Aventuras de un pintorGente PV

Con Tacto en Cine

Él sintió que el imán se le había pegado definitivamente a su piel. Se sentía cálido y exquisito. No hizo nada. Se quedó tan inmóvil como en el juego de los encantados.

.

Por Federico León de la Vega

.

Uno de esos fines de semana largos de Puerto Vallarta, en los que las salas de cine se llenan a reventar, Francisquita coincidió con Carlos. Fue por completo casualidad. Los padres de ella llegaron al cine algo tarde, por lo que, estando ya agotada la película de clasificación familiar que en realidad querían ver, se resignaron a entrar a una película de terror. Estaban agotados, después de un día de playa. Pensaron que sus niños dormirían de cualquier modo y después de todo en el reparto de la película participaba una niña, de modo que aquello no podría estar tan mal.

Carlos por su parte había estado muy a tiempo con sus amigos para ver la película. Habían escogido cuidadosamente sus asientos para sentir el terror en grande. Carlos escogió el D8, en medio y casi hasta delante. La familia de Francisquita llegó tarde, cuando ya quedaban pocos asientos libres. Sus padres suspiraron resignados al ver que quedarían divididos. A Francisquita le tocó el D11, pero después su papá se lo cambió por el D9, para no quedar junto a esos chicos que se adivinaba gritarían y hasta tirarían algún refresco.

Los cortos parecieron durar una eternidad. Carlos se percató de su vecinita. Lo primero que le llegó fue un delicioso olor a perfume de vainilla. La miró de reojo y le pareció bonita, de modo que inició una actitud exhibicionista, mostrando su liderazgo con los amigos. Ella hizo como si nada y le susurró algo a su madre.

Comenzó la película. Escenas preparatorias, de paisajes lúgubres y casonas que antes fueron elegantes pero ahora parecían abandonadas. Cielos grises, interiores oscuros. Apenas fue tomando forma la trama, Carlos se instaló tomando un poco más de la mitad del brazo de la butaca. Fis, que así le decían de cariño a veces a Francisquita, apoyó su bracito tímidamente en la parte restante, queriendo defender su territorio y no  parecer intimidada por el chico.

Fis había sentido que su brazo estaba a punto de entumirse por tenerlo casi en el aire, de modo que lo acercó un poco más al centro. Sintió un ligero cosquilleo en la piel. Eran los bellitos de Carlos, que igualmente sintió algo…una sensación tenue pero eléctrica como de imán. No se atrevió a moverse. Así transcurrió gran parte de la peli. Vino de pronto la escena en la que, detrás de un baúl se asomaba algo. Aún no se sabía qué, pero la música anticipaba que sería terrible. Todo el público miraba la pantalla con ojos desorbitados, a la espera de ese algo que atacaría a la actriz, no se sabía qué sería, pero seguramente sería malo, horripilante.

Anticlímax. La actriz se encamina hacia la salida de la habitación. No pasa nada, hasta que intenta abrir la puerta ¡ha quedado encerrada! Las notas de la música hacen pensar en arañas, o lagartijas, trepando ¡Pas! De la pared se cae un espejo y se rompe, descubriendo ¡un gran agujero oscuro! Y ahora sí, reflejado en los trozos de espejo que cayeron al suelo se distingue ¡un enorme monstruo que asoma sus fauces abiertas! Fis no pudo más y en un movimiento súbito asió fuertemente el brazo de Carlos. Él sintió que el imán se le había pegado definitivamente a su piel. Se sentía cálido y exquisito. No hizo nada. Se quedó tan inmóvil como en el juego de los encantados. Así transcurrió el resto de la película.

.

www.leondelavega.com