Buscándole más ruido al chicharrón

Juan Sandoval Iñiguez.

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Por Gregorio González Cabral

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La Guerra de los Monos  Feos   acaba de  extenderse  a Zapopan,  en la Zona Metropolitana de  Guadalajara.

Ya no es solo la ofensa antiguadalupana,  en el  camellón de El  Refugio,  del  barrio de La Capilla, ahora  terció Lemus  en  la bronca,  poniéndoles  a la entrada  de la Basílica de  Zapopan  unas monas, monos y demás,  más  explícitos,  según  los  artistas: “el demonio  de la  lujuria masculino”  y  “el demonio de la  lujuria femenino”.  Mucho  demonio  para  la  extensión  del  atrio de una  basílica  católica, plaza a la  que llaman  “Juan Pablo  II”.

Como  en el  caso  de Guadalajara,  un fraile franciscano apareció junto  a  Lemus,  para   defender  a quienes hicieron  y colocaron  esos  diablos, en  claro afán  de provocación para enchilar a los  creyentes  con  esas  faltas de  respeto.  ¿Por  qué hacer pagar a  la población, en su  mayoría  católica,  los  monos de los  demonios? ¿Por qué colocarlos, como  quien dice  en el  atrio de la  Basílica, cuando tienen  patio amplio en la  Presidencia   Municipal  para rendirles a demonios y lujurias? Dijera  el español: por joder… nada más por joder.

Por supuesto que ya  toparon  con  el Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, quien  calificó como “ofensiva y  demoniaca” la  cuestión.

Vaya usted a saber por qué  los  de la “Movida  Ciudadana”  le  andan  busque y busque ruido  al  chicharrón.