Puerto Vallarta… también es cultura

  • Arte Daría. Centro de Expresión Alternativa.
  • Taller La Marea.
  • Taller La Marea.

Por Nacho Cadena

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Es bonito encontrar en estos tiempos aciagos y perturbados por el drama político de nuestro país y del increíble comportamiento de la clase política (claro, como en todo con sus excepciones) encontrarte, decía, movimientos ciudadanos limpios, respetuosos, propositivos, generosos y con intenciones claras y ciertas.

Buscando temas para la filmación del programa “El Sabor de Vallarta” que con sus cámaras ha recorrido Puerto Vallarta al revés y al derecho y se ha difundido ampliamente por televisión abierta en todo México y por tecnologías diversas en Estados Unidos, encontré en nuestra ciudad un admirable movimiento cultural auspiciado y sustentado por los propios artistas y promotores independientes.

Visité y filmé dos ejemplos de este movimiento. El primero le llaman La Marea, bajo la idea y realización de una mujer, joven y bella, entregada a la causa del arte. Dirige y patrocina un taller, que trabaja en su propia casa y donde asisten artistas, pintores y grabadores hechos y derechos, mexicanos y extranjeros y junto a ellos aprendices inquietos con ganas de expresar lo que llevan por dentro, en su alma y en su corazón. Un taller impecable, bajo la batuta de Marcela Bernal, y fue ahí donde el equipo de grabación y yo vivimos una experiencia casi inenarrable. Un lugar tranquilo, pacífico, envuelto en una gran cápsula de generosidad, virtud tan poco vivida en los tiempos de la computadora y el celular. Ella, con voz suave y llena de vida y alegría, conduce los ejercicios y alrededor unos juntos a otros, en silencio siguen la guía de la maestra y con carbón en mano o lápiz o lo que quieran y silencio que se rompe solo por el diálogo abundante de cada quien con su yo profundo.

Un trazo, un boceto, sobre papeles blancos que de pronto cobran vida con lo que emana del interior del artista y aparecen los grises y los negros. Silencio, sin que nadie lo pida, sin que nadie lo obligue. El tiempo y el espacio se unen formando un escenario casi increíble, solo interrumpido por la voz clara de Marcela que, con dulzura, pero con energía, pide a la modelo cambio de posición y dirigiéndose a los artistas presentes dando indicaciones del siguiente paso en el ejercicio.

Sé que, en este mismo espacio, en días diferentes, hay otro taller, el de literatura, más concreto, de cuento corto, que lo dirigen otras personas y que participan básicamente “locales” que tienen sentimientos y vocación para escribir, me enteré de que hay muy buenos resultados y que el ambiente es el mismo, agradable, tierno, tranquilo, muy alegre y festivo. Todo sucede en un espacio donde generosamente Marcela, comparte su casa, sus aposentos, su intimidad y la privacidad de un hijo, con la única intención, de dejar que el arte cumpla su objetivo: ser conducto hacia el amor y este a su vez el mejor camino a la felicidad.

Por la tarde del mismo día, asistimos a otro taller, localizado dentro de un ambiente campirano, un rancho de caballos, que otrora era un paseo y un día de diversión para turistas, ofreciendo un día de campo. Ahora ahí, hay tres temas diferentes, todo con el sello de la familia: un modernísimo Centro de Odontología y Ortodoncia, lugar del padre, una Clínica de Medicina Alternativa, el feudo de la madre, y una bodega preciosa dedicada al arte escultura y dividida en dos grandes áreas, una escultura en cerámica donde pudimos presenciar y filmar un grupo muy interesante de artistas trabajando con diferentes técnicas y con enfoques muy particulares sus obras en cerámica. Música de fondo y silencio total entre los participantes, cada uno embelesado en su propia obra, con gozo, a plenitud, dando lo mejor de sí para producir una obra que refleje sus pensamientos, sus sentimientos y sus deseos más profundos. Ahí también había la mezcla de artistas locales, vallartenses, algunos “pata salada” y otros extranjeros que han decidido hacer de Puerto Vallarta su lugar para vivir el resto de su vida, extranjeros con voluntaria carta de naturalización, pues saben que Puerto Vallarta es un lugar para vivir feliz y a plenitud.

En el extremo de la bodega hay un segundo salón, Escultura en madera donde pudimos apreciar no solo la belleza de producir este arte sino además la voluntad de algunas mujeres, jóvenes de corazón pero no tan jóvenes de edad, haciendo arte de una manera como jamás me lo hubiera yo imaginado; herramientas eléctricas, aparatos mecánicos, equipos pesados y ruidosos que solo puedes imaginarte en un hombre fortachón; pues no, aquí demuestran estas mujeres que el arte puede ir mucho más allá, que es un acto de voluntad, que es un deseo de alcanzar los “imposibles”, que la mujer sigue siendo el sexo bonito pero no el sexo débil como en ocasiones se le atribuye.

A nuestra llegada fuimos recibidos el staff de filmación y yo por una hermosa muchacha con su rostro pintado de alegría y de entereza, ataviada con ropa de la que los artistas usan para trabajar y quien a leguas se miraba desbordaba alegría y entusiasmo por lo que estaba haciendo. Nos explicó fuera de cámaras y después lo repitió ante el micrófono, la filosofía del lugar, las razones profundas de este trabajo y la mecánica de operación donde la formación de niños artistas tiene un lugar muy especial, como especial es Daría la dueña del lugar y la comandante general de este taller que en cuanto llegas a él sientes un cambio inmenso en tu forma de pensar y del flujo de tus sentimientos.

Después me enteré de que ambos talleres el de Marcela y el de Daría tienen mucho en común y mucho en diferencia, pero ambos tienen la misma misión, al grado que personas que vi trabajando en la mañana en el taller de Marcela, los volví a ver en la tarde con materiales diferentes y conceptos distintos.

Es una maravilla el despertar cultural de Puerto Vallarta y estos que narro el día de hoy, son apenas dos de los muchos lugares donde se vive el arte, el amor y la vocación de buscar la belleza como un sistema de vida.

La Universidad de Guadalajara está haciendo lo propio, El Centro Cultural de la Biblioteca, la Oficina de Promoción de Cultura (OPC) y desde luego muchos talleres que trabajan desde hace muchos años promoviendo la cultura como es el caso del taller El Tintero.

También en muchas de las escuelas primarias y secundarias, particulares y públicas empieza a cultivar el arte en sus propias aulas y desde luego, lugar especial le debo de dar a la Orquesta Escuela de Música que patrocina el Arquitecto Abel Villa.

Vallarta…también es cultura.

Vamos por más.