Nuestra historia

Por Humberto Aguilar

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Sinopsis: Daniel es un chico de sentimientos. Sabe expresarlos como lo veremos en el siguiente capítulo…

Mi historia, es diferente. En aquel pueblo se quedaron mi abuela y mi madre. Pueblo muy pobre, en guerra, hasta que tío Alonso llegó a rescatarlas. Mi madre muy joven ya conmigo en el vientre, las rescató. Se quedaron allá los recuerdos de su niñez, de su experiencia como mujer con un amor del que no ha vuelto a saber.

Yo con un padre que no sé quién fue, salvo los recuerdos de mi madre en aquel baúl donde conserva un quepí de militar, la cobija y un uniforme verde de capitán.

Es el padre que quiero conocer, el hombre del que mi madre guarda esos recuerdos, con esas ilusiones de mujer tras diez años de la separación a causa de esa guerra cristera.

Me doy cuenta que tío Alfonso es diferente al resto de los hombres de mi pueblo. Habla el idioma de los gringos, tuvo educación, se casó hasta que decidió regresar a México a refugiarse aquí, lejos de la civilización a buscar horizontes que lo tienen atado, comprometido a encontrar a su madre, a mi abuela y a su hermana con un hijo a punto de nacer.

En este pueblo es valiosa su participación, compró derechos ejidales, con don Rodrigo aprendió a trabajar en el mar y le ha orientado a resolver los problemas como presidente del comisariado que se divide cada vez que hay elecciones internas alternándose con el grupo de campesinos que trabajan la tierra. Las pocas tierras cultivables en la enorme extensión que le fue dotada al ejido.

Su riqueza está en el mar, además de mi pueblo, existen otros más unos con playa y mar, otros en la sierra. Viven de la explotación de los bosques abundantes en maderas de todo tipo que son trasladadas a sitios donde la transforman y se vende.

Son pueblos ricos llenos de gente que vive de su trabajo en espera de progresar.

Aficionado al béisbol, tío Alfonso aprendió desde niño a jugar. Su experiencia fue valiosa para el equipo como lanzador de cada semana y como bateador. Cada temporada pelean fuerte por el campeonato, ganan y pierden como todos, pero logran buenos resultados y trofeos que están en una vitrina en la casa ejidal.

Conocer el idioma fue valioso el enlace con la maestra Rosa que decidió educar a todos los niños del pueblo, en tanto cumplía para su país la misión encomendada en la cosecha de coco. Tío Alfonso conserva esa relación, se mantiene en contacto y le llega correspondencia que él busca muy interesado en su contenido que solo saben él y su mujer. Cuentan a mi madre y a mi abuela, lo que les interesa que ellas se enteren, en tanto yo, sigo con el deseo de saber y conocer a mi padre.

Quizá escapándome a la sierra con mis amigos, llegue a encontrar el camino para regresar a ese pueblo donde creció mi madre y conoció al hombre que fue su gran amor.

Me quedan muchas cosas en la cabeza sin explicar, todo por tratar de entender lo que no sé. Solo recuerdo los consejos de la maestra Rosa, cuando nos pedía tomar las experiencias de los adultos para saber más de la vida. No sé cómo hacerlo, no sé qué puedo aprender de los adultos que nos rodean aquí. Creo que no me ha caído el veinte, como dicen en el pueblo. Me pregunto ¿Cuántos veintes me deben caer para entenderlo todo? No lo sé. (Continuará).