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Porque soy mexicano

Tajante y carismático, Guillermo del Toro posee un talento inigualable con el cual logró conseguir su primer Globo de Oro.

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Por Carmina López Martínez
(arizbeth.lopez@univa.mx)

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Tajante y carismático, Guillermo del Toro posee un talento inigualable con el cual logró conseguir su primer Globo de Oro.

Este cineasta tapatío forma parte del trío de directores mexicanos de renombre, me refiero a Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, quienes presumen en su filmografía premios nacionales e internacionales, entre éstos el máximo galardón: el Oscar.

Por lo pronto en la última edición de los Globos de Oro, Guillermo fue nombrado el mejor director del año, punto. Lo único que opacó su ingreso a la lista de los galardonados fue él mismo, en mi opinión de una forma singular “muy a su estilo”.

Entre mis gustos cinéfilos está permanentemente Del Toro, no precisamente por ser jalisciense, mexicano o por caerme bien, es su talento su principal atractivo y lo admiro porque no sólo desprende y provoca emociones en las personas, sino que activa pensamientos alojados en la parte más sensible del cerebro humano.

El suspenso es sin duda su fortaleza, cuando el género lo permite. Él mismo reconoció: “desde niño he sido fiel a los monstruos. Me han salvado y absuelto, porque creo que los monstruos son los santos patrones de nuestras imperfecciones y nos permiten la posibilidad de fallar y seguir adelante”. Sus palabras sostienen una visión reflexiva vigente en sus propuestas, cada vez con mayor distancia de lo superfluo y trillado.

Me encanta hablar del éxito de otro paisano porque en los titulares del día siguiente dominan los colores verde, blanco y rojo. La palabra mexicano tiene una connotación fonética menos agresiva, amigable, triunfadora, talentosa. Después de un evento cinematográfico todos reflexionan, difunden la paz y la igualdad. Es un momento hermoso porque olvidamos la inmundicia de la realidad.

Por eso admiro a todos los mexicanos asertivos, sin dependencia a simulaciones o quimeras, aquellos que no rechazan su nacionalidad ni temen disfrutar de su acento, tampoco niegan sus tradiciones o a su gente. Guillermo lo tiene claro, define su percepción de la vida arraigada a una cultura apasionada por diversos conceptos dicotómicos.

Precisamente sus palabras inspiraron esta colaboración. En particular su respuesta a la siguiente pregunta: “Usted tiene la habilidad de ver el lado oscuro de la naturaleza humana, la fantasía y el terror. Pero también es una persona amorosa. ¿Cómo encuentra ese balance?”.

Con tal naturalidad, como si Del Toro hubiera conocido la pregunta contestó: “Porque soy mexicano”. Pero ahí no se detuvo, el recién galardonado completó su respuesta: “Nadie ama la vida más que nosotros (los mexicanos), porque estamos conscientes de la muerte. Apreciamos la vida porque vivimos con la muerte. Todos en este planeta abordamos un tren cuyo destino final es la muerte, así que vamos a vivir, disfrutar, amar y ser libres. Cuando eliminas una de las dos partes de la ecuación, se convierte en un panfleto. Cuando tomas en cuenta la oscuridad para prender la luz, eso es la realidad.”

Lo anterior me recuerda a Octavio Paz, nadie mejor que él para definir una sociedad herida, en su Laberinto de la Soledad menciona: “Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor que es hambre de vida es anhelo de muerte”. Tenía razón o no, a través de Guillermo del Toro, el poeta mexicano nuevamente emerge del pasado para recordarnos (a los mexicanos) promesas incumplidas, inconclusas, trágicas y esperanzadoras; siempre con la terrible sensación de haber sido engañados.

Pocas veces los privilegios permanecen porque las calamidades están a la orden del día, la tranquilidad es efímera y tal vez con la intervención divina, los conflictos tengan el mismo espacio. Por lo pronto celebremos una identidad valorada, festejemos nuestra cultura y defendamos nuestra nación.

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*Comunicóloga, responsable del área de difusión de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.