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Pequeña Gran Vida: la escala de las cosas

Una película verdaderamente humana, que con buen humor nos conduce por las distintas facetas de la naturaleza.

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Por Sebastián Hernández Bustos

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Original, divertida, y reflexiva, ‘‘Downsizing’’ es una más de las excelentes propuestas cinematográficas que han llegado a las pantallas mexicanas en este mes.

Alexander Payne, director cuyo nombre es sinónimo de talento, como ha quedado demostrado en la genial Nebraska (2013), su filme anterior, vuelve a sorprendernos con una historia que combina su peculiar sentido del humor e interés por analizar los valores y relaciones humanas.

‘‘Pequeña Gran Vida’’ nos presenta a Paul Safranek (Matt Damon) y Audrey Safranek (Kristen Wiig), un matrimonio americano de clase media, el cual atraviesa una crisis económica, que los lleva a realizarse un procedimiento medico en el cual son reducidos al tamaño de doce centímetros de alto, ya que de esta forma podrán costear una vida de lujos sin tener que volver a trabajar nunca.

Un punto muy importante que cabe resaltar de esta cinta es el diseño de su mundo; la atención que se prestó a detalles que podrían parecer insignificantes hacen que la película se sienta viva, con continuidad más allá de lo que está en pantalla, abonando a su narrativa, ya que, a pesar de pertenecer completamente al reino de la ciencia ficción, muestra una cotidianidad y problemáticas cercanas a la vida real.

A su vez, es esta misma cotidianidad que viven los personajes, la que genera un conflicto interesante al enfrentarse a situaciones extraordinarias. El guion está planteado de manera que su protagonista nos lleva a través de una exploración de diferentes dilemas sociales, morales, e incluso ambientales, que no son más que un reflejo de la condición actual de la sociedad contemporánea.

A lo largo de sus dos horas con quince minutos, la cinta plantea diversas cuestiones, las cuales parece que fueron puestas por Payne, no para llegar a una conclusión definitiva ni una resolución que simplifique el conflicto, sino para que sea la audiencia quien, en la intimidad de su mente o en un debate civilizado, pueda obtener las repuestas que desea.

Una película verdaderamente humana, que con buen humor nos conduce por las distintas facetas de la naturaleza (a veces caótica) de las interacciones entre individuos.