Propósitos de año nuevo

Deja dudas el desarrollo de Puerto Vallarta.

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  • En memoria de un periodista excelso, Gregorio Gonzalez Cabral.

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Para muchos mexicanos, es un ritual anual, el identificar nuevos propósitos a llevar a cabo durante el año que comienza. Eso me recuerda el refrán aquel de que “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.  Y no quiero decir que todos los que hacemos nuevos propósitos nos vayamos por la libre apenas acabando enero; muchos hay que saben cumplir: unos por convencimiento y otros por vergüenza.

Yo tuve un compadre, miembro de una familia muy conservadora, allá en Tequila, que por años renovaba votos para no ingerir bebidas embriagantes durante la larga cuaresma de los pueblos. No sé por que, pero mi  comadre, <en este caso, la esposa de mi compadre>, un día se le puso muy seria y  mirándolo fijamente a los ojos le espetó: – ¿Por qué mejor no te pones hasta las chanclas durante toda  la cuaresma y dejas de beber el resto del año?-

Los políticos no son ajenos a establecer propósitos de año nuevo e incrustarlos en su programa de gobierno. En nuestra ciudad el alcalde desde el comienzo del 2016 estableció sus propósitos, mismos que no sabemos a que grado los cumplió pues fuera de discursos y declaraciones no existe, al menos para la ciudadanía un procedimiento confiable que nos indique su cumplimiento. su programa de gobierno giraría alrededor de cinco ejes fundamentales: Una ciudad próspera y funcional, una ciudad, verde, segura y justa. Esto además de un lema prometedor: El Puerto que queremos.

Sin embargo como es costumbre en las altas esferas de la política se nos anuncia, se nos promete y se nos precisa cuales son sus propósitos pero jamás se nos dice como los van a lograr.

Hace poco que alguien me envío por la internet un mensaje significativo que comparaba la vida de cada quien con un patrimonio financiero; el “Banco de la vida”, creo que le llamó. Así, a cada mañana, uno saca “vida” de su cuenta “bancaria” y la gasta como le de la gana. El mensaje es ese: No te gastes todo en infiernitos, deja vida para la vejez.

¿Habrá un banco de voluntad política? ¿Tendrá una cuenta nuestro alcalde, de donde sacar para realizar sus propósitos? Porque eso sí; sin pachocha ni voluntad política, no más no.

Vayamos por partes: Una ciudad próspera infiere que a una gran parte de la población le vaya bien económicamente; que surjan más negocios, <Pequeños y medianos, que son los que producen riqueza para el pueblo>, que los principales empleadores paguen sueldos acordes con el costo de la vida.  Que se olviden por un rato los señores hoteleros en su afán de acarrear más turistas, ya que con igual número <O aún menos>, pero con mayor poder adquisitivo, la podríamos hacer.

Hace muchos que aprendí que en el turismo  cantidad y calidad con frecuencia se interpolan. En Hoteles Camino Real, la empresa donde trabajé toda mi vida productiva en este país, teníamos una política: preferir una ocupación anual del 50.0%  con una tarifa de $100.00 dólares por cuarto ocupado, que un cien por ciento de ocupación con una tarifa de $50.00 dólares. El asunto funciona igual en una ciudad turística; la cantidad nos pueden llevar a  crecer, <Con todo lo que ello infiere>, pero no  a desarrollarnos, con todo lo que quisiéramos: mejor planeación urbana, un servicio de transporte público eficiente, una ciudad más limpia; con menos puestos de comida en la calle, al menos un mercado decente para presumir nuestros productos, una policía de transito eficaz que meta en orden a motociclistas, taxistas y camioneros, etc. Etc.

La función del gobierno es la de fomentar la economía y facilitar el desarrollo de la misma.  Para eso debe haber economistas incrustados en la burocracia administrativa. ¿Qué nos hace falta en el municipio?

Bueno; pos casi todo¡ con pleno respeto. No somos autosuficientes ni en productos agrícolas ni en pesqueros, ¡Vaya, ni siquiera tenemos un mercado de abastos¡ de lo que más se produce en estos lares son licenciados. Nuestras Universidades arrojan al mercado laboral cientos de licenciados en múltiples disciplinas, cada año. ¿Y donde trabajan? En empleos secundarios o en ocasiones en actividades ajenas a la disciplina que estudiaron.

