Consejos de una abuelita modernaGente PV

El chocón

Y tú, ¿Cómo hubieras procedido a pesar de que el dolor de la anciana aumentó y su auto se averió?… Hubieras huido, ¿o como mexicano responsable y cabal, te hubieras quedado…?

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Por un México mejor

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En mi interesante vida, siempre tengo algo que aprender cada día; inició mi despertar con un inesperado fuerte estruendo producido por el nuevo negocio de poderosos e intocables personajes; sigo con la divertida carrera de obstáculos, desde que mis nuevos vecinos me han colocado en la única entrada y salida, para llegar al sitio que Dios me presta mientras pernocto en éste enigmático y nuevo País mágico de las  “oportunidades”, por eso, cada momento lo anuncian en esos “spots televisivos” para informar que sólo en México, existe esa maravillosa forma de vivir… ¡Tan anhelada por cualquier ser viviente!…

Sin embargo, no faltan esos bromistas que se dedican a contradecirlos y en casi toda la carretera costera, se han colocado, jugando a ser: discapacitados, enfermos, hambrientos, desempleados, vendedores, limpiavidrios, cirqueros (obviamente sin animales, porque aquí están bien protegidos)… Disfrutan tanto, que participan desde niños de diferentes edades y sexos, hasta adultos y ancianos… Sólo para gozar del medio ambiente existente en éste auténtico Paraíso, pero sin pasar desapercibidos, ya saben… como lo tienen todo en exceso, ¡lo hacen para pasar muy divertidos su rato de ociosidad!

El viaje por la carretera es muy entretenido, pues no faltan esos chicos traviesos que se dedican a dañar esas costosísimas obras de primera, en los caminos y carreteras que tenemos en todo nuestro País (envidiados por esos extranjeros del primer mundo); y cuando menos lo esperas la línea de vehículos se hace interminable porque alguno cayó en hoyo, produciendo un cómico choque en serie… Pero gracias a eso, todos los conductores nos llenamos de energía y alegría, al observar tranquilamente los parajes de éste divino lugar, mientras nos llega el turno para pasar…

El incidente

Como luego dicen: “Los años pasan y pesan”; y a mi quinta edad, en ocasiones me duele un poco la espalda (¿será porque cuando era joven me dio por correr autos?) y… ¡ese día lo traía!, por eso ya quería llegar a mi destino pero, en una calle sin mucho tráfico, esperando cambio de luz, de repente…”el chocón” apareció en mi vida; mi cabeza parecía pelota y de inmediato se me nubló la vista… La mente es tan increíble que se transportó treinta años atrás cuando otro señor distraído chocó mi auto y el motor del mismo, quedó en el asiento trasero.

En esa ocasión también se me nubló la vista, de inmediato apareció una bola en mi cuello y tuve que andar con collarín por algún tiempo. Mi papá tenía sentido del humor, y me decía: “Mi Peón de ajedrez (porque caminaba de frente y comía de lado), recuerda siempre que al mal tiempo buena cara”.

El chocón era un joven aproximadamente de la edad de mi nieto, no traía seguro automotriz, trabajaba en el aeropuerto con un fabuloso sueldo de $ 2,500.00 pesos quincenales, por eso no tenía tarjeta de crédito, ya que con  ese sueldo le sobra para dar, prestar y regalar…

De inmediato se bajó para ver cómo estaba yo, y mortificado, quería hablar a una ambulancia ($); le pedí que mejor hablara a mi seguro, así lo hizo y estuvo conmigo hasta que empecé a ver de nuevo bien, se me normalizó el tiempo y verifiqué que mi cuello estaba sin bola.

Repitiendo el inicio de éste artículo, una vez más comprobé la grandeza de mi adorado México y de su maravillosa gente. El chico joven y fuerte, pudo haber huido y dejarme, pero no lo hizo; enfrentando con dignidad las consecuencias de su accidente. Cuando llegó el asegurador, deslindé al joven de toda responsabilidad y el chico me prometió que conseguiría alguien que lo pudiera reparar (la cajuela quedó sellada).

Se me hizo un cargo de conciencia que el “el chocón”, un joven honesto, tuviera que trabajar para mí, muchos años de su vida… Mientras que los poderosos intocables, egoístas, corruptos y con una ambición desmedida, no les importe traicionar impunemente a su patria y mucho menos a su maravillosa gente, aunque de ellos dependan sus pensiones vitalicias…

Y tú, ¿Cómo hubieras procedido a pesar de que el dolor de la anciana aumentó y su auto se averió?… Hubieras huido,  ¿o como mexicano responsable y cabal, te hubieras quedado…?

Cariñosamente Ana I.