De centros y periferias

Por María José Zorrilla

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No es nuevo que los vallartenses manifiesten su inconformidad con lo que acontece en la colonia Emiliano Zapata por el exceso de permisos de construcción de vivienda vertical.

El fenómeno que se ha presentado en la Zona Romántica y que también empieza a proliferar en la parte Oriente de la Insurgentes, no hace más que confirmar que además de la preocupación por el cambio de fisonomía del Vallarta de antes y de saturar la capacidad instalada de la infraestructura oculta de la ciudad, también se presenta el problema de reubicación de los pobladores que han ido vendiendo sus predios y ahora tienen que ir a poblar la periferia.

El fenómeno de gentrificación como se le conoce en urbanismo y que según wikipedia  se refiere al proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado —o en declive— a partir de la reconstrucción —o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las preexistentes, y de gran plusvalía. Descripción precisa de lo que está aconteciendo en nuestra ciudad.

Bastante se ha dicho sobre lo oscuro de los procesos en que muchos de estos permisos se dieron, sobre las calles que se invadieron o vendieron. Eso ya no puede revertirse. Por lo pronto, parece ser que ahora sí se pondrá un alto porque  finalmente se aprobó el Reglamento de Construcción y Normas Técnicas del Municipio de Puerto Vallarta.

Esperemos que con tal reglamento impere un poco más el orden. Atrás ha quedado el rezago de 20 años según dicen algunos; aunque otros, dicen que en materia de ordenamiento, son los planes parciales los que vienen a determinar las formas en que se desarrollará una zona específica.

Con o sin Plan Parcial, el tema que también debería ocupar a los planificadores ante estas circunstancias, es el otro fenómeno que empieza ya a vislumbrarse para los antiguos moradores de la zona revitalizada. Cuáles son las opciones habitacionales para los locales que son empujados por la mancha del desarrollismo del centro hacia la periferia. Se habla de una cierta escasez de vivienda a precios accesibles. Problema que de no atenderse, podría empezar a convertirse en una crisis para  los trabajadores de menos ingresos, lo que además constituyen la mayoría. Podría incluso derivar en una alza en la delincuencia ante la imposibilidad de acceder a un techo digno.

Gabriela Otero matemática y analista de datos, publica en Animal Político un artículo sobre Datos Abiertos de las políticas públicas inmobiliarias en México. Otero presenta datos de Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI)  donde las entidades con mayor registro de vivienda nueva son Nuevo León, Jalisco y Estado de México.

En Jalisco la proporción es 69% vivienda económica de hasta 399,045 pesos y 31% vivienda de alta plusvalía arriba de ese precio. Sería interesante revisar cómo andan los datos en Vallarta. Y no sólo para adquirir una propiedad sino también para rentarla. En materia de planeación, nuestras ciudades siempre van con 20 o 30 años de retraso. Ha llegado la hora en que se empiecen a plantear nuevas opciones para desarrollo de unidades habitacionales de acceso económico dentro de las ciudades. Si el país no lo hace, Vallarta debería hacerlo. No se trata sólo de prohibir o limitar tal o cual forma de crecimiento, sobre la que todos ya exigimos a gritos, sino también impulsar nuevas formas de generar ciudades más saludables, más equitativas. El mejor escudo para Vallarta ante la oleada de violencia que azota el país, es empezar a vislumbrar otros horizontes donde no sólo se contemple el bienestar del turista, del inversionista, del vacacionista, también el de los servidores, los que atienden a nuestros visitantes. Hacer valer el eslogan que lo mejor de Vallarta es su gente.   Esta fuerza de trabajo, esta energía que mueve a la ciudad, no tenemos el derecho de empujarla hacia la periferia en condiciones poco dignas, como si no fuera parte de nuestra comunidad.