El lenguaje del lenguaje

Por Nacho Cadena

.

A propósito del lenguaje político de la guerra sucia.

Las buenas o malas relaciones humanas dependen de manera importante de la buena o mala comunicación entre las personas. De la calidad de nuestra comunicación con quienes nos rodean depende la calidad de la forma de convivir y desarrollarnos en la comunidad.

Parece obvio decirlo, pero el lenguaje es la forma más común de comunicación. El adecuado uso del lenguaje beneficia enormemente nuestras relaciones con los demás y al decir adecuado uso, me refiero no solo al buen español, escrito o hablado, sino también a la forma de utilizar el lenguaje.

Una misma frase, las mismas palabras, expresadas de forma diferente, pueden comunicar dos cosas completamente distintas.

Es bueno, es indispensable, hablar o escribir el idioma correctamente, pero esto no es suficiente; es también indispensable utilizarlo en la forma, la modulación y los modos que correspondan.

Si realmente nos interesa manejar una buena relación con otros semejantes deberíamos ser conscientes de que una cosa es la idea y otra la forma de expresarla… del cerebro a la boca hay una gran distancia que debemos saber controlar. Con frecuencia la idea y la expresión no corresponden.

Cuántas veces queremos decir una cosa y decimos otra, cuántas veces decimos lo que pensamos, es decir la idea y la expresión corresponden, pero al decirlo lo hacemos de tal forma que desvirtuamos, falseamos la idea y la palabra. Cuántas veces pensamos al 100 y decimos al 50… palabras a medias, que transmiten ideas a medias.

Pero la comunicación y el lenguaje no solo tienen que ver con las ideas, también se comunican los sentimientos, las emociones, las experiencias, los conocimientos, los estados de ánimo, las aspiraciones, las ilusiones, las fantasías; lo dicho, de la forma de usar el lenguaje transmitiremos estos últimos de una manera u otra de una manera u otra.

Comunicarnos adecuadamente por tanto no es hablar es hablar con sensatez, con prudencia, con medida. El mejor comunicador no es el que tenga el vocabulario más extenso y más propio, sino el que lo usa mejor. Comunicarnos también es saber callar, es guardar el silencio oportuno porque sobre todo es saber escuchar, la comunicación un camino de dos vías, se habla y se escucha y quizá esta segunda es más difícil de controlar y de bien operar.

El lenguaje corporal también cuenta en la comunicación buena. Si expresas felicidad y lo acompañas con una sonrisa, la comunicación se logra eficientemente. Si levantas tu copa para decir ¡Salud! Y al tiempo le miras a los ojos a tus acompañantes, tu deseo será mejor recibido. Si cuando te presentan a alguien le dices “Mucho gusto” le aprietas la mano con sinceridad y expresas un gesto de alegría, tu mensaje será mejor captado. El lenguaje corporal debe ser un compañero inseparable del lenguaje hablado.

.

ALLEGRA

Todo esto me decía Allegra, mi asesora personal en cosas de la vida y la felicidad; claro me lo dijo con esa dulzura que suena como cantos al oído y de sus conceptos nunca quedan dudas. Siempre a tiempo, se presenta cada vez que la necesito, sin llamarla ahí está tranquila y sin apuros. Una comunicadora perfecta, asertiva, inigualable. Estaba ahí tan bella como siempre, su cabello suelto y rizado, su boca ancha, carnosa, color púrpura, su piel suave con olor a mujer. Que dicha tener la posibilidad de contar siempre con Allegra.

.

LENGUAJE DE LOS ENAMORADOS

¡Ah!, qué hermosura. Hablemos primero de la coquetería, antes de los enamorados. En la calle ese caminar discreto de las mujeres, discreto pero lucido, derechita, paso firme, mirada en alto, pantalón a la cadera, blusa arriba del ombligo, ese sí que es comunicación, es una manera silenciosa de decir ¡hay les voy! ¡Aquí estoy! A tal punto que los observadores banqueteros exclaman al unísono: ¡Adiós, mamacita! Con un lenguaje claro y conciso solo quizá superado por el “Ole” en una gran tarde de toros.

O aquella que espera a la amiga en el restaurante, radiante, bellísima, abre su bolsa de piel color hueso y saca un cigarro, espera que el mesero lo encienda, pide una copa de vermouth rojo (como su boca) en las rocas con una cascarita de naranja y al primer sorbo saca una libreta de apuntes color negro. Con ello logra el toque de mujer interesante y bonita. Al otro lado, solo también, el supuesto galán. Empieza la comunicación, primero un cruce de miradas, después el tímido brindis a la distancia, él con su varonil tequila blanco, ella ya lo dije con su vermouth rojo. Continúa la comunicación, el cruce de miradas se torna cruce de sonrisas. La comunicación espera el clímax, él se levanta de su silla y con paso firme, leguaje corporal de seguridad llega hasta ella y sin dudar le pregunta “¿me siento aquí o tú te vas a mi mesa?”, nótese lo certero del lenguaje, no pregunta si quiere, la única opción es aquí o es allá. A una comunicación tan clara, a un lenguaje tan bien utilizado ¿quién puede resistirse? De ahí en adelante la comunicación de la coquetería se mueve hacia algo más serio, más hacia el campo de los enamorados.

Entre los enamorados el lenguaje es claro, tierno, preciso e inequívoco. Las miradas, las caricias, los piropos romanceros, las canciones de Manzanero, la carta amorosa, el regalito espontáneo, el recado en el parabrisas del coche, la flor cortada en el camellón de la avenida… ese idioma que solo hablan y entienden los enamorados, un idioma universal, un idioma sin palabras.

.

El amor es transparente
Esas miradas, esas esperas,
Esas caricias, esas entregas.
Qué delatoras son esas
Buenas costumbres
De los enamorados.

.

LENGUAJE DE LA SONRISA

El espacio se acabó, pero antes de irme, quisiera dejar una propuesta para hoy: que todos hoy luzcamos una sonrisa, la mejor que tengamos, quizá hoy establezcamos en nuestro Pueblo una nueva forma de comunicación, a través de un lenguaje más franco, más amigable, más positivo, que nos obligue a dejar atrás las malas vibraciones.

Empecemos hoy a utilizar el lenguaje de la sonrisa, de una cosa podemos estar seguros: mal no nos va a ir.