Basura, un dolor de cabeza sin fin

Por María José Zorrilla

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Van a dar las 9 de la noche y otra vez pienso asomarme por el balcón un buen rato, para ver qué sucede con la basura antes de que pase el camión recolector.  Estoy en varios chats y el problema de la basura es un común denominador.  Más allá de algunas fallas ocasionales en la recolección, el problema cotidiano, es el que se produce en cada calle, en cada esquina de la ciudad.  Los vecinos se quejan de que nunca falta el personaje que deja la basura sin cerrar, otro la lleva escurriendo y va dejando huella de sus desechos sin ningún control, otros la avientan al azar mientras consumen papas, galletas, refrescos o cerveza.  El resultado es el mismo.  No he podido dilucidar bien a bien a qué obedece que ciertas esquinas están más sucias y desordenadas que su símil 70 metros más arriba.  Hay esquinas cuya condición cotidiana es el caos como en las de mi barrio.  No importa si algún vecino limpió la esquina, invariablemente la basura amanecerá desparramada y el área circundante se ha convertido en zona de verdadero desastre. El problema de la basura se ha convertido en un tema global.  Inciden básicamente dos aspectos.  El medio ambiental por el alarmante crecimiento de la generación de basura.  Y el individual en la forma cómo nos comportamos ante el fenómeno de la basura.   En México hace 4 años se generaban 115 mil toneladas de residuos sólidos al día, lo que equivales a más de 40 millones de toneladas al año, de los cuales se recolecta el 84%, según informe de Eugenia Rodríguez en Reporte Indigo.  El restante 16% imagino va dar a alcantarillas, ríos, mares, valles y selvas.

En el 2018 la basura ha aumentado a 53.1 millones de toneladas según cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) lo que equivale a más de 35% en comparación con el 2013 y a más de 61.2 % si nos vamos hasta 2003.  Esto significa que cada mexicano en promedio, generamos 1.2 kilogramos al día; es decir, 438 kilogramos al año.   Ante esta situación la pregunta obligada es y cuál es nuestro comportamiento para con la basura.  Estudios a nivel global, muestran preocupación por la gran velocidad que aumenta la generación de basura en las urbes.  Las sociedades modernas han alcanzado altos índices de desarrollo pero no han podido controlar la producción de gran cantidad de residuos.  No obstante, al menos en los países más civilizados, el manejo de la basura se realiza con más orden y control.  Singapur acabó por instaurar una ley que prohíbe la goma de mascar para evitar que la gente se deshaga de ella en las calles. Arrojar cualquier tipo de basura tiene un costo de 2000 dólares la primera vez, 4 mil la segunda y de 10 mil dólares las sucesivas.  Las multas que normalmente se generan son de gente no residente allí y a veces al infractor, se le da una escoba para que barra las calles con un letrero que dice “I am a litterer” -soy un tirador de basura.

La excesiva acumulación de residuos se ha convertido en un asunto global, pero la mejor manera es atacar el problema desde nuestros hogares y generar conciencia en la población de una manera más coercitiva.  En mis pesquisas nocturnas, he podido ver tres problemas fundamentales que son por todos conocidos.  Perros y gatos,  pepenadores y los propios vecinos que sacan la basura al ahí se va y a la hora de recogerla se desparrama aún más.  Para erradicar este dolor de cabeza, no queda más que proponer alternativas viables.  Por lo pronto, creo, que si realmente todos separáramos la basura y la depositáramos en bolsas biodegradables transparentes, los pepenadores la tendrían más fácil.  Tal vez así, evitaríamos el “cochinero” que queda después de las nocturnas batallas campales que desatan personas y animales, desesperados por encontrar el tesoro oculto tras el montón de desechos.