Tampoco habría que llegar al extremo de Italia, donde para llenar cualquier puesto de trabajo tiene toda la preferencia un ciudadano italiano; los fuereños a la cola.  Pero algo podría hacerse si el gobierno municipal, las Universidades y las asociaciones hoteleras y restauranteras, lograrán un acuerdo para privilegiar a nuestros jóvenes.

Hace años que Nacho Cadena elaboró y presentó a las autoridades del momento un plan estratégico para producir insumos para la población y fabricar productos para la hotelería mediante una industria blanca.  Pero… nos visita el Secretario de Turismo jalándole el tapete a los Secretarios de Economía, Agricultura y Salud y nos deja un plan. Eso: un plan.

En cuanto a una ciudad verde, si el señor alcalde se refiere a parques y jardines; ¡Que Dios lo ilumine¡ pues dicen los que saben de esta cosas, <Urbanistas>, que nuestra ciudad tiene un déficit enorme en estas cuestiones. Solo de pensar que el alcalde anterior intentó vender hasta las pocas áreas verdes que nos quedan, nos ponemos a temblar. La avenida de ingreso mejor conocida como Francisco Medina Ascencio, es una pena: su prologado camellón central es un muestrario de plantas y arbustos sin ton ni son que hasta a las mismas palmeras por ahí erectas, se avergüenzan. El fiasco me recuerda la hermosa ciudad de Mendoza, Argentina, donde el ayuntamiento tiene un Departamento de Ornato. (Sí, leyó usted bien: ornato) Los árboles están registrados y nadie puede tocarlos sin que le caiga encima todo el peso de la ley. Amar a la ciudad no significa solo llenarla de turistas. Habría que llenarla de amor y buen gusto.

No sé si mis más diligentes lectores se habrán fijado que ningún político, ni en campaña, ni en el poder, se acuerda que nuestra sufrida ciudad tiene un problema que pudiera ser el más grave de todos los graves que padecemos: el trafico vehicular.  Sabemos que es el gobierno del Estado es quien controla y supuestamente aplica las leyes de vialidad, pero… ¿y que los gobiernos municipales no tienen la obligación de gestionar los cambios necesarios para alcanzar el ansiado estado de Ciudad Segura? Nuestro servicio de transporte púbico urbano es vergonzoso, penoso y caótico. ¿Se imagina usted, <es un decir>, que un armatoste llamado pomposamente autobús urbano, se pare en donde le de la gana al chafirete, a mitad del arroyo y obstaculice el trafico de otros vehículos que vienen atrás?  ¿O acaso habrá sufrido una “dejada”en taxi que lo deje mareado por el mal olor de la tapicería y del conductor, o atemorizado por la velocidad con que conduce, imitando a los cientos de moto locos entrega todo? Y si los automovilistas se pasan por encima de las leyes; al igual que los motociclistas ciclistas y demás materia rodante, los envenenadores  profesionales, esos que promueven el turismo atiborrándolo  de alcohol de dudosa calidad de origen, ignoran la sabia iniciativa del ínclito  senador don Jesús Casillas, que logró que en el Congreso del Estado se aprobara la Ley Antiborrachos, solo para  que algunos municipios como el nuestro ni siquiera saben que existe.

Una ciudad segura debe preocuparse por lo que la hace insegura, y el alcohol, primer paso hacía las drogas heroicas, influye mucho en la alta criminalidad, los suicidios de jóvenes, las madres solteras  y el  deterioro del tejido social que padecemos en Puerto Vallarta.

Ahora bien; una ciudad justa, infiere que la justicia brille por su presencia y jamás por su ausencia. La injusticia institucional con frecuencia se identifica con el poder, donde la corrupción encuentra terreno fértil. Y si la corrupción es un cáncer social, la impunidad significa la calaca riéndose a carcajadas de los propósitos de los políticos.

Con frecuencia se escucha el horroroso término de “País fallido”, “Ciudad fallida” y desde luego “Ciudadanos fallidos”.  Cualquier cosa que eso signifique o pretenda significar debería aterrorizarnos. ¿Se convirtió Acapulco en un centro turístico fallido?

En turismo, queridos lectores, no hay segundas vueltas, una ciudad que se deprecia requiere de esfuerzos sobre humanos para recuperarse. Todavía estamos a tiempo. Cuestión de logar El Puerto que queremos.

Por lo pronto; A jalar disparejos, ya que cada uno disponemos de diferentes fuerzas, motivaciones y porqués. Lo importante es jalar por el mismo camino.

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Sibarita01@gmail.com
Elsybarita.blogspot.mx