El menos peor

Por María José Zorrilla

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Las manecillas del reloj político avanzan a un ritmo diferente a lo esperado por muchos.  Los minutos caen como baldes de agua helada sobre los candidatos que buscan alcanzar a un AMLO que va a la cabeza en las preferencias para la elección presidencial.   Explican los analistas que situaciones inesperadas de último momento han sido responsables de que se tomen rumbos inesperados en muchos lados.  En México la muerte de Colosio y el temor por una revuelta acabaron por darle el triunfo a Zedillo cuando Fernández de Ceballos encabezaba la encuesta.  Más recientemente en Estados Unidos en noviembre del 2016 la elección se volcó hacia el rojo y Hilary se quedó como la contendiente que iba a ganar pero no ganó.  Incursión rusa, campañas malintencionadas, emails y demás excusas, no sirvieron para revertir una decisión que durará cuatro años.  Ya va más de un año y sólo quedan tres.   Para nosotros en México, la cuenta regresiva apenas empieza y nuestra decisión será determinante para los próximos seis años.  La panorámica es desoladora desde muchos aspectos, porque hay quienes han llegado a la conclusión de votar por el menos peor.  Vaya momento para México.  A uno le temen los del gran capital, al otro el peso de la corrupción lo persigue y al nuevo candidato tricolor (naranja, azul y amarillo) la sombra de Margarita le roba luz.   Los expertos comentan que el voto grueso del Peje representa un 30%, mayoritariamente de los grupos más desprotegidos y vulnerables del país, los que han quedado marginados del crecimiento, los que no tienen nada que perder y esperan con ansias ese rayito de luz que puede darles algo de esperanza.   Y es entendible que ese sector busque un cambio porque siempre han estado del lado que los sigue hundiendo en su precariedad.  El problema radica en que el otro 70 por ciento del país tendría que pagar los platos rotos, los que por tantos años todos hemos contribuido a volver añicos.  Malos manejos, malas políticas, malas decisiones y mucha descomposición del tejido social, nos han llevado a la situación que vivimos hoy día, de caos, falta de gobernabilidad y violencia.  Con un estado de derecho abollado y un sistema de justicia inoperante.   Ya nadie cree en nada.  Pero  los que si creen en el PEJE  podrían decidir las riendas del país los próximos seis años.  Será AMNLO  tan peligroso como muchos lo indican.  Qué devendría del país.

Para destinos turísticos como Puerto Vallarta qué repercusiones tendría el hecho que ganara el de MORENA.   Difícil pronosticar cuál sería la tónica que tomaría el PEJE.  Sus políticas de Turismo Social y disminuir la dependencia del turismo norteamericano son discursos que tienen lecturas ambiguas.   Miguel Torruco,  amigo de algunos en Vallarta y quien estuvo al frente de la Confederación Nacional Turística, es su asesor en materia turística. No dudamos de las buenas intenciones del ahora consuegro de SLIM; pero ante una avalancha de poder absoluto que pudiera ejercer un AMLO enaltecido por la gloria máxima de la silla presidencial, no sabemos a dónde pudieran llegar sus ambiciones.   No es gratuito que el Peje es un hombre al que muchos temen, al que la mayoría de los analistas y expertos ve con recelo y al que se le achaca querer copiar el modelo venezolano para vecino del Tío Sam.  Ojalá los temores sean mayores que la propia realidad.  Vallarta vive ahora un muy buen momento,  la contienda está a la vuelta de la esquina y las circunstancias hasta el día de hoy predicen que AMLO ahora si llegará;  a menos que algo suceda en los próximos meses y de un giro hacia algún otro candidato: el menos peor.