El negocio del vicio y la olvidada ley antiborrachos

Por Héctor Pérez García (*)
Sibarita01@gmail.com

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Nos enteramos por los medios que el señor gobernador del estado de Jalisco planea presentar una iniciativa al Congreso del Estado para acotar el horario de venta y consumo de bebidas alcohólicas en el estado. ¿No valdría la pena esculcar los empolvados archivos del Congreso para ver dónde quedó la flamante Ley Antiborrachos que fue aprobada en 2011 con el mismo propósito?

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LO QUE SIGUE FUE PUBLICADO EN MAYO DEL AÑO 2012

“Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el gallego Ramón María del Valle-Inclán en el Nuevo Café de Levante, hervía por las noches con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más significados, entre ellos Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán Masses o Rafael Penagos.

Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a todos los presentes fue Pío Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco sorprendió a todos y dijo:

La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:

  1. Los que no saben;
  2. Los que no quieren saber;
  3. Los que odian el saber;
  4. Los que sufren por no saber;
  5. Los que aparentan que saben;
  6. Los que triunfan sin saber, y
  7. Los que viven gracias a que los demás no saben.

Estos últimos se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales”.

Desde aquellos días, y tal vez desde mucho antes, cargan los políticos el fardo del desprestigio y la mala fama, misma que la mayoría se han ganado en base a su propio esfuerzo y al sudor de la frente ajena.

¿Pero qué tiene que ver el concepto de los políticos de Pio Baroja, con nosotros?

Su inclinación a proteger y fomentar el negocio del vicio.

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ANÁLISIS TURÍSTICO

El periódico turístico quincenal TURISTAMPA incluye una columna titulada ANÁLISIS TURÍSTICO. En uno de sus últimos números escribe: EL ALCOHOL, LA CORRUPCIÓN Y LAS MAFIAS. Daniel Olivares Villagómez, el autor, hace un profundo análisis del problema, pero aquí nos permitimos extraer solo una de las ideas que expone en su texto:

“Todos los niveles de gobierno, han visto en el alcohol una forma lícita e ilícita de hacerse de ingresos; los impuestos al alcohol y las licencias para su venta y distribución son parte de la licita. Las mordidas, “los cochupos”, extorciones y demás lindezas son parte de la ilícita, que en muchas ocasiones va agregada a la lícita.

Así las cosas, los inspectores de alcoholes de los municipios y delegaciones hacen estupendos negocios condicionando el otorgamiento de licencias y permisos para venta de alcohol y para que los establecimientos puedan abrir a altas horas de la noche, mientras que las autoridades hacendarias hacen su agosto elevando lo más que pueden los impuestos a la producción de alcohol. Por su parte, las bebidas populares están sujetas a monopolización, como la cerveza, por ejemplo, que está manejada por un duopolio que mantiene altísimos los precios al público y que condiciona el abastecimiento a restaurantes al manejo “en exclusiva” de sus productos.

El resultado combinado de todo lo anterior es que el consumidor acaba pagando unos sobreprecios enormes cuando decide ir a una disco, un “antro” o simplemente a un bar o restaurante.

Las comparaciones son odiosas, pero en este caso muy necesarias: en Europa, la mayor parte de Sudamérica, y en muchas otras latitudes, el alcohol se vende y se consume libremente, hasta el equivalente de las misceláneas, a precios proporcionalmente muchísimo más bajos que los que se tienen que pagar en nuestro país, sin que se tengan niveles de alcoholismo tan escandalosos como los que se sufren en México, en donde el pueblo llano tiene una proporción de borrachos inimaginable en otras latitudes.

El impacto de todo esto para el turismo es obvio: la imagen de muchos de nuestros centros turísticos está asociada indisolublemente al abuso del alcohol, con lo cual la vida de las comunidades receptoras está frecuentemente perjudicada.

Pero el asunto va más allá, pues mientras los medios de comunicación, los estratos dominantes y hasta el gobierno fomentan el desmedido consumo de alcohol, el lógico que las masas alcoholizadas ni siquiera se den cuenta del despojo que unos cuantos realizan cotidianamente de las riquezas naturales y económicas de la nación; mientras exista oportunidad de intoxicarse con alcohol, las masas difícilmente se percatarán que ganan 80 pesitos diarios, ni de que una gran parte de esos pesitos irá a parar a los bolsillos de los leoninos productores de alcohol, de los funcionarios corruptos, del gobierno y de las mafias de “coyotes”, “gestores” y de muchos propietarios abusivos de establecimientos controlados por gánster”.

Esta lectura me ha llevado  a reflexionar sobre un padecimiento que se agrava con agudeza en nuestra comunidad, mal que no solo es tolerado, sino fomentado por los políticos que aprovechándose de “los que viven gracias a que los demás no saben”: el comercio del alcohol.

El negocio del vicio, que implica la promoción, venta y consumo de bebidas alcohólicas, tiene en nuestra ciudad todas las manifestaciones posibles: los “depósitos”, las misceláneas con venta de cerveza, los restaurantes y fondas y en primer lugar los llamados “antros”. La vieja y adorable cantina de antaño, un lugar a donde se acudía a alternar con los amigos mientras se bebía un par de copas, siempre acompañadas por una botana que acicateaba el apetito antes de llegar a casa a comer con la familia, ha pasado a la historia. Historia y leyenda fue en Puerto Vallarta el famoso PUNTO NEGRO que acogió a por lo menos un par de generaciones de vallartenses y forasteros.

Sólo que saber beber, como el saber comer, requiere conciencia, costumbre y templanza para practicar la moderación. Los países que consumen vino de mesa, por ejemplo, sufren menos de esa lepra social que es el alcoholismo.

Los impuestos al alcohol hacen que una botella de tequila, <el aperitivo nacional> cueste más por los impuestos que por el destilado que contiene. Las licencias y permisos para todo tipo de expendios de venta o consumo de bebidas alcohólicas se cobran bajo el criterio de “Según el sapo es la pedrada” y tal vez  pertenezcan a la forma lícita del negocio.  Sin embargo, las mordidas, extorciones, simulaciones, omisiones y demás lindezas que practican algunas  autoridades municipales son parte de la ilícita.

Muchos inspectores  de Reglamentos han encontrado una mina de oro para ellos y para sus jefes condicionando el otorgamiento de licencias y permisos para venta de alcohol en todas sus formas y modalidades. Los inspectores de la dependencia les hacen el trabajo sucio a los “Altos Jefes” y protegen o denuncian según los intereses en juego. Así, se ponen a subasta las horas extra para cerrar a las horas que al operador convenga, pasando por alto leyes y reglamentos, como ha sido el caso con la cacareada “Ley Anti borrachos” aprobada el año pasado <2011> por el ¿h? Congreso del estado y que en nuestra ciudad ha sido letra muerta.

Tiene el negocio del vicio un alto costo social y económico para la comunidad y es desde luego censurable que las propias autoridades lo fomenten con el único fin de allegarse recursos económicos que nadie sabe a ciencia cierta ni montos ni destino. La comunidad debiera conocer las cifras de “Negocios del Vicio” que existen en el municipio con el objeto de hacerse consciente de sus riesgos y costos. Esperemos la nueva iniciativa que por leyes no quedamos…