Antes de Fin de Año

Cada vez hay más edificios en la ciudad.

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Por María José Zorrilla

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En plena época navideña, con la efervescencia de aguinaldos, posadas y pachangas, con las campañas políticas que empiezan a despuntar, con una economía donde se ocultan los verdaderos índices de inflación y con las nuevas decisiones del Senado sobre la Ley de Seguridad Interior, el mexicano cierra un 2017 incierto y lleno de interrogantes.

Hacia dónde se dirige el país.  Cómo va a funcionar esa nueva Ley de Seguridad Interior que algunos consideran un tipo de ley mordaza extendida a los ámbitos más laberínticos de la represión.

El claro aviso de pacto entre PRI y Nueva Alianza con la liberación de la Maestra Gordillo. Las nuevas y complicadísimas disposiciones de Hacienda para el llenado de facturas y el desmoronamiento  de la derecha y la izquierda moderada; nos hacen ver que el país que conocimos se convierte en un rompecabezas gigantesco.

Un entero pulverizado en miles y miles de fragmentos, cuyas cúpulas están tomando decisiones de pánico al cuarto para las doce, para ver si así se podrán controlar mejor las cosas que ya están totalmente fuera de control y para recabar más impuestos de la manera más complicada ya absurda.

La evasión de impuestos más fuerte no está en el pequeño contribuyente cautivo, ni en las PYMES;  la inseguridad no la han creado los manifestantes que protestan por diversas causas en las calles, el lavado de dinero no se realiza con pequeñas transacciones bancarias, la inflación no la ha provocado la clase media, las elecciones con o sin alianzas, traerán consigo campañas mediocres porque nuestro sistema  ha fallado en generar políticos capaces de crear nuevas estructuras con propuestas de fondo en la forma de ver, concebir y difundir el conocimiento, la economía, el desarrollo social, la salud, la seguridad, el turismo.

Incapaz de crear nuevas formas de acrecentar el sentido de pertenencia y orgullo por lo nuestro y de equilibrar las necesidades del bienestar colectivo sobre el particular. Y es precisamente la corrupción, uno de los dolores de cabeza más fuertes del momento, consecuencia de esa preeminencia de lo particular sobre lo colectivo al precio que sea y sin importar a qué o a quién se perjudique.

La semana pasada escribí sobre los peligros de otorgar permisos de construcción sin estudios a conciencia. Para muestras, las recientes tragedias que se vivieron en el sismo por permisos otorgados de manera clandestina como el caso de la escuela Rébsamen entre miles de otros, o lo que mencionaba sobre la edificación que se vino abajo en Monterrey ocasionando la caída de varias casas residenciales y la muerte de dos personas.

Hace un par de días, unos extranjeros residentes y de los principales galeristas de la ciudad desde hace décadas, se quejaban de la construcción contigua a su galería ubicada en la zona romántica.

La nueva construcción que se edifica atrás de su predio, ya les ha ocasionado daños en los cimientos de su propiedad  por más de 1.5 millones de dólares sin que nada ni nadie ponga atención o remedio sobre el particular.

Es fundamental que se regule este tipo de acciones que podríamos decir es el punto más álgido en esta administración, que goza de bastante aceptación por parte de los diversos sectores de la población.

Los permisos que ya se otorgaron no han contemplado ese tipo de posibilidades de daños a terceros, quizás ni si quiera se les exija fianza, ni consideración alguna para con los vecinos circundantes que están recibiendo fuertes afectaciones.

Es urgente que la autoridad no se deje impresionar por importantes desarrollos que traerán beneficios a unos, pero a costillas de la muerte y sacrificio de otros.

Los estudios para nuevas construcciones deben también prevenir las posibles afectaciones a los vecinos.  Antes de fin de año,  ojalá los permisos no vuelvan a extenderse con la facilidad como si se tratase de construir castillitos de arena en la playa.