La perspectiva del poder y su vínculo en la resistencia al cambio

He aprendido mucho más de mi única derrota que de todas mis vitorias
Carlo Magno.

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Por Mtro. Luís Ignacio Zúñiga Bobadilla (*)
luis.zuniga@univa.mx

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“Si se pierde la dimensión del servicio, el poder se transforma en arrogancia y se convierte en dominio y atropello”. “Es aquí donde llega el ejercicio de la autoridad sin respeto por la vida, sin justicia, sin misericordia”, es una reflexión realizada por el Papa Francisco a propósito del binomio poder y misericordia; en una clara alusión a que la riqueza y el poder son realidades que pueden ser buenas y útiles al bien común, si se considera que son puestos al servicio de los pobres y de todos, con justicia y caridad.

Sin embargo, como muchas veces sucede, si son vividas como privilegio, con egoísmo y prepotencia, se transforman en instrumentos de corrupción y de flagelo para la sociedad. Desafortunadamente es el escenario que estamos viviendo en nuestro país en todos los niveles y en algunas estructuras gubernamentales, que han perdido de vista la responsabilidad y el compromiso asumido en cargo público o de representación.

El término poder o fuerza, nos lleva a conceptos como capacidad, energía o dominio; la capacidad de hacer o ser algo; la capacidad de ejercer un dominio hegemónico o habilidad de influir sobre una colectividad.

El concepto no es un vocablo poco debatido y que ha sido abordado por grandes filósofos, líderes, políticos y, en fin, toda aquella persona que intenta una respuesta apropiada a la perspectiva particular de su entorno y de su momento histórico.

Las discrepancias se han abordado desde la perspectiva sociológica en torno al problema de su definición y a su naturaleza como constrictiva o como permisiva. De aquí que al poder se le ha dado la acepción de un conjunto de formas de constreñir la acción del ser humano y en otra dimensión como lo que permite que la acción sea posible en una cierta medida.

Para Max Weber el poder representaba la oportunidad de una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad y advierte que en la sociedad moderna estaría amenazada por el fenómeno creciente de la concentración del poder dentro de las organizaciones. Relaciona al concepto de dominación, en el ejercicio de una autoridad sobre un grupo social determinado y encontrar un grado de obediencia.

Otro analista del tema, el filósofo Francés Michel Foucault, con influencia de Maquiavelo, lo definía como “una compleja situación estratégica en una determinada sociedad”, acepción que involucra tanto las características de constricción como de facilitación.

En las organizaciones actuales, tanto públicas como privadas, se circunscribe a quedar bajo el control de reducidos, pero poderosos grupos políticos, económicos y sociales.

Aunque los líderes son elegidos “democráticamente”, según Robert Michels, sociólogo y politólogo alemán con la mejor intención por ambas partes, se observa una tendencia a integrarse en élites del poder que se preocupan básicamente más por la defensa de sus propios intereses que la de sus representados.

Otra concepción importante e ilustrativa que nos puede permitir entender algunas realidades del ejercicio del poder, nos vinculan con el pensamiento del también alemán, Friedrich Nietzsche, filósofo, poeta, músico y filólogo, fundamentados sobre la base de los análisis del poder del siglo XX.

Nietzsche difundió la idea de la “voluntad del poder”, lo que él estableció como la dominación de otros humanos y el control sobre el propio entorno de persona que ejerce el poder.

Nuestra realidad no es distante a la perspectiva de algunos de estos tratadistas del tema, que con una visión clara no solo del momento histórico que vivían, sino de los posibles escenarios futuros; se adelantaron a su tiempo y en una demostración de esta realidad, basta dar una mirada a generaciones y generaciones de políticos que lejos de usar el poder ponerlo al servicio de los demás, han aprovechado ese momento para agravar la situación de nuestro país y la de muchos mexicanos que en el día a día, se mantienen en la lucha por salir adelante.

En la actualidad corremos el riesgo de que las élites del poder, surgidas a partir de la sociedad a través de procedimientos aparentemente “legítimos”, entren en un proceso de perpetuarse en el poder a costa de cualquier cosa pasar por encima de personas y de disposiciones legales que nos rigen.

El ejercicio del poder y los proceso democráticos que lo otorgan, debe ser una tarea que de forma permanente se esté trabajando hasta llegar a un grado de madurez de nuestra sociedad, de acuerdo a las circunstancia de cada momento histórico que vivimos,  pero en ningún instante se debe perder la dimensión del servicio, que puede convertir en arrogantes a los que lo ejercen, hasta llevarlos al punto de perder de vista la perspectiva del poder y su vínculo en la resistencia al cambio.

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(*) Director de la Univa-PV.