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Noismo

Desde la infancia nuestro cerebro recibe instrucciones con el “no” inconsciente, eso con la intensión de corregir un comportamiento o idea desacreditada por el código ético-moral.

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Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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Con algunas excepciones, las personas emiten negatividad en su mensaje y, en el mismo proceso de la comunicación, ésta retorna de forma paralela a la inconformidad invisible.

Sin referirme a comentarios adversos y crueles, me centro en el pensamiento ingenuo que impide a las personas percibir su negativa encubierta, sin pies ni rostro pero que obliga al interlocutor a recibir y responder en la misma tesitura.

Tiene su candor la negativa espontanea disimulada en los discursos y cuestionamientos íntimos o colectivos; para aclarar mi comentario pongo como ejemplo a los padres protegiendo a sus hijos con palabras que los estimulan a abandonar un vocabulario extenso, nutrido de conceptos alternos al “no”.

Para ser más clara, un niño recibe indicaciones de sus padres, docentes o familiares adultos con el “no” como antecedente. Incluso los amigos y compañeros de trabajo nos animan -sin malicia- a permanecer atentos a la monosílaba negativa:

¿NO quieres que te acompañe?, te veo mal.
¿NO ir a la playa?, te hace falta distraerte.
¿NO vas a ir al cumpleaños de tu tía?
¿NO quieres ir a jugar al parque?
¿NO quieres helado?
No grites.

El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) contiene 88 mil palabras, esto permite la existencia de alternativas lingüísticas que invalidan los intentos por pretextar el desconocimiento de conceptos. Vale recordar que todos sin excepción somos –o fuimos- parte de esa forma absurda de intercambiar opiniones o intervenir en la vida de otros.

Por ello reconozco la labor de Harriet Rubin y otros intelectuales que exponen en sus libros alternativas para comunicarnos los seres humanos erradicando el “no” durante nuestro diálogo. Las opciones a lo anterior son:

¿Quieres que te acompañe?, te veo mal.
¿Quieres ir a la playa?, te hace falta distraerte.
¿Vas a ir al cumpleaños de tu tía?
¿Quieres ir jugar al parque?
¿Quieres helado?
Guarda silencio.

Parece sencillo y mi propuesta puede provocarle hilaridad, por eso sería un ejercicio interesante –u obligado- anotar el número de veces al día que usted antecede el “no” en una pregunta o respuesta. De seguimiento a las palabras de las personas que lo rodean y si tiene la suficiente confianza comente sus hallazgos con total respeto.

En mi caso particular he revisado documentos fascinantes en los cuales coinciden psicólogos por investigaciones relacionadas con el comportamiento humano, en varios de esos trabajos se hace referencia a nuestro cerebro y cómo éste es estimulado a través de los cinco sentidos.

Desde la infancia nuestro cerebro recibe instrucciones con el “no” inconsciente, eso con la intensión de corregir un comportamiento o idea desacreditada por el código ético-moral. Pero la interpretación guarda una relación estrecha con la activación sin considerar la precaución.

Conforme desarrollamos habilidades y adquirirnos responsabilidades actuamos según escuchamos la monosílaba negativa. Lo aclaro y disculpe lo burdo de mi ejemplo: “No vayas a comprar esa maleta negra”; de forma automática nuestro cerebro recibe la información y la transforma en acción, lo cual se traduce en la adquisición de la maleta.

Todo radica en la constante apreciación de la monosílaba negativa –el no-, es tal su nivel de atracción que nuestro inconsciente lo almacena y nos fuerza a vivir como emisores y receptores cautivos en una comunidad que produce y transforma el mundo, pero que genera distractores sin la debida reflexión, por eso es necesario poner en práctica que “la realidad es una reacción en cadena de lo que piensas, sientes y hablas”.

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*Comunicóloga, responsable del área de la Imagen y Comunicación Institucional de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.