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Bots, los empleados silenciosos

La creación de perfiles falsos se ha convertido en un negocio rentable para empresas dedicadas a vender aire.

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Por Carmina López Martínez
(arizbeth.lopez@univa.mx)

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A propósito del pasado Día del Amor y la Amistad se dio a conocer información sobre el robo de identidad en las redes sociales, ese negocio existe y aumenta sus ganancias por los pagos millonarios que realizan celebridades con interés de alcanzar un nivel de popularidad mayor al de sus contrincantes.

La creación de perfiles falsos se ha convertido en un negocio rentable para empresas dedicadas a vender aire, pues sus clientes exigen resultados visibles, aunque un bot sea el responsable del éxito de su imagen en redes sociales.

He sabido de personas que han encontrado a su o sus dobles en Facebook, son cuentas generadas con información real del internauta, incluso se comparten fotos personales y al momento. Lo preocupante es la facilidad con la cual actúan esos ladrones cibernéticos que diversifican su negocio con el hurto de identidad, criptomonedas y todo lo que la red les permite asaltar.

Nada se oculta a esos ladronzuelos digitales. Tienen el conocimiento suficiente para despojar a las personas que bien o mal acumulan su riqueza creyendo que en el mundo cibernético estará a seguro. Esto me recuerda los tiempos en que se anunciaban spots alusivos a los hábitos de ahorro de nuestros abuelos, entonces el colchón dejó de ser la caja fuerte de la familia, con el tiempo la alcancía era una buena opción, pero su fragilidad y limitado espacio hizo ceder su propósito al banco.

La era digital impuso normas imprecisas y confusas manipulando datos equivocados sobre la seguridad del espacio cibernético que fue creado para mantener comunicadas, informadas y seguras a las personas.

Esa dimensión oscura del mundo digital permite que empresas como Devumi crear cerca de 55 mil cuentas con nombres de personas reales, hurtar fotos de perfil, contar historias basadas en datos verídicos como lugares de origen y otros detalles íntimos de usuarios de Twitter.

En medios de comunicación internacionales se ha dado amplia difusión al tema: “En la actualidad las cuentas falsas que han sido creadas por gobiernos, delincuentes y empresarios infestan las redes sociales. Según algunos cálculos, hasta 48 millones de los usuarios activos de Twitter, casi el 15 por ciento, son cuentas automatizadas diseñadas para simular ser personas reales, aunque la compañía afirma que ese número es mucho menor”.

Interesantes datos se comparten para alertar a la sociedad del peligro del mercado negro en las redes sociales, al respecto en el New York Times se manifiesta: “En noviembre, Facebook reveló a sus inversores que tenía al menos el doble de usuarios falsos que los estimados anteriormente, lo que indica que existen 60 millones de cuentas automatizadas en la plataforma de medios sociales más grande del mundo. Estas cuentas falsas, conocidas como bots, pueden ayudar a influenciar a las audiencias publicitarias y replantear los debates políticos. Pueden afectar negocios y arruinar reputaciones. Sin embargo, desde el punto de vista legal, su creación y venta están en una zona gris”.

Quienes manejan cuentas falsas –en su mayoría bots- publican contenidos contrarios al perfil de la persona real; quienes han sido víctima del robo de identidad saben que los contenidos van desde pornografía, venta y compra de diversos artículos, negocios del bitcoin, hostigamientos, amenazas y más mensajes que contaminan las redes sociales. Recordemos que los niños tienen acceso al internet y forman parte de la comunidad global en el ciberespacio.

Prevenir es insuficiente ante la constante amenaza del robo de identidad; como sucedió con la venta de datos del padrón electoral del INE en Amazon eso tuvo que alertar del poco control que los arquitectos en el mundo cibernético tienen sobre sus negocios, eso preocupa y nos lleva a investigar quién nos puede garantizar protección indefinida.

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*Comunicóloga, responsable del área de la Imagen y Comunicación Institucional de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.