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¿Crecer conociendo o conocer creciendo?

Viajar, conocer y experimentar, es algo que encuentro entre los varios placeres de la vida.

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Por Néstor Cabral Biurcos

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Vive como si fueses a morir mañana. Aprende como si fueses a vivir para siempre
Mahatma Gandhi

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Viajar, conocer y experimentar, es algo que encuentro entre los varios placeres de la vida. Siempre he pensado que el mundo es demasiado grande y diverso para no tener la oportunidad de conocer lo más que te sea posible. Me fascina conocer nuevos lugares ya prender de todo lo que encuentre, comparar con situaciones de mi país, aprender de personas con distintas rutinas, comida, tradiciones, religiones, pensamientos y filosofías. Tengo la gran fortuna de contar con lo necesario para poder satisfacer un poco de este deseo que siempre he tenido. Es por eso que el 8 de agosto del año 2017 tuve la oportunidad de emprender un viaje a la ciudad de Victoria, Canadá.

Era mi primer viaje a un país, al que se podría decir, viajaba por mi cuenta, ya que no iría acompañado por ningún miembro de mi familia. Tomó mucha preparación, algo de papeleo que encontraba tedioso firmar, y un par de pláticas a profundidad para expresarme sus miedos a que cometiera alguna tontería sin su supervisión. Pero nada que no pudiera soportar con todos los ánimos que tenía de poder finalmente hacer algo que quería, conocer y experimentar algo de libertad al no estar con mis padres por un par de semanas. Si a esto le sumas todos los otros beneficios que yo veía de viajar a Canadá, se podría entender cuál era mi entusiasmo y motivaciones realizar dicho viaje.

El día llegó, estaba listo para tomar mi avión, solo y preocupado por supuesto de todo lo que podría salir mal, ya que mis padres me habían trasmitido su preocupación. Recuerdo cómo literalmente cada minuto revisaba mi mochila para asegurarme llevar mi pasaporte junto con mis pases de abordar. Podía sentir finalmente lo que era tener algo de responsabilidad, y tener que resolver lo que se presentara por mi cuenta.

Llegue a Canadá, donde una no muy larga fila de migración me esperaba con un señor de mediana edad con cara de pocos amigos, su computadora y escritorio enfrente de él, y un grueso ventanal entre los dos. Me pidió mis papeles, se los enseñé y se los llevó por alrededor de 10 minutos, en ese tiempo yo estaba muy preocupado de que algo pudiera salir mal. Cosa que no pasó. Me dejaron avanzar y rápidamente me dirigí a la sala de espera del siguiente vuelo. Al paso de casi 3 horas, finalmente estaba en mi destino.

Salir a conocer el primer día, y los subsiguientes, fue de los mejor que me pudo haber pasado en el viaje, conocer lugares como la Universidad de Victoria, el malecón de la ciudad y lugares aledaños que pude alcanzar caminando, degustar postres que no podía evitar comprar al momento de verlos, y de más fueron algunas de las actividades que realicé el primer día. Me sentía libre y en libertad de tomar mis decisiones y a mi manera. Pensé que el idioma podría de alguna manera ser un pequeño problema, pero una vez desenvuelto y con algo de confianza, lo tomas como algo natural, y necesario.

En este punto del viaje, sin siquiera haber experimentado o conocido mayor parte de este país, podía notar diferencias notables con México, que sin decir que sea mejor de alguna manera, sí hay ejemplos que claramente me gustaría que nuestra cultura diaria adoptara. Pude notar cómo las personas allá son extremadamente organizadas, puntuales y amables. Hasta cierto punto como extranjero, y en mi caso joven, esto puede ser preocupante o alarmante, se puede llegar a pensar que algo malo podría pasar de confiar en estas personas. Pero esto se debe a la mala costumbre que tenemos como sociedad de buscar algo a cambio cuando una acción buena se lleva acabo.

La historia de mi viaje, y todo lo que aprendí de mí en él es bastante extensa y me podría tomar mucho explicarla, por eso he decidido con esto, tomarme dos artículos para poder contar esta historia la cual creo vale mucho la pena reflexionar y recordar desde mi punto de vista, y espero que en el suyo sea agradable leer. Espero con ansias seguir contando esta historia, ya que la cantidad de cosas que aprendí de mí en este viaje, son tantas que no las recuerdo. ¡Que tenga un excelente día y gracias por leer!