El planeta está enojado

Por Nacho Cadena

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La Tierra, el planeta Tierra está enojado y ha manifestado su enojo de mil maneras, las más en forma de fenómenos naturales. ¿Qué otro modo de comunicarse puede tener, el pobre, que el de repelar enviando terremotos, tsunamis, temblores, inundaciones, deslaves, incendios, sismos, maremotos, marejadas, agrietamientos, calentamientos, enfriamientos, inversiones térmicas? Otras veces los mensajes nos llegan de manera más “humana”: desgracias provocadas por nosotros mismos, los seres más inteligentes del planeta, desquiciados por nuestros propios malos comportamientos frente a la Tierra Vida; y es que secretamente somos actores y testigos de guerras, enfrentamientos, complots, terrorismo, atentados, magnicidios, provocaciones, contaminaciones…

Los climas han cambiado, al igual que las precipitaciones pluviales; los ciclos de las cosechas, la fauna y la flora presentan signos de franca extinción; los ríos se secan o, en el mejor de los casos, se contaminan al punto de llegar a ser inservibles; los mares se utilizan para pruebas nucleares, el delta del Amazonas empieza a desaparecer, los glaciares se derriten, los trópicos se congelan, los bosques desaparecen, las ciudades pierden identidad, las palmeras mueren emplagadas, los árboles se destruyen con machetes y tractores.

Y el pobre planeta Tierra, el que nos vio nacer hace millones de años, el mismo que albergó el paraíso terrenal de Adán y Eva, en cuyos mares navegó Noé en su arca llena de animales emparejados, el del Atlántico donde se hizo el encuentro de dos mundos, el del Pacífico de las ballenas grises y el Mediterráneo de los sabores a olivos y hierbas, la Tierra de la antigua Grecia y de los filósofos sabios, del Imperio de los Romanos, la de Jordán y los parajes donde evangelizó el Salvador Jesús… la única Tierra, el único planeta del sistema solar donde nos consta que hay vida, patalea, protesta, repela para poder conservar un escenario donde los humanos y las próximas generaciones por los siglos de los siglos sigan disfrutando del enorme don que Dios nos dio de la Vida.

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OÍDOS SORDOS

Necios somos los hombres, lentos para captar el significado de los signos de los tiempos, cabezas duras para descifrar los riesgos del futuro y, por contra, encontrar las oportunidades. Descuidados, lentos, perezosos, rutinarios, que no leemos entre líneas… qué digo: no captamos la claridad del mensaje. La naturaleza está avisando, desesperadamente notificando a los moradores de este mundo que tenemos que cambiar nuestra conducta destructiva, so pena de morir de sed, de hambre y de tristeza. Los mensajes son claros… nadie quiere escucharlos, no queremos creer que, si no hacemos algo, el agua se va a acabar, los alimentos van a escasear, las aves dejarán de cantar, las flores serán de color luto y la risa de los niños se convertirá en llanto. Es duro pensarlo, pero nada nos conmueve.

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AQUÍ TAN SÓLO

Aquí, en Puerto Vallarta, talamos árboles despiadadamente, sin temor y sin límite; destruimos los esteros, contaminamos el agua del mar, atacamos la montaña, acabamos con las áreas verdes. Aquí mismo, el tránsito es un embotellamiento a todas horas, hay más gas carbono que flores; permitimos un transporte público salvaje, prostituimos nuestro estilo arquitectónico, acabamos con las áreas agropecuarias, tapamos el calce de los ríos, talamos los montes, construimos en zonas de alto riesgo, nos orinamos y defecamos en las playas… más gases, menos árboles, menos bosques.

Aquí en Vallarta nadie cree que algo vaya a suceder… todo es bonito, nadie piensa en las consecuencias. La palabra “progreso” ha sido un escudo poderoso para cometer atropellos y barbaridades… y el dinero, ese después no habrá ni dónde gastárselo, porque en el páramo y en la muerte el dinero no sirve para nada.

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SOMOS NECIOS

Todos sabemos, hombres y mujeres, que la Tierra, el planeta, está en destrucción por nuestra propia guerra contra la naturaleza y sabemos que tarde o temprano esto nos llevará a la muerte colectiva, sin embargo seguimos tirando papeles a la calle, vendiendo bebidas desechables para llevar, persistimos en utilizar el coche indiscriminadamente, construyendo en la montaña y en las zonas prohibidas, matando animales en peligro de extinción, destruyendo parcelas y ejidos sin ningún juicio, consumiendo plásticos indestructibles; los gobiernos autorizando lo ilegal y los particulares pidiendo lo imposible de conceder.

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UN PROPÓSITO

¿Podemos, quizá, iniciar hoy un nuevo propósito? ¿Podemos hoy reconciliarnos con la Tierra? ¿Podemos hoy arrepentirnos de lo mal hecho y cambiar a una nueva forma de comportamiento? ¿Podemos hoy amar la vida?

Yo creo que sí, hoy es un día nuevo. Volvamos a comenzar.

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.