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Aprender de los animales

No soy especialista en biología o veterinario, pero mis años de vida y mi sentido común me hacen ver que no son condiciones para tener animales recluidos en un lugar.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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En fecha reciente me di la oportunidad de visitar el zoológico que tenemos en Puerto Vallarta, mi recuerdo me decía que aunque pequeño, valía la pena recorrerlo como una actividad divertida para toda la familia, y una oportunidad de ver animales que no todos son propios de la región. Y aunque la intención fue buena el resultado no fue por mucho lo que yo esperaba.

Y antes de hacer una descripción de lo encontrado, hago algunas precisiones.

  1. No sé quién es, o quiénes sean los dueños o si es una Asociación Civil o pertenece al Ayuntamiento, para los fines que pretendo es irrelevante.
  2. No estoy pretendiendo nada que no sea toma de conciencia hacia el respeto de la vida animal.
  3. Hacer unas propuestas de solución al respecto de mis planteamientos.

Con estas premisas les comento; muy lamentable el espectáculo que se encuentra en el zoológico de Puerto Vallarta. Me es hasta un poco difícil iniciar por algún lugar, pero veamos, por principio de cuentas si uno ya sabe cómo llegar se facilita el trayecto, pues de otra manera no hay señalética suficiente ni clara de dónde se localiza. Una vez que uno llega se encuentra con que el precio es muy elevado, pero como no sabe uno qué verá, parece razonable en principio.

Inicia el recorrido y la sensación no es de placer al ver animales que uno piensa estarán al menos tranquilos y apacibles en los recintos respectivos, ¡oh triste realidad!, hay un cocodrilo que si acaso tendrá un circulo de cemento de unos 4 metros de diámetro sin posibilidad de contar con alguna planta,  agua suficiente (como se supone esta en su hábitat), más ejemplares de la misma especie amontonados y ya el panorama no luce bien.

Se continúa y hay varias jaulas de felinos vacías, y la herrería de un oso luce en pésimo estado, constituyendo un peligro incluso para los niños inquietos que puedan meter la mano por alguna de esas trampas de rendija metálica. Pero si pensaba que la cosa estaba mal, llegando a la primera jaula de un hipopótamo, lo miro y no requiere hablar para decir que está enfermo y desesperado, un animal agobiado en un espacio reducido, sin agua que no luce bien ni trasmite placer al verlo en esas condiciones.

Al platicar con alguno de los empleados que amablemente ofrece comida a la venta para dar a los animales, refieren que, “ya llegará más gente para mejorar las condiciones de los animales”, situación que no es de gente, sino de recursos, conocimiento, organización y quizás hasta de voluntad.

Y es que como señalaba líneas arriba, no pretendo decirle a alguien cómo hacer su trabajo, no soy especialista en biología o veterinario, pero mis años de vida y mi sentido común me hacen ver que no son condiciones para tener animales recluidos en un lugar, que más que un zoológico, parece una cárcel de castigo para los mimos.

Ni qué decir de algunos primates o tigres que se mueven erráticamente de un lugar a otro sin parar denotando su deterioro psicológico.

Para mí el colmo fue ver un tigre de bengala blanco muy flaco, quizás enfermo, no lo sé, pero no lucía bien. Los únicos que sí lucían muy sanos y fuertes eran un par de elefantes de fibra de vidrio que estaban más o menos a mitad del recorrido, triste recordatorio de que quizás son los únicos que sobrevivirán.

Ante este panorama por demás devastador para el espectador, que por cierto y para ser domingo fue bastante escaso, no vi más de 10 personas en dos horas.

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Me surgen algunas reflexiones y preguntas.

¿Acaso no podemos ser compasivos con las condiciones de vida tan lamentables que se observan en este zoológico?, ¿nadie las ha visto de las autoridades competentes?, ¿por qué mantener un lugar en esas condiciones?, ¿acaso quieren matar a los animales?, ¿no se ha considerado declararse en banca rota y donar los animales a otros zoológicos o venderlos a particulares o instituciones educativas?, ¿si se desea mantener el negocio, por qué no trabajar en inyectar recursos suficientes para hacer un lugar digno con el personal de mantenimiento y especialistas adecuados y capacitados?, ¿no se ha considerado buscar subsidios en el gobierno o la industria hotelera?

En fin, solo espero que estas preguntas logren hacer eco en los oídos y las voluntades adecuadas, como decía, con el fin de crear conciencia de que no es forma digna de presentar a la vida salvaje, no ayuda a nadie y ni los niños se muestran felices de ver un espectáculo tan deprimente. Es hora de hacer algo, ¿quién dijo yo? Finalmente les dejo con la frase musical de Roberto Carlos de hace ya unas décadas que decía “Yo quisiera ser civilizado como los animales”.