El triunfo de las autonomías

Por María José Zorrilla

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El siglo XXI reconocido por muchos como el siglo del conocimiento y la tecnología, también podría caracterizarse por ser el siglo de la rebelión. Las formas tradicionales de hacer inversiones, de manejar la política, de buscar alojamiento y de trasladarse dentro de una ciudad, han visto cómo barreras que parecían infranqueables ahora se abren para dar paso a propuestas que hace 10 años no habrían tenido cabida bajo ninguna circunstancia. Se veían venir los cambios.

Saltos cuánticos en las formas de comunicarse, de allanar distancias, de llegar a más personas, de la sustitución del hombre por máquinas, pero no había lugar para pensar que las masas en algún momento podrían tener participación en negocios anteriormente centralizados única y exclusivamente por los grupos de poder.

Así es como las criptomonedas a través de la tecnología de blockchains empiezan a ganar espacios a la banca tradicional y a las casas de bolsa.

El inversionista menor, con sólo 50 dólares en su bolsa, y desde su casa, puede acceder con algún golpe de suerte, a duplicar y triplicar su capital en sólo horas. El desempleado puede convertirse en su propio patrón manejando su auto para dar servicio a los usuarios a través de la plataforma Uber y cualquier persona con una habitación extra, puede convertirse en minihotelero al ofrecer hospedaje económico a través de Airbnb.

En materia política el caso Obama es ampliamente conocido al acceder a la presidencia del país más poderoso de la tierra, con un presupuesto limitado y sólo a través del uso de las redes sociales.

En Jalisco vivimos un ejemplo similar con Kumamoto quien ahora es candidato independiente al Senado de la República.

Los fenómenos se producen como parte de un proceso donde implica un gran avance de la tecnología y el uso de plataformas. Pero también implica que estas plataformas y nuevos sistemas de información, detonan innovadoras formas de generar riqueza  de manera más autónoma.

El ciudadano común se convierte en inversionista, el ama de casa se convierte en anfitrión y el automovilista particular puede convertirse en chofer de taxi sin pertenecer a ningún sindicato.

Es una especie de rebelión ante lo establecido y una manera algo anárquica de generar recursos fuera del gran capital.

El triunfo de las autonomías. La desconcentración del capital. Los reclamos son múltiples y se argumenta que es una especie de competencia desleal.

Desde muchos puntos de vista podría ser, pero también representa una forma de plantear un modelo de supervivencia diferente. Un sistema económico donde la derrama se distribuye entre más personas. Donde habrá que pensar formas nuevas de abordar los servicios que ofrecemos unos y otros.

Nuevas formas de evaluar pros y contras,  para determinar cómo deberán regularse estas nuevas prácticas de generar capital. En Vallarta, basta darse una vuelta por las diferentes colonias para ver cómo el fenómeno Airbnb ha propiciado que muchos remodelen sus espacios, ofrezcan servicios turísticos en áreas antes no consideradas para tal fin y adquieran un automóvil para emplear sus horas libres como chofer de Uber o rentar sus autos para que otros los manejen.

Esta diversificación de la economía en Vallarta, parece estar rindiendo frutos. Gente de los más diversos estratos sociales ahora se han convertido en microempresarios y bien vale la pena empezar a ver cómo se regulan estas actividades que en principio parecen estar propiciando bienestar para muchos.

Al momento estas actividades no parecen haber afectado a la hotelería que vive un buen momento. La demanda por viajar a Vallarta es mayor que la capacidad instalada de la planta hotelera oficial, pero es allí donde habrá que encaminar esfuerzos, para que todos sean partícipes de la promoción,  porque no es justo sólo dejarla en las espaldas de un solo sector. En muchos países, airbnb está regulado y en la tarifa final se incluye el impuesto hotelero y/o impuesto de la ciudad.