mistral: <Poeta chilena> “Lo que el alma hace por su cuerpo, es lo que el hombre hace por su pueblo”.

Evita Perón: <Política argentina>: “Volveré y seré millones”.

Miguel de Cervantes Saavedra; <Escritor español> “Yace aquí el hidalgo fuerte, que a tanto extremo llegó de valiente, que se advierte que la Muerte no triunfó de su vida con la muerte”.

Rubén Darío: <Escritor modernista> “Aquí yace un hombre que ha sabido beber mucho vino y lo ha soportado siempre sin perder la cabeza”.

Los cementerios del mundo están llenos de epitafios, muchos de ellos llenos de filosofía, otros lúdicos o pretensiosos. Como quiera que sea, en estos días en que hay que festejar a los muertos hagámoslo sin olvidar el epitafio más celebre: “Como te ves me vi, como me ves te verás”.