Tres pelicanos domesticados

Sinopsis: La narración de Daniel sobre tres pelicanos es sorprendente, como veremos enseguida…

Como día viernes, David descansó un poco. Había de preparar el festejo de esa noche de piernudas.

A la choza de don David podría faltar de todo, menos la cocina.  Se trata de un lugar apartado para evitar que arda su jacal. Con un amigo albañil construyeron un fogón como de casa rica. Desde un pequeño horno de adobe cubierto de barro mezclada con cal.

Una gran parrilla de hierro, regalo del rico introductor, con otra parrilla de varas de mangle especial para ciertos preparados donde dar sabor diferente a la carne de tortuga o las mismas botas que solo él prepara con sabor.

No faltan mesas y donde sentar a cada uno de los pescadores, más una barra con suficiente hielo que le llevan desde Compostela, quien les vende la cerveza.

La colección de piernudas da una idea de la clase de fiesta de cada viernes que solo se interrumpe en la temporada de béisbol. Son parte del equipo algunos pescadores, el resto por solidaridad, evitan esas noches de piernudas.

Esta vez, será una noche de muchas horas, no termina para algunos hasta la noche del día siguiente en tanto las piernudas no se agoten. Finalmente se quedan dormidos allí o en la playa, junto a las pangas donde corre el refrescante aire de la playa a la montaña y de la montaña al océano.

No termina la historia de los tres pelícanos. Llegaron para quedarse con don David. Lo siguen de su jacal a la playa y de la playa a su jacal todos los días de pesca. Viernes por la noche se apartan del ruido, acurrucados uno junto al otro dejan correr la noche.

Son parte de la familia…

Estos pelícanos se hicieron famosos en el pueblo. Su lealtad con don David les dio esa popularidad, no faltó luego quien al llegar a su mesa de trabajo, les diera de comer incluso del pescado que habían comprado esa mañana.

Ciegos, abren el pico para recibir lo que les dan, van y vienen con el hombre que les dio cobijo como perritos, animosos y felices.

Otros no tienen tanta suerte, el Cheri nos ha contado ese final de sus días estrellándose en una roca o en el mar. Al Cheri no le motiva un sentimiento esto de los pelicanos, su rostro es duro, como el de su hermano. Sus ojos son de odio contra todo, especialmente contra su hermano que salvajemente le pega, dice, para disciplinarlo. Jura que un día se las va a cobrar por todas. Hace un gesto con los ojos cargados de odio, en su rostro sobresale la marca de ese golpe que le atravesó la mejilla con gruesa vara de mangle. Ese gesto de odio contrasta con la lealtad que le tiene a él y su familia.

Dice que lo quiere matar.

Me asusta verlo así tan decidido. Con ojos de fuego, se toca la parte izquierda de la cadera, allí guarda en funda de cuero el cuchillo, dice traerlo como todos los veracruzano deben tenerlos al ser mayores de edad. Su odio es tanto, como la cantidad de golpes que lo tienen marcado para toda su vida.

Pese a ese odio que muestra contra su hermano mayor, le es leal lo ha defendido cuando otros chicos del pueblo se han burlado por su forma de hablar tan diferente a nosotros.

Cambiamos el tema, insisto contar la historia de los delfines, pero a ninguno le importa.

El Cheri nos apura pide día y hora de iniciar la aventura a esas retadoras montañas, de los cinco solo Mauricio no se decide, está entre animarse o  no. Duda porque, dice, no quiere perderse de comer esas grandes tortillas de su madre, con esos sabrosos platos de frijol de la olla bañados con queso fresco. Su participación, como siempre, está en duda.

Quiere repetir su amor por su madre, sus tortillas y los frijoles, cada vez que lo hace lo callamos por ser una historia tan repetida.

¡Decídete!, le interrumpo, su respuesta nos hace reír: Me voy con ustedes y quiero a mi mamá, a los frijoles y las tortillas, ¿y?…Al momento levantó los hombros y me miró retadoramente.

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GAVIOTAS

Finalmente entiendo que poco les importa la historia de los tres pelícanos, se dan por enterados sin causar mayor impresión que un suceso cualquiera en el pueblo. Los cinco amigos, somos diferentes, en sentimientos, cada cual tiene su propia forma de ver la vida, Es  el caso de León, apasionado en leer, de conocer el mundo. Viajar ir a una guerra, ir a lo más emocionante. Es el más decidido a salir en esta aventura a la sierra, el mar solo le interesa para emprender un viaje en uno de esos grandes  barcos de guerra. Es diferente a nosotros, despierto en cosas que aún no conocemos.

De los cinco, es el único que ha salido ya del pueblo, acompaña y viaja con sus hermanas, los cuatro por mucho nos acercamos a San Pancho, el pueblo vecino.

León conoce Compostela, Tepic y hasta va con ellas a Guadalajara, “Una ciudad “grandota, moderna y bonita”, nos deja con la boca abierta.

De los pelícanos,  poco o nada le importan, los conoce y los ve cuando jugamos en la playa, los identifica cuando vuelan acompañados por gaviotas.

Poco o nada le importó a los cuatro si viven o mueren. Incluso al Cheri que los vio caer en esa mañana.

Sin fijar día de la partida a la Sierra, nos retiramos de la playa. De regreso a casa entiendo a los cuatro son diferentes a ni. Yo soy diferente a ellos, solo tenemos en común el deseo de ir a esa aventura por las historias que nos ha contado el anciano en el parque del pueblo.

Es seguro encontrar semejanzas entre animales del campo o del mar,  con los seres humanos. Digo esto por  un tipo conocido en todos los pueblos de la costa; popular, simpático, listo para hacer un favor a quien ve en apuros, fanático del béisbol, canta con buena voz en la cantina aquí o en los otros pueblos. Tiene cualidades que se hacen notar, solo que con su simpatía, va esa habilidad que le caracteriza de llevarse lo que ve mal puesto, ganándose a ley el mote de “Gaviota”. (Continuará).