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El puzzle de la existencia

Llegando a cierta edad es el momento de las despedidas, de las personales e íntimas, de cosas en tu cuerpo y mente, y otras más públicas como el ver partir a tanta gente querida más mayor que tú.

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Por Consuelo Elipe

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Hay momentos en que un acontecimiento te trae como una imagen completa o resumen de la vida en ese instante.

Una de mis tías más queridas se está debatiendo entre la vida y la muerte. Lo supe el día 14 de febrero. Justo ese día. Y veo como si las vidas de las personas fueran un puzzle de millones de piezas, quizás menos cuando eres más joven y según avanzas el camino esas piezas se van cayendo, desapareciendo de tu paisaje y duele. Cada pieza que levantas, que se arranca y cae es con mucho dolor, demasiado.

Eres pequeño y te vas acostumbrando a conocer muchísima gente, en cada etapa, en cada lugar, algunos son pasajeros, otros para siempre. Amigos, familiares, no importa tanto la sangre como los lazos de amor que se desarrollan.

Con ella siempre me sentí unida, parecida en muchas cosas, y no estoy lista para no volverla a ver. Nadie y nunca estamos listos para eso, lo sé. La última vez que la vi fue este mes de enero, cuando fui a despedirme antes de regresar a Vallarta. Estaba como siempre, elegante, ella, única, fuimos del brazo caminando un ratito. No se me ocurrió que quizás fuera la última vez, aunque es cierto que bajo ningún concepto quería irme de España sin verla.

Todas las fórmulas de vive el momento, disfruta el hoy, la vida pasa rápido. Todas las hemos oído mil veces. Todas no falta quién las suba a las redes sociales un minuto sí y otro también. ¿Pero realmente nos sirve para algo?, ¿realmente aprendemos cómo vivir a base de ver ejemplos, de leer frases, de escarmentar en cabeza ajena?

Tenemos como una especie de incapacidad de mantener activo un pensamiento como ese, y volvemos una y otra vez a preocuparnos por cosas banales, a trabajar como burros sabiendo que el trabajo un día se acaba, perdemos momentos preciosos con los seres queridos por hacer cosas sin importancia. Nos enfermamos de stress y ansiedad por los problemas de cada día, porque de repente no podemos manejar ni siquiera como levantarnos de la cama sin sentir que el mundo está sobre nuestros hombros.

Quizás unos pocos lo hagan mejor, con más gracias o simplemente sean más mentirosos de cara a la galería y sonrían cuando la procesión va por dentro.

Con cada cosa triste que me pasa, más convencida estoy que esto es así y no hay más. Llegando a cierta edad es el momento de las despedidas, de las despedidas personales e íntimas, de cosas en tu cuerpo y mente, y otras más públicas como el ver partir a tanta gente querida más mayor que tú en el mejor de los casos. Y el puzzle se irá quedando incompleto, la vida se llenará de huecos que nada en el presente podrá llenar porque son irremplazables.

Nos hicieron programados para seguir adelante, pase lo que pase, resistir, llorar, caerte y levantarte en una especie de misión, desde luego suicida porque nadie ha vuelto. Para que luego digan que los seres humanos no tenemos objetivos comunes, tenemos el principal, hacer el camino que para todos acaba en el mismo lugar.

Vivan como sepan, quieran, puedan…con la banda sonora que más les guste…