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Sanación por la fe

La Fe es un generador de energías de altísima potencia, capaz de alterar el curso normal de los acontecimientos.

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Por Humberto Famanía Ortega

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La vida del ser humano es un constante discurrir entre la salud y la enfermedad, el dolor y la felicidad, el caos y la armonía. Toda nuestra vida está condicionada por lo que pensamos, está precedida por el marco de referencias que encuadran nuestras creencias. En general, todo aquello en lo que creemos tiene un alto porcentaje de posibilidades de llegar a convertirse en realidad, o lo que es lo mismo, todo lo que nos hace desencadenar el mecanismo de la Fé se burla de los límites establecidos.

A medida que avanzan los grandes descubrimientos en la tecnología, vemos con tristeza la degradación de nuestro mundo en donde existe un desequilibrio entre la naturaleza y el hombre mismo, en donde se requiere de los valores creados a través de las enseñanzas de nuestros antepasados, donde su cultura iba encaminada al respeto a nuestro entorno y al universo. Todo lo podemos comprobar por los grandes imperios que existieron desde miles de años, antes y después de Cristo.

Lo que es muy cierto, es que detrás de cada nuevo récord, hay alguien que creyó que podía lograrlo: las inyecciones de moral que nos dan los pastores de las iglesias, maestros, padres de familia, amigos etcétera, producen reales estados de autoconfianza y fé en sus posibilidades que desembocan en el triunfo. Es decir, las hazañas de todo tipo tienen su origen en la disposición mental y emocional adecuada para llevarlas acabo. Algo que también sucede en el campo de la salud, donde a partir de los ochentas se han realizado múltiples experimentos que ilustran profusamente la influencia de los pensamientos, las actitudes y los sentimientos sobre los procesos de enfermedades.

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Nuevas formas

Como dice la periodista María Pinar; posiblemente lo que hoy constituye para muchos un tema que cae dentro del mundo de lo mágico o lo paranormal, se convertirá el día de mañana en algo sencillo y manejable, que irrumpirá en nuestras vidas en forma de terapias de sanación, prácticas que en éstos momentos sólo experimentan algunos adelantados. Seguramente las técnicas de meditación, las curaciones psíquicas, las chamánicas o la curación mediante la oración, los diagnósticos a distancia, los milagros en la salud, la imposición de manos, la visualización o potenciación del pensamiento positivo, acaben formando parte de nuestra vida cotidiana.

La búsqueda de la panacea que le permita al ser humano vivir en un estado de perfección, le ha llevado a depender de elementos externos a su propio ser, donde en ocasiones ha creído encontrar un manantial de salud. Sin embargo, cada día se hace más patente que esa fuente no está fuera de él, sino en su propio interior. Y el vehículo más adecuado para acceder a ella es la FE, que se manifiesta de las maneras más insospechadas. Un axioma de la vida espiritual dice que la gracia perfecciona la naturaleza, lo que significa que, cuando Dios nos da su gracia, no arrasa antes muestra naturaleza humana para poner su gracia a lo que ya somos.

Nos dicen muchos científicos y escritores especializados en esta materia, que estamos rodeados de energías sutiles que no podemos captar con nuestros sentidos, y que tampoco la tecnología actual es capaz de medir. Ya Albert Einstein afirmó que “si tomáramos toda la materia que compone el cuerpo físico, podríamos colocarla sobre la cabeza de un alfiler”.

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El poder de la fe

La Fe es un generador de energías de altísima potencia, capaz de alterar el curso normal de los acontecimientos. Desde tiempos ancestrales todas las culturas han sometido su desarrollo y evolución a una relación armónica con las divinidades. Aplicando en axioma “la FE mueve montañas”, representa en sí mismo todo un compendio de sabiduría basada en la observación de hechos sobrenaturales a lo largo de los siglos.

Sin embargo, como al hombre y la mujer les cuesta mucho creer en sí mismos, tener Fe en sus potencialidades y en su naturaleza divina, busca intermediarios en quienes depositar su confianza: unos médicos reconocidos oficialmente y otros los representantes de las medicinas alternativas, más abiertos a nuevas posibilidades.

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La equivocación de la medicina

Lo que es cierto es que se equivoca la medicina si pretende renegar de sus orígenes, tanto como el curanderismo, se enarbola como única bandera el valor del pasado, pasando por alto los indudables beneficios de una investigación que ha durado siglos y ha ocupado a las mentes más brillantes de nuestra especie. Los estudiosos dicen que hemos llegado a un punto de encrucijada de vital importancia para diseñar cómo queremos diseñar el futuro. Lo que hablan los críticos del curanderismo que éste está plagado de embustes y farsantes. Sin duda alguna tienen razón, pero olvidan, sin embargo, que la sofisticada medicina también tiene sus charlatanes, porque el médico que calla sus dudas, esconde su desinterés en el sistema y la burocracia, o no se atreve a decir no a las manipulaciones de las multinaciones, es igualmente un fraude.

Para quienes tienen la responsabilidad de ser guías espirituales de las diferentes religiones que existen en el mundo; la FE se prueba con obras. Recuerdo un libro que adquirí en la Basílica de Guadalupe en México D.F. se titula “La Fe explicada” y que me ha servido de guía para comprender muchas cosas de la FE en Dios cuyo autor es la Pbro. Leo J. Trese, quién dice que, resulta evidente que cualquiera que manifieste creer las verdades reveladas por Dios sería absolutamente insincero si no pusiera empeño en observar las leyes de Dios. Es muy fácil decir ¡Creo!; pero nuestras obras deben ser la prueba irrebatible de la fortaleza de nuestra FE.

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La ley de Dios

Convenzámonos de una vez que la Ley de Dios no se compone de arbitrarios, “haz esto” y no “hagas aquello”, con el objeto de fastidiarnos. Es cierto que la Ley de Dios prueba la fortaleza de nuestra fibra moral, es la que rige la conducta humana y viene del latín mores que significa modo de actuar. En fin, todo lo que se mueve en el mundo gravita en torno a nuestro Creador, él es el único que cuando los caminos fallan por los métodos terrenales en la sanación de nuestros cuerpos, nos dará la salud a plenitud. Todos fuimos creados a su imagen y semejanza, por ende, somos hijos de Dios, nadie es legítimo poseedor de la verdad, el libre albedrío el nos lo otorgó desde nuestra creación.

Todos debemos de seres consientes de saber que el camino a la verdad y salvación la otorga, el amor a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Así es que debemos de respetarnos todos, el Amor es la mejor medicina, es un ingrediente activo, es la energía que une, integra y llama a la no separación, nos conduce a la única conclusión que es la verdadera panacea universal.

Recuerdo una bella oración que un excelente amigo Don Enrique Ugalde (qepd) me enseñó, y que la pronuncio en cada momento que puedo y me llena de mucha energía: Gracias mi Dios por darme la vida, gracias mi Dios por permitirme vivir, gracias mi Dios por darme la luz, permíteme mi Dios aprender a disfrutarte a plenitud.

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-.El amor a nuestros semejantes, a la vida y principalmente a nosotros mismos, es la gran llave que nos abrirá las puertas de la felicidad en todas sus facetas.-