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Enrique Aldrete y su mente mágica

Enrique Aldrete Cuesta, su visión empresarial ha estado en el hallazgo y desarrollo de negocios como Marina Vallarta, Costa Banderas y Punta Mita, entre otros que hoy son un éxito.

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  •  Todo un personaje en el medio de los bienes raíces de la región, audaz y convincente a la hora de hacer negocios.

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Por Diego Arrazola

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El tapatío Enrique Aldrete Cuesta es un prominente y audaz hombre de negocios con la mira bien puesta en los bienes raíces. Sus amigos lo conocen por el mote de “El Patas”, aunque cabe apuntar que sus jugadas empresariales están bien calculadas y pensadas, son hechas con la cabeza.

Su padre, del mismo nombre, destacó como empresario en Guadalajara. Fundó el Consorcio de Fraccionamientos, entre otros negocios. De él, Aldrete Cuesta heredó no solo fortuna, sino también inteligencia, visión y habilidad para los negocios.

La vida de Enrique Aldrete Cuesta es toda una historia de éxito. Es un ser laborioso, bien organizado, persistente y audaz. Además, ha sido hombre de mundo: ha viajado mucho y de joven vivió en Europa.

Quienes lo conocen afirman que siempre ha sido un cazador de grandes negocios: los concibe, los imagina y espera el momento oportuno para cerrar y concretarlos. Abusando un poco del manido recurso, aquí sí se puede decir que se trata de todo un Rey Midas de los bienes raíces. De acuerdo con sus amigos, “en materia de terrenos, los que toca El Patas los convierte en oro”. En alguna ocasión, este emprendedor aseguró que en realidad “no hay terrenos caros o baratos, todo depende del futuro que tengan”.

INVERSIÓN CON PUNTERÍA

Su mano mágica ha estado en el hallazgo y desarrollo de negocios como Marina Vallarta, Costa Banderas y, sobre todo de manera particular, Punta Mita. En mancuerna con su socio y amigo de juventud Jorge Gómez Vázquez Aldana, ambos realizaron inversiones importantes en Nayarit que resultaron muy provechosas. Aldrete y Gómez Vázquez pudieron avizorar el potencial de la costa norte de la Bahía de Banderas, cuando era un territorio olvidado y desdeñado por el sector turístico de altos vuelos. Asociados ambos con el empresario capitalino Fernando Senderos Mestre (Grupo DINE) compraron al Fideicomiso Bahía de Banderas 1,300 hectáreas de terreno desde Los Veneros hasta Punta Mita.

Dicha negociación, audaz, por decir lo menos, la hicieron directamente con Rigoberto Ochoa Zaragoza, entonces gobernador de Nayarit, para muchos el gran promotor del desarrollo turístico del sur de esa entidad, una labor que arrancara Celso Humberto Delgado, al impulsar Nuevo Vallarta, y que continuara Ney Manuel González Sánchez, en su mandato, tarea que ha sido reconocida ampliamente por los hombres de negocios.

A fin de contar con la debida infraestructura para la urbanización de la costa norte de la Bahía de Banderas, Fernando Senderos, a través de DINE, realizó millonarias inversiones para dotarla de servicio de agua, además de gestionar ante el gobierno federal la construcción de obras necesarias y claves como el segundo puente sobre el río Ameca.

Finalmente, la sociedad fue disuelta y los inversionistas tomaron rumbos distintos. DINE se quedó con Punta de Mita, en tanto que Aldrete tomó otros senderos. Gómez Vázquez Aldana, su socio, ha señalado al respecto que “Punta de Mita es el mejor desarrollo de México y por ello ha despertado un ambiente de inversión tan impresionante a nivel internacional… Tiene bases de grandes proporciones que le dan solidez y es una garantía a nivel social”.

ALIANZAS EXITOSAS

Enrique Aldrete, socialité y deportista, ha hecho desde hace tiempo buenos negocios con varios empresarios prominentes. Así, junto con el zapatero Salvador López Chávez, y el constructor Felipe Arregui Zepeda, alentaron y unieron fuerzas y capitales con Jorge Martínez Güitrón para la creación de la Siderúrgica Guadalajara, que daría lugar, en su momento, al Grupo Sidek. Por cierto, este consorcio tapatío tuvo fuerte presencia en esta zona al crear Marina Vallarta, empresa en la que participó también Eduardo Legorreta, amigo y socio de Aldrete.

Enrique conoció Puerto Vallarta cuando era un lugar poco conocido. Aquí hizo amistades, además de provechosas inversiones. En su momento, este tapatío fue todo un personaje de la escena social de la ciudad. Uno de sus grandes amigos fue el legendario constructor Guillermo Wulff, quien lo rebautizó como “Patín”.

Una de las mayores pasiones de Aldrete Cuesta es el mar, surcarlo en velero. Aún se recuerda su odisea en mayo de 2011, con 72 años a cuestas, al recorrer el Pacífico con otros cuatro tapatíos. El 3 de abril de ese año iniciaron su aventura en Puerto Vallarta para enfilar rumbo a Fiji y las Islas Marshall, a muchas millas náuticas de Jalisco. Sus compañeros de esta odisea siguieron la aventura, a bordo de la embarcación “Sans Souci II”, mientras que el 5 de mayo Enrique Aldrete se dirigió a Papeete, capital de la Polinesia Francesa, a fin de abordar un vuelo que lo regresara a Guadalajara. El resto de la tripulación estaba conformado por Pedro Fernández del Valle, Leopoldo Montelongo, Ricardo Medellín y el marino Javier Monsalbo. Realmente, pocos mexicanos pueden contar una proeza similar.

De Enrique Aldrete Cuesta se ha escrito que es un empresario “frío, calculador y profundamente analítico”; de él, como persona, se ha dicho que es “sensacional, carismático, agradable y simpático, un gran conversador lleno de anécdotas, culto y generoso”.

Todo un emprendedor que ayudó a prender la mecha del desarrollo de Punta de Mita.