Gritos de esperanza

Por María José Zorrilla

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Hace días llegó a mis manos el libro “No Lo queremos” de Martha Ramírez Ruiz y lo leí de una sentada.

La autora había tenido la gentileza de llevarme algunos ejemplares a mi negocio y allí permanecieron en silencio hasta que me los dieron.

Había escuchado que aquel movimiento de sublevación contra el dedazo en 1976 había sido algo trascendente para la ciudad y había marcado un hito en la historia local.

Tiempo después supe que había representado en el México moderno uno de los primeros gritos democratizadores contra la imposición.

Era un movimiento social y político como lo refiere la periodista; que surge de las mismas filas internas del PRI que se oponían al nombramiento de un candidato que nunca figuró entre la veintena de candidatos que se mencionaban en los corrillos políticos.

El elegido, el Ing. Eugenio Torres, era un hombre que tenía poco arraigo en la comunidad, había llegado como constructor a Los Tules y después había sido Director de Obras Públicas. El encono de la sociedad fue subiendo de tono y la contienda pasó a las calles, a manifestaciones con mantas de Libertad… No al dedazo.

Días después las mujeres se sumaron con fiereza al movimiento, presentaron una manta gigantesca exigiendo sus derecho y declarando: “La Mujer vallartense presente en esta plataforma cívica eleva la voz en protesta a la imposición”, según lo publica Ramírez Ruiz.

Los plantones y tomas de la Presidencia y el Puente del Cuale fueron muestra de una valentía impresionante de las mujeres que tomaron el movimiento como suyo, no se achicaron ante la presencia ni del ejército,  ni de los tanques de la armada.

Ante la señal de preparen y apunten una dama dijo y “Disparen ca… Porque mujeres como nosotros no les tenemos miedo a las balas, sino a los agujeros”.

Y Doña Lupita Covarrubias con el estandarte de la Virgen de Guadalupe, llegó a decirles a los militares “A mujeres como nosotras se nos tira al corazón”.

A 40 años de esa lucha, en un país que no hacía mucho había vivido la represión del 68, es poco lo que se le ha ponderado y celebro que la periodista Martha Ramírez haya realizado esta publicación que nos recuerda cuán valiosa es la participación conjunta cuando el hartazgo llega al límite.

En boca de José Luis Leal Sanabria: “un acontecimiento pionero de resistencia civil”. A pesar de los esfuerzos de los vallartenses que incluyó hasta la presencia del Presidente de la República José López Portillo, meses después, el elegido por el dedazo, llegó a ocupar la primera silla de la ciudad.

La sociedad estuvo dividida por un tiempo, pero lo interesante es que don Eugenio Torres Ramírez, el candidato más odiado en su tiempo, se convirtió en opinión de muchos, en el mejor presidente municipal que ha habido.

Independientemente de las buenas intenciones del Ingeniero, no dudo que la presión que sentía por hacer las cosas bien ante tanto repudio, se convirtió en un buen acicate para trabajar con honorabilidad en beneficio de la comunidad.

El libro vale la pena leerlo, está muy bien documentado. Nos refleja cómo una situación de hartazgo puede mover a la sociedad hasta arriesgar la vida con pasión y valentía. Por defender lo que les estaba siendo arrebatado: la libertad.

No fue en vano el movimiento, porque sentó las bases de la esperanza ante las decisiones impuestas por los demás y marcó la pauta para que el “elegido” diera buenos resultados a la comunidad que no lo quería.

No sólo fue un grito de hartazgo, también de esperanza, de libertad y de unión.

Estamos en vísperas de momentos electorales, México hoy ha cambiado y es más lo que necesita cambiar.

Lo que nosotros como sociedad civil podemos hacer, se ha convertido en una poderosa herramienta para impulsar las transformaciones que el país requiere y no las que los grupos de siempre quieren o necesitan.