Los cambios que todos anhelan

Por María José Zorrilla

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Anoche fue una velada donde la atención estuvo centrada en los debates, pero escribo antes que suceda el primer evento de encuentro político entre las posturas de los 5 candidatos pretendientes a la presidencia de la República.

La mayoría de los medios parecieron volcarse hacia el candidato del PRI. Mientras cambiaba de un canal a otro, no había diferencia. Que era el mejor preparado, que si entrevistaron a la esposa Juana Cuevas, quien a su vez le pregunta a su esposo cómo te sientes para esta noche.

Resulta interesante el dato que en las Calles Aledañas al Palacio de Minería desde la Avenida Doctores, había más manifestantes con pancartas contra López Obrador que a favor.  La mayoría de los analistas políticos coincidían en que la tendencia sería todos contