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Testigos

Ser testigos no implica inmovilidad, sino astucia, hermandad, justicia, libertad para reducir los miedos que provoca iniciar un nuevo año.

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Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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Encontré en varios portales digitales historias semejantes, cada una con una narrativa diferente e interesante.

Emociones y testimonios coinciden; las personas que relatan su propia historia hilvanan sus miedos o retos con los de otros, aun cuando las interpretaciones se basan en modismos regionales el significado del mensaje se comprende sin alterar el sentimiento central.

La región de América Latina enfrenta retos poderosos, casi titánicos; su gente mantiene la esperanza de lograr la libertad prometida que hasta hoy está eclipsada por la injusticia y desigualdad.

La fraternidad latina se fortalecer a través del idioma, la calidez humana, la desgracia, diversos valores, la muerte y, aunque el final de cada ser humano exige tonos lúgubres, nadie quiere vestirlos antes de llegar a una edad avanzada, como sucede en muchos países de Latinoamérica.

Entonces una cultura queda mancada por decisiones minoritarias, se declaran guerras acosta de la libertad de otros; es así como una serie de acontecimientos entorpecen la tranquilidad social, sobre todo si la pérdida surge del caos y la destrucción masiva.

Por decir este año las amenazas persiguen a una sociedad en busca de la felicidad; los ancianos desean vivir sus últimos años de vida alejados de la violencia; los jóvenes intentan pertenecer y trascender; los niños no tienen un razonamiento prematuro para comprender las complejidades actuales.

Ninguna generación está conforme ni lo debe estar, sus exigencias van a la par de sus responsabilidades sociales, las cuales generan cambios sorprendentes para vaporizar energía destructiva entre climas favorables.

Es letal para cualquier persona vivir de quimeras porque resulta imposible solucionar problemas pueriles, como lo explican políticos en sus discursos de pre y post campaña, ellos describen un mundo totalmente adverso al que vemos en las noticias, ni los productores desean financiar películas basadas en una utopía social.

Pero ante la gran pantalla todo es ajeno, alcanzable, misterioso, inocuo; casi siempre con final feliz para despertar la sensación de tranquilidad en el público, es decir no genera decepción porque el objetivo de esa industria de los medios de comunicación sería afectado.

Evitar esas frustraciones humanas es natural pero adictivo, como una persona cuando decide alejarse de las noticias genera negativas rotundas hacia la realidad, como consecuencia sus responsabilidades civiles recaen en otros por el solo hecho de pertenecer al grupo pasivo.

Por ello ser testigos no implica inmovilidad, sino astucia, hermandad, justicia, libertad para reducir los miedos que provoca iniciar un nuevo año, el cual para muchas personas será más complejo que este 2017.

Responder con base en la reflexión cotidiana nos permitirá sobrevivir a los altibajos futuros, pues evidentemente serán parte de nuestra realidad global; sin duda las injusticias continuarán con otros tintes y así como líderes políticos se despedirán con un archivo de culpas y números desagradablemente injustificados, otros personajes con una misión humanitaria no detendrán su lucha justa.

Como el orden es efímero también lo es el caos; anteceden las desgracias que torturan los sentidos porque son exageradamente escandalosas; por otro lado el silencio genera tranquilidad, este es el estado catártico para que alcancemos la felicidad.

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* Comunicóloga, responsable del área de difusión de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.