Entre tanto

Por Humberto Aguilar

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Sinopsis: Empezó la aventura en la montaña con sorpresas que descubren a cada paso…

Arriba, en la montaña, Mauricio tomo el papel que se había propuesto. Tenía listo leña con piedras en el entorno, llamó a León: Tu mago, enciéndelo. Sorprendido por el apodo, le gustó, acercándose de su sorprendente chaqueta, sacó un encendedor de metal, lo acercó a la leña seca. El fuego surgió como si en efecto fuera un acto de magia.

Todos, menos El Cheri, aplaudieron emocionados, él tirado en el pasto, se retorcía de dolor. Son calambres, dijo León de inmediato.  Pocas veces lo habían mirado llorar, pero nunca con tanto dolor en su rostro.

León levanto de la planta uno de sus pies, con movimientos bruscos lo movió de arriba abajo, luego el otro pie con los mismos ejercicios, hasta que cedió el dolor.  Vio que sangraba de sus plantas, caminar descalzo produjo heridas y calambres. Caminó el asombroso muchacho hacia el monte cercano, tomó una raíz que ya conocía, de otra rama la llamada hoja santa.

Pidió a El Cheri que masticara un pedazo de la raíz, luego machacó el otro pedazo y amarró con una cinta que también sacó de su mágico atuendo, sobre la planta del veracruzano. “Mañana estarás bien y caminarás con nosotros como si nada, ahora descansa”, le ordenó.

Mauricio no perdió el tiempo, daba por hecho que León sabía lo que hacía, de su morral sacó gruesas tortillas, las repartió con un trozo de carne seca, cecina, las repartió y gritó: ¡A comer!.

Calentaron las tortillas en las mismas piedras cercanas al fuego, aun seca, la cecina que sudó en el fuego hasta dorarse. Crujiente le envolvimos en la tortilla, saboreamos cada bocado hasta darle fin.

Había suficiente leña para toda la noche, el fuego fue agradable cobija, la noche con los vientos de la montaña, era de frio.

Charlamos un poco de la aventura hasta ese momento sin grandes sorpresas. Las preguntas fueron sobre León Peleador, todos los elementos mostrados de su atuendo, obligaba que nos contara algo de lo que ha vivido.

Se tocó la barbilla, dudó un poco con sus recuerdos, decidió hablar, se puso de pie y nos dio un curso de sus experiencias: No soy mago, dijo, todo lo he aprendido de varios libros, los más apasionantes son de una serie de aventuras. Científicos que investigan los secretos de los mayas, que habitaron el sureste de México y más al sur en Centroamérica. Estudian sus descubrimientos sobre el sistema solar, su calendario que vaticina el fin del mundo. El líder se llama Doc Savage, sus compañeros son dos o tres científicos más y una mujer que estudia sus formas de vida.

En su expedición les acompañan nativos sobrevivientes de los mayas con un grupo de aventureros, ambiciosos que van tras los tesoros: oro, plata, jade, piedras preciosas, todo lo que se ha descubierto en las múltiples leyendas reveladas en códices escritos en lengua maya.

Esos tesoros y muchas cosas más existen en alguna parte de la región, abundante en animales salvajes: pumas, jaguares, reptiles enormes que pueden comer entera a una persona, además, diversas especies de  tribus de monos, aves de múltiples colores, faisanes, loros, venados. Una selva enorme y peligrosa.

Rivalizan otros científicos de naciones enemigas, con aventureros dispuestos a todo, solo van por los tesoros y no les importa matar.

Doc Savage, sus compañeros, guías y nativos, en situación de peligro se comunican en la lengua maya, desconocida para esos aventureros.

Cada nuevo descubrimiento es anotado y conservado por la joven científica y los nativos, se comunican en la lengua maya para ocultar lo que creen que es nuevo descubrimiento, la joven científica lleva las anotaciones de todo lo que es preciso recordar y conserva sus escritos en una pequeña caja hermética, con protección en casos de lluvia, que es constante en esa península mexicana.

Le escuchamos todos con gran atención, León continuaba sorprendiéndonos con sus conocimientos. Mauricio, le interrogó: ¿Y la magia de tu chistera?… (Continuará).