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Mi tierra prodigiosa

  • En los primeros años de Puerto Vallarta, los vallartenses convivían como una gran familia
  • Fue creciendo esta aldea que pasó a ser un pueblo en el que las tradiciones eran parte importante de su desarrollo por tener raíces muy profundas.
  • De este glorioso pasado debemos conservar el cariño y el trabajo organizado para ésta tierra que nos legaron quienes creyeron en su destino.
  • El descuido de nuestras autoridades y la voracidad de algunos terratenientes han puesto en peligro nuestro hábitat.
  • En fin, cuidemos todas estas maravillas de la vida, es el legado de Dios a cambio de vivir en paz y respeto por la naturaleza.

Por Humberto Famanía

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Empezaré a relatar en esta ocasión la breve historia de un pueblo que nació en una de las costas más maravillosas del Pacífico mexicano, donde su naturaleza la hace distinguirse de otras zonas de esta maravillosa nación; porque realmente era un vergel por designio de Dios. Un verdadero paraíso que los primeros habitantes adoptaron como su tierra prometida, pues iniciaron con ilusión sus viviendas, construidas con palapas y troncos de arboles, pero siempre cuidando el medio ambiente del que tenían plena conciencia, ya que era la única forma de conservarlo para poder disfrutarlo a plenitud.

Poco a poco se fue poblando este paraíso escondido, realmente convivían como una gran familia, entre todos se protegían de los animales e inclusive del mal tiempo que a veces azotaba en su comunidad. Unos a otros se ayudaban a construir sus viviendas, e inclusive araban la tierra que necesitaban para la siembras, y de su producto se repartían para obtener los alimentos necesarios para su subsistencia. Otros en la rivera del río y en el mar buscaban los peces para incluirlos en la dieta de sus familias. La unión hacia la fuerza, desde luego que estas familias venían con el propósito de quedarse a formar una comunidad próspera.

Costumbres y tradiciones

Fue creciendo esta aldea que pasó a ser un pueblo en el que las tradiciones eran parte importante de su desarrollo por tener raíces muy profundas; el conservar las costumbres y las ideas de los antepasados se denomina sentido de pertenencia, siendo la fortaleza de las naciones y de las familias. Conservarlas es cuidar una riqueza común que no se debe de perder. Eso es lo que tenían en mente estos hombres y mujeres que con su trabajo y decisión lograron convertir a este territorio prodigioso en una comunidad participativa y dinámica.  De este glorioso pasado debemos conservar el cariño y el trabajo organizado para ésta tierra que nos legaron quienes creyeron en su destino.

La mayor parte de lo que pensamos y hacemos en nuestra vida, tiene su origen en lo que nos enseñaron o relataron nuestros padres, abuelos, familiares y maestros, y en lo que nosotros vimos y escuchamos por nuestra propia cuenta. Lo que es muy cierto es que en las distintas etapas de la vida conformamos nuestra realidad con lo que aprendimos de los demás, y con nuestra propia experiencia lo completamos. Ahora, si cada uno analizamos nuestro estilo de vida, podremos descubrir qué comportamientos tenemos por haberlos aprendido de nuestros antepasados, y cuáles hemos cambiado o añadido nosotros. Me queda muy claro que un pueblo sin historia ésta condenado a desaparecer, por eso debemos insistir en hacerla día a día con hechos fehacientes.

Nuestra esencia radica en el amor a nuestras costumbres y  tradiciones sin lugar a dudas, porque los mexicanos las tenemos muy valiosas y variadas, como el tipo de comida que se hace en ciertas fechas: el mole en las bodas, los romeritos en  viernes santo, los tamales el día de la candelaria, el pastel en el cumpleaños; celebraciones como en los cumpleaños de los niños la quebrada de la piñata llena de dulces y tantas otras cosas que recordamos con nostalgia. En verdad, cuando sentimos el deseo de vivir aquellas cosas tan maravillosas, parece que nos llenamos de energía y sentimos en lo más dentro de nuestro corazón un deseo simple como el volver a tener esos momentos tan maravillosos donde la creatividad motiva la emoción de vivir.

La familia

Además, tenemos tradiciones familiares, como reunirnos en determinadas fechas, en los aniversarios de boda, año nuevo, navidad y siempre compartiendo  alimentos y bebidas donde los brindis son siempre por la unidad de la familia y el deseo de éxito, salud y bienestar total. Visitar los lugares donde nacieron nuestros abuelos, acudir al panteón donde reposan nuestros muertos se vuelve una devoción evocando a sus pasados y la inmensa alegría al recordar pasajes del tiempo que pudimos convivir con ellos. Así es nuestra forma de ser y siempre debemos de seguir con estas enseñanzas para lograr la fortaleza en nuestros pueblos.

