Bombardeen a México

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Anda, por ahí, la perrada traidora y antipatriótica, vociferando que los gringos nos van a bombardear por quien sabe qué méndigos motivos. Y lo peor es que se andan burlando diciendo que, qué bueno que nos arrojen bombas para ver si así se nos quita lo pend…

La noticia la dio una vieja gabacha quien dice ser periodista y que, al comentar sobre el problema migratorio, mencionó que los gringos deberían copiar a los judíos; que les avientan cañonazos como a  los de Gaza. Para que Bombardeen a toda la mexicanada.

Lo que no sabe la ruca gringa, ni tampoco lo piensa la paisanada, es que los gringos no ocupan echarnos más  bombas de las que ya tenemos. La gringada nos tiene dominados con el dinero, sus costumbres, sus sectas religiosas, con sus vicios, películas y un sinfín de babosadas que constituyen la contracultura.

La gabachada ha destruido los valores de los mexicanos y nos han convertido en sus chistosos chihuahueños de Hollywood. Están emperrados porque no nos pueden quitar a nuestra Santísima Virgen de Guadalupe, nuestra catolicidad, las corridas de toros, los tacos, el tequila, la unidad familiar, lo macho del hombre, las mentadas de madre, el “viva México” y las canciones de José Alfredo Jiménez.

Pero peor que las bombas de los güeros son las raterías de los políticos que cada tres y seis años salen con dinero a carretadas. Dinero robado a un pueblo con hambre y miserable que a diario se parte la madre y el lomo para que esos vales bailen y se empeden con viejas teiboleras en mansiones de lujo.

Los gringos son unos niños en comparación con los políticos mexicanos en el poder. Son peor que los judíos en Gaza. Hay que decirle a esa doña gringa que no ocupamos de bombas pues harto ya tenemos con nuestra clase, dizque política, ratera y traidora.

Pero también los gobernados tenemos responsabilidad pues frente a nuestras miserias, infortunios y humillaciones asumimos una actitud pasiva, resignada y, en algunas ocasiones, hasta compinche.

Por si fuera poco, existe un odio ancestral entre gringos y mexicanos que se remonta siglos atrás. No nos quieren ni los queremos y ambos nos toleramos por conveniencia propia de cada pueblo. Por eso resultan hipócritas todas esas declaraciones de dizque “ciudades hermanas”.

Hay también un odio inextinguible entre gobierno y gobernados. El pueblo repulsa a su gobierno y viceversa. Al igual, ambos se toleran por las mismas razones que con los gringos. Es falso que el gobierno quiera el bienestar del pueblo como falso es el que el pueblo respete a sus autoridades.

Ese es nuestro México real, de carne y hueso, no aquel que nos quieren mostrar. Un pueblo que no es democrático ni republicano sino monárquico y centralista. Un México que no ha rebasado al imperio azteca ni al español de Carlos V.

Ya nada más nos falta que nos avienten la bomba atómica.

¡Que viva México y que se palmen los grin…!

Que nos traigan mejor la otras y con las del estribo nos pintamos.