Zamora o Alfaro

Arturo Zamora es el jalisciense mejor situado ante el verdadero poder, centralizado, en nuestro país.

Hasta años cercanos era Raimundo Gómez Flores el de las máximas confianzas. Por eso su gente, como Pizano y sobre todo Enrique Alfaro vivieron sus grandes momentos de gloria.

Igual  a como en su momento hicieron perder feo las votaciones intermedias… y hasta  Ramiro le ganó al gobernador la capital de Jalisco, parecido paquete le correspondió a Enrique Alfaro  quien no se midió para presumir el gran poder que le echaron a la espalda.

Su forma de ser y las malas amistades le han acelerado la soberbia, al grado de llevarle a pelear con el ala dura del catolicismo tapatío que como voz fuerte tiene pierda  al Cardenal Juan Sandoval. La confrontación va, de parte de seguidores de Alfaro, en  llamarles católicos de  mierda y gobierno de ignorantes. Pasiones sin control.

Sus adversarios saben cómo provocarle, para que como niño, Alfaro pierda el control y coleccione ofendidos. Este severo problema  de carácter ni Raimundo lo puede disimular.

Por eso el dominio de Alfaro ya no se siente tan fatal como se veía.

El espacio mejora cada día para Arturo  Zamora. Si es que Zamora deja cuanto   ha progresado en el poder central y regresa a lidiar con inmadureces.

Ya una vez tuvo que ceder gubernatura que porque el   sistema  no acaba de pagarle a Emilio González Márquez  haber desaparecido  al partido  del Sinarquismo, del cual le habían hecho presidente.

Luego  tuvo que integrarse, reforzando al equipo priista que demostraba novatez  riesgosa.

El papel de sacrificado, cansa.