El poder del no

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Cuán débiles somos muchos de nosotros cuando ante la presión de los otros siempre decimos SÍ. Ese sí implica sumisión ante la voluntad del otro a la que no nos atrevemos a contradecirla; ¿por qué? Porque en lo profundo de nuestra personalidad anida una enorme baja estima de nosotros  mismos, un gran deseo de autodestrucción de nuestro yo, una extrema debilidad y poquedad de la visión de lo que somos nosotros. En suma, la más mísera mediocridad y pusilanimidad de un alma enferma que habita en nuestro ser biológico.

Somos capaces de lamer los zapatos del otro, agachar cobardemente la cabeza frente a los demás con tal de no oponernos a la voluntad del otro. Humillados como perros sarnosos nos hincamos para roer un apestoso y duro hueso a cambio de no hacer resistencia al otro. En eso consiste el CULTO HACIA EL OTRO, por la única razón de que nos consideramos estúpidos y poca cosa ante él.

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EL NO POLÍTICO

Si ya sabes por propia experiencia que todo candidato, de cualquier partido, que te pide tu voto. Ese, sí, ese es el mismo que una vez en el poder te robará tu dinero y te meterá a la cárcel, entonces ¿por qué le das el voto? Tú tienes el derecho de NO votar por ninguno y eso es una abstención que constituye un NO rotundo, una autoafirmación de tu alta estima, de tu inteligencia y de tu valer frente a los otros. No te creas de ninguna idiotez que diga que tienes que votar, dizque para ejercer tu poder, dizque que para muchas otras pendejadas.

Todo es una farsa porque si te ponen como candidatos a Judas Iscariote, a Barrabás y a Caifas; ¿por quién votarías de los tres? Que no te engañen con sofismas, que no te vean la cara de tonto. Tú tienes todo el derecho a la ABSTENCIÓN  de votar y es respetable ese derecho. En suma si ningún candidato te convence, no votes por ninguno, ni siquiera vayas a dizque anular el voto porque de nulo lo convierten en válido y por el candidato que los otros quieran. Ten mucho, pero mucho cuidado.

Tú vales mucho y ante nadie eres menos. Excepto ante Dios.