De mapaches y otra fauna electoral…

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia
Alfred E. Smith

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Por Octavio Urquídez

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Al igual que con el voto, existe una amplia tipología del genéricamente llamado fraude electoral, que es uno de los deportes más practicados en las jornadas electorales de numerosos países del mundo, y documentada en la mayoría de los partidos políticos, ya que por regla general, todos participan movidos por el insano propósito de acceder al poder, “haiga sido como haiga sido”, (expresión del más puro panismo mexicano, según se dice) sin que exista argumento alguno que supere tan nítida frase.

Don Jenaro Villamil, el prestigioso y combatido reportero de la revista Proceso, publicó el 6 de junio de 2017 un decálogo de elementos que, según su leal saber y entender, justifican la existencia del fraude en las elecciones locales del Estado de México celebradas ese año. Repito: son elementos justificativos y no precisamente una adjetivización del fraude electoral lo cual, por supuesto, no resta valor a su trabajo.

En la altura del análisis pone la “elección de estado” como elemento que incluye una participación desproporcionada de funcionarios públicos en el proceso antes, durante y después. Esta práctica, comento, se hace más notoria en nuestro país, toda vez que en otros países es de los más normal, y legal, que los funcionarios de todo nivel, incluyendo al Primer Mandatario llámenle como le llamen, apoyen abiertamente a los candidatos de su mismo partido político. Aquí no se permite pues se considera que constituye una ventaja desleal. Célebre, y reciente, es la participación abierta y apasionada, aunque infructuosa, del  Presidente Obama en el último proceso electoral de los Estados Unidos.

Don Jenaro cita al llamado “turismo electoral”, que no es otra cosa que la invitación que se hace, con todos los gastos pagados, a ciudadanos de otras entidades para que se den una vuelta por aquel en donde se llevan a cabo las elecciones. Este elemento sí hay que incluirlo como parte de la tipología elaborada por los estudiosos del tema sobre el fraude electoral. Tiene vigencia, pues…

También se refiere a la denominada “guerra sucia”, práctica que tiene vigencia impostergable en todo proceso electoral y en múltiples actividades de la vida, sea pública sea privada. Erradicarla significaría elevar a los contendientes a la veneración de los altares, cosa bastante difícil. Don José Antonio Mead, el caballeroso precandidato del PRI-PANAL no pudo sustraerse a ello y queriendo y no queriendo recordó que el PAN, incluyendo a Anaya, conceptuó a don Andrés Manuel como “peligro para México” y a don Ricardo, el representante de la maraña  ideológica representada por el Frente, de quien se dice que tiene reconocida fama de traidor a sus amigos, a su Dios y a su patria. Al menos eso dicen y no me corresponde demostrarlo ni documentar lo contrario. Vox populi, vox Deo…

Sigamos con el reportaje de Villamil, y recordemos que no se sustrae al vicio digital que agobia a México y que enriquece el vocabulario electoral con tres neologismos: bots, call centers y trending topics, prácticas estas que para mí no son otra cosa que la extranjerización de la guerra sucia. Y ya no hablemos del acarreo, una práctica que, siendo “inventada” por el PRI, hoy la utiliza la oposición con muy buenos resultados. Como dice aquella añeja expresión: “el alumno superó al maestro” y de qué forma. Con el debido respeto al autor del reportaje que hoy he sustentado, todos estos son defectos del tiempo y no del Estado y que necesariamente tienen remedio, lo que parece improbable es que los contendientes estén dispuestos a pagar el precio de aplicar lo prescrito por el malogrado político demócrata estadounidense Al Smith: “Los males de la democracia se remedian con más democracia”. Pero ¿habrá quien, honestamente, quiera jugar este juego, no siempre muy productivo, y de ea manera arriesgar el triunfo?

Sin tener la fama periodística ni las tribunas de tanta calidad como las que usa don Jenaro Villamil, don Ernesto Barragán Name ha elaborado lo que llamó “Glosario de Mapachería Electoral”, una perla invaluable, como decía Nikito Nipongo, en la azarosa tarea de desmenuzar la anatomía de las prácticas electorales consideradas fraudulentas. Nos dice Barragán que, a solicitud de varias personas (no dice cuales ni de donde provienen) se dedicó a la tarea de elaborar una breve tipología de delitos electorales: “Nuestro primer concepto obligado, es MAPACHE […] Se considera que este mamífero, tiene la apariencia de un ladrón por el famoso antifaz. Entonces, entendido dentro del ámbito electoral, es el clásico ladrón de votos”. Este no es un término originalmente ideado por el señor Barragán, ya que forma parte del léxico popular desde hace ¡uh…! mucho tiempo. Sin embargo, esto no le resta mérito. La del mapachismo es una práctica deleznable, como lo es todo aquello que atente contra la voluntad popular, de tal manera que son bienvenidos los esfuerzos de quien se dedique a su estudio, sobre todo si se incluyen términos como “cargada”, ahora enraizada en la oposición; “ratón loco”, que califica a quienes recorren varias casillas ”recolectando” votos para depositarlos en una urna específica; y “carrusel”, que define como “Acción y efecto de votar varias veces por el mismo candidato o partido de su preferencia”. Pero Barragán no sólo se fusila algunos conceptos, ya que nos ofrece otros menos conocidos que rápidamente repaso, como “catafixia electoral”, práctica que consiste en entregarle a los votantes una boleta ya cruzada por un partido o candidato determinado para depositarla en la urna y luego devolver otra en blanco para continuar el ejercicio; “Mesa que más aplauda”, le mando, le mando, le mando, los votos; “Muertos vivientes o zombis”, técnica que consiste en hacer votar a los difuntos; y “Padre Amaro”, práctica “que utilizan algunos ministros del culto religioso, para que el día de la jornada electoral, hagan más misas de lo normal, invitando a votar a la ciudadanía, siempre a favor del humilde siervo de Dios”, dice Barragán.

Y aquí va una primicia: según don Ernesto “el Mapache Electoral, desgraciadamente (para los partidos), está en peligro de extinción… Afortunadamente (para los ciudadanos), al paso que va nuestra democracia, se van a extinguir”.

Entonces ¿tenía razón Al Smith, más democracia mejor democracia? Veremos, dijo mi tocayo José Feliciano…