Lo que el arte nos regala

Por Nacho Cadena

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Transitaba por una calle de doble carril, amplia y muy bien trazada, en medio un camellón de un ancho por lo menos cuatro veces mayor que el que tiene el doble cauce de la calle. En el camellón un verdadero bosque de fresnos, bien regados, muy sanos, el color verde por sí solo habla del estado de salud y del estado de ánimo de estos bonitos fresnos que alcanzan distintas alturas, aunque su follaje tiene formas similares.

Cruzan a todo lo largo dos caminos perfectamente pavimentados, uno de color gris que sirve de ciclopista y el otro de color rosa cantera que se utiliza por los caminantes y los corredores perfectamente ataviados en trajes deportivos a la última moda y bocinas minúsculas en los oídos para escuchar música o quizá una conferencia de superación personal o de cibernética o un curso de altas finanzas. Muchas mujeres corriendo y caminando, muy bellas, con cabello largo o corto, pero siempre bien arreglado, algunas, madres jóvenes, empujan carriolas en tres llantas como de bicicleta y seguro un bebé adentro aprendiendo a correr antes de saber caminar.

El tráfico es fluido y ordenado, no hay embotellamientos, nadie toca el claxon y ningún automóvil contamina el aire con el humo del motor. Se siente esa armonía que provoca un pueblo civilizado.

Llego al número 407 Poniente, mi destino de esa noche. Un estacionamiento lleno de jardineras con plantas de flores de temporada: pensamientos, margaritas, petunias, crisantemos, otras de diversos colores que no alcanzo a reconocer y por allá de cuando en vez unas buganvilias de colores surtidos. Junto a las jardineras, los coches estacionados, parecía aquella una exposición de coches de lujo y del año: Mercedes, BMW, Jaguar, Peugot, Audi, Cadillac y otro que me pareció un viejo Packard de color negro. Entre todos los hermosos y lujosos coches una camioneta pick-up yo creo modelo 83 u 85 bastante empolvada llamó, por contraste mi atención.

Al fondo del estacionamiento un edificio de fachada muy limpia, sobria, de corte moderno sin ser modernista, una pared que hace curva como cadera de mujer, y al frente un ventanal amplio, que por su transparencia deja pasar la vista desde lejos y empezar a disfrutar el hermoso contenido del interior.

Se bajan de los coches los invitados, los interesados, los coleccionistas y también los representantes de los medios de comunicación cámara en mano, otros con micrófonos en la mano y todos con una carpeta o portafolio bajo el brazo. Las mujeres, las damas sería más propio y más justo decirlo, elegantes, discretas, ataviadas para la ocasión; todas ellas, sin excepción, luciendo joyas de muy buen gusto, pero sobre todo con gran sobriedad y discreción. Todas sonríen y se saludan como si fueran conocidas entre sí.

Los hombres, digamos los caballeros, más eclécticos. Había distintas formas de vestir, desde el casual elegante hasta el formal de traje obscuro y corbata roja de Hermes. Una cosa común sí les noté, casi todos los hombres eran escasos de cabellera…todos con cara de inteligentes y de saber a lo que iban. Cada quien iba a lo suyo, no era un acto social, aunque se socializaba. Cada quien lleva su propia intención; tanto que nadie notó, menos criticó, por lo menos abiertamente, mi vestimenta tropical, de playa, en color blanco y calzando los típicos mocasines Puerto Vallarta. Cierto, entre la concurrencia había algunos y algunos de vestimenta más folklórica, digamos, o más avant-garde.

En la fachada del edificio no había un solo letrero, nada de gas neón con enormes letras marcando el lugar. No hace falta lo importante está adentro y la gente lo sabe… a eso van a mirar, a contemplar, a apreciar y también por qué no a adquirir lo que ahí se exhibe.

Adentro, una señora, una señorona, elegante, inteligente y con un don especial, dirige todo el evento, como con varita mágica. Precisa, exacta, discreta, prudente y atrevida. Está donde tiene que estar, está con quien tiene que estar. Escuché que le llamaban Emma.

El lugar repleto. La concurrencia se mueve con orden, con una clara intención. No van a saludar no van a tomar una copa de vino, van a lo que van.

Entre la multitud sentí que yo iba a algo diferente y salí por un momento al estacionamiento, encerrado entre Lincolns y Porsches.

¿Qué son los artistas? ¿Quiénes son los artistas? me pregunto. Para mí la mayoría son los narradores de su época. Son los reporteros que, con sus pinceles, o con sus instrumentos o con su cincel plasman los movimientos sociales de su época, las ilusiones, las transformaciones, los sentimientos, las desgracias, los éxitos y los avances. Son virtuosos que en lienzo o en piedra o en un papel pautado plasman sus vivencias y sus emociones y sus contemplaciones. Hacen propuestas, dan movimiento a lo estático, comunican con sus formas y sus colores, en este caso, lo que viven y lo que experimentan.

Los artistas comunican a los demás lo que ellos con oídos y ojos diferentes captan lo que los comunes y corrientes no percibimos. Algunos, pocos, se adelantan a su época y proyectan con su arte, lo que va a suceder en el futuro. Van Gogh, Picasso, Dalí, Felgueres son ejemplo de este caso.

Los artistas con sus obras nos provocan reacciones insospechadas. Nos hacen amar, odiar; nos hacen callar o gritar; nos hacen reír o llorar… pero siempre, siempre nos hacen sentir, es decir, nos hacen vivir.

Y miro a toda esa gente en el interior, las damas, los caballeros, los jóvenes y los viejos, los poderosos y los no tanto, los muy cultos y los ordinarios; eso sí, todos admiradores del arte. Me pregunto ¿qué sería de los artistas si no hubieran estos hombres y mujeres admiradores del arte? El arte tiene dos vías, que van y vienen y en ese movimiento llegan las nuevas propuestas, los avances, las transformaciones. Esas dos vías la forman por un lado los artistas, los que producen el arte y por el otro los admiradores, los que disfrutan la obra de los artistas, y la estimulan y la promueven y la coleccionan.

De salida veo una invitación y dice: GALERÍA MOLINA BARQUET, Calzada del Valle Pte. 407 / Garza García, Nuevo León (Monterrey).

De lo que vi dentro de la galería, una galería hecha y derecha con dos salas de treinta metros de largo por diez de ancho, con paredes en color beige, de lo que ahí vi y observé y sentí y me aceleró el pulso, de eso no voy a platicarte, porque el amor mira diferente, porque el corazón es malo para hacer juicios, el corazón no es equilibrado, ni objetivo, ni justo. Lo que yo admiré ahí lo hice con el corazón; el que exponía su obra estaba muy cerca de mí, lo llevo muy dentro de mi alma. Por eso no te platico lo que vi esa noche.

VIVA EL ARTE, VIVAN LOS ARTISTAS Y DEJEMONOS LLEVAR POR ESAS SENSACIONES INIGUALABLES QUE ELLOS NOS PROVOCAN. LOS ESPECTADORES FORMAN IMPORTANTEMENTE PARTE DEL CÍRCULO VIRTUOSO DE AMOR Y FELICIDAD QUE PROVOCA EL ARTE. LOS ESPECTADORES SOMOS INDISPENSABLES PARA CERRAR EL CÍRCULO.