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Distractores

La imposición de criterios sigue siendo de la mercadotecnia, los mensajes casi en igualdad numérica en el mundo y en ocasiones, por encima de tradiciones y comportamientos.

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Por Carmina López Martínez
(arizbeth.lopez@univa.mx)

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La imposición de criterios sigue siendo de la mercadotecnia, los mensajes casi en igualdad numérica en el mundo y en ocasiones, por cierto los mensajes no muy raros o ajenos a las circunstancias continúan su labor de alentar el consumo hasta las últimas consecuencias, por encima de tradiciones y comportamientos.

Lo vemos en avenidas, oficinas de gobierno, empresas privadas, cooperativas escolares, en todo sitio imaginable y tantos otros lugares con mensajes absurdos sin la mínima libertad para ser creíbles, su percepción fantasiosa ofende a la vista y a las tradiciones.

Desafortunadas manifestaciones colectivas e irracionales en una sociedad globalizada y aparentemente civilizada se justifican, ante la necesidad de millones que no tienen para obtener los excesos ni el mínimo imaginable queda en la frustración, nada escapa a este escenario.

Las emisiones  cada vez más impositivas y el consumidor miedoso a liberarse de sus complejos y quedar sin la compañía de los mensajes fantásticos donde una persona idiota se convierte en inteligente, es indispensable. Si se sometiera  este comportamiento a un análisis de conciencia muchos de los que hablan de libertad de consumo se darían un frentazo en el piso.

Cuando Erich Fromm sorprendió con su trabajo sobre El Miedo a la Libertad hace casi cinco décadas nunca pensó en la crisis existencial del ser humano contemporáneo, en la necesidad del consumo para estar feliz. Diversas han sido sus expresiones, en este momento solamente deseo dimensionar con justeza los elementos en los que han caído algunos consumidores al dejar espacio amplio al miedo.

No es mi intención estandarizar este aspecto para todos los comportamientos sociales, solamente algunos me son demasiado preocupantes y hasta trágicos al verlos como se sienten los protagonistas de la realidad, superhéroes, como arrancados de una serie de Superman o de Batman, en un restaurant de comida rápida o al volante de un vehículo fuera del contexto en el que vivimos.

En algunas colaboraciones realicé algunos señalamientos al respecto y recibí críticas de personas que seguramente se sintieron aludidas, esto no me desilusiona sé que los hice reflexionar. En su gran mayoría fueron asertivas. Pues bien para muchos esto es una insignificancia, no lo es; cuando se manifiesta la imposición de cualquier lado se siente una sensación de abandono de la libertad, una aceptación moral de lo absurdo al hacerlo necesario. La sociedad tradicional sienta bases flácidas sin potenciar hacia el futuro claro en el cual hay libre determinación de consumo, sin orientaciones maniqueas.

Erich Fromm en sus libros El amor a la vida, Espíritu y Sociedad y sobre todo el de El humanismo como utopía real, da pie a la descomposición social en la que se encuentran la mayoría de la sociedad  actual. Existen varios momentos impositivos, “una mirada”, un “espérate” o “tú no sabes”, estar esperando que te diga qué debes hacer, comer, vestir y saber.

Es necesario sacudirse el conservadurismo incrustado en su existencia diaria. El consumo de satisfactores es normal, el ser humano lo ha realizado durante toda su vida, por eso es necesario distinguir ahora qué nos ponemos para gustarnos, consumimos para subsistir y, sobre todo, salir de esquemas tradicionales carentes de inteligencia para ser realmente nosotros no lo que quieren hacernos creer que somos.

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*Comunicóloga, responsable del área de difusión de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.