El demonio del poder

Por el Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

.

Romano Guardini, gran filósofo italiano, en su obra “el fundamento del poder” acepta que todos los seres humanos poseemos la tendencia natural hacia el dominio en general, ese hágase mi voluntad o fiat. Desde luego que ese modo de ser en sí mismo no es malo sino su perversión. Esto es; el dominar al otro en su propio beneficio y causándole un daño.

En el caso específico del poder político la perversión es profunda porque en la mayoría de los casos quienes lo tienen lo ejercen no sòlo para imponer su voluntad sino para adquirir riquezas a costa de los gobernados. No es el poder por el poder sino el poder para formar grandes fortunas mediante formas inmorales e ilegales. La gran mayoría de los llamados “políticos” no son otra cosa más que simples ladrones que obtienen sus riquezas con menoscabo del patrimonio de millones de personas.

Es el maxi robo que no tiene límite y que es posible porque el gobernante perverso tiene su apoyo en tres grandes pilastras, a saber: el oro, las armas y el Derecho. Las arcas públicas, el poder judicial y el  ejército están a su disposición para saciar su inmensa sed de oro. Porque entre más oro posean más podrán acumular hasta el infinito.

Esa intensa sed de oro es semejante a aquella que dominaba a Sergio Lucio Catilina, en la Roma antigua, y a quien Cicerón le vertió en la boca del ya muerto Catilina una buena porción de oro derretido “para aplacar su oceánica sed de oro”. Por ello, los políticos se han convertido en los más peligrosos delincuentes por el gravísimo daño que ocasionan al tejido social.

Los dueños del dinero, de la ley y de la fuerza son invencibles para un pueblo desvalido que se traga y sigue creyendo en el invento más diabólico del mundo; la democracia, que es usada por y en beneficio de los ladrones en el poder público. Pero todo tiene un talón de Aquiles que el pueblo puede dañar para vencer al monstruo que él mismo, el pueblo, ha creado y es: el no votar, el ejercer el derecho de la abstención.

Si te pusieran como candidatos a Judas y a Barrabás: ¿por quién votarías?

Falta poco para el gran teatro de las elecciones. Tienes tiempo para pensarlo. Hazlo por tus hijos.

¡Salve!