Un crecimiento descontrolado

Ahora, después de reflexionar en lo anterior sobre este paraíso escondido llamado Puerto Vallarta, tierra de promisión para la mayoría que llega a asentar a sus familias, su crecimiento ha sido en los últimos años vertiginoso, pero el descuido de nuestras autoridades y la voracidad de algunos terratenientes han puesto en peligro nuestro hábitat. Esto es la realidad aunque nos duela, parecemos una tierra de codicia hasta que nuestro destino nos alcance, como si no tuviésemos hijos, y tenemos la responsabilidad de dejarles una tierra de oportunidades y no de destrucción en todos los aspectos. Debemos de enfrentar cualquier adversidad, pero sobre todo la que nos perjudica en la paz y armonía.

Es tiempo de reflexionar, de saber que ésta tierra sagrada nos ha brindado cobijo, al mismo tiempo nos ha proporcionado satísfactores que han hecho que nuestras familias tengan una vida digna.

El inicio de la decadencia

Ahora nos toca enfrentar la realidad, en  nuestro entorno empiezan a manifestarse deterioros provocado por nosotros mismos; lo más peligroso es perder los valores morales, porque de esto deriva la inseguridad de nuestras propias vidas, de las oportunidades de trabajo, del descuido de nuestro medio ambiente, lo importante es lograr convencernos que sólo con unidad vamos a salir adelante.

Son tiempos de cambiar el rumbo, de exigir a nuestras autoridades que somos una parte alícuota de esta tierra bendita de Dios, por lo tanto tenemos derecho a que se nos escuche, para poder decidir qué hacer y así planear para realizar por el bien común no de unos cuantos.

Busquemos alternativas

Somos un destino turístico, pero hemos descuidado la actividad primaria, posemos mucha agua y tierras muy fértiles, tenemos que diversificar la oferta en actividades donde la producción de alimentos sea estimulada por el sector público y privado.

Todos comemos todos los días, tal parece que nuestra dependencia sigue siendo fuente de encarecimiento de los productos por el hecho de no producirlos, me refiero a los básicos como el frijol y el maíz que en una época exportábamos a otros estados. Debemos actuar con una planeación integral regional para que los municipios vecinos puedan tener el acceso a los beneficios del turismo.

Tomemos conciencia

Conocernos mejor en está tierra prodigiosa que nos brinda la oportunidad de mejorar nuestro entorno tomando conciencia de su propia naturaleza para conservarla. Las tierras de cultivo son para eso, y no para llenarlas de habitaciones; urge una planeación integral donde el crecimiento tenga un orden y un objetivo, el buscar una vivienda con servicios públicos dignos.

El éxito o el fracaso de la vida depende del esfuerzo que pongamos en conseguirlo, podemos equivocarnos al esforzarnos, pero de todas maneras habrá valido la pena. El no hacerlo seguramente nos dará resultados que nos dejarán dolores de cabeza. Hoy más que nunca en contracorriente distinguidos amigos, debemos de tener voluntad firme, no cuesta dinero y te deja buenos rendimientos, abona a tu persona, te enriquece al acreditar en tu vida virtudes para el éxito humano y espiritual.

Un país rico

Amemos nuestra tierra tal y como nos ama ella, son tiempos de actuar con ideas y proyectos bien planeados que nos lleven a una prosperidad compartida, pero con trabajo creativo, honesto e inteligente. Sabedores que tenemos en el país 170,000 kilómetros cuadrados considerados áreas naturales protegidas, incluidas 34 biosferas (ecosistemas inalterados) 64 parques nacionales, cuatro monumentos naturales, 26 áreas para proteger flora y fauna, cuatro áreas para la protección natural y 17 santuarios ( zonas de rica diversidad de especies).

A nivel local, por ejemplo, tenemos la sierra madre occidental, el Salado reserva natural, los arcos reserva protegida, una bahía con aproximadamente 1,200 km. cuadrados donde abundan los peces y riqueza marina, más de 17 ríos y riachuelos que desembocan en un bahía de las más hermosas del mundo; pero lo más importante, su gente.

En fin, cuidemos todas estas maravillas de la vida, es el legado de Dios a cambio de vivir en paz y respeto por la naturaleza. Me pregunto, ¿es mucho pedir?

Kung Fu Tse  (Confucio) decía: Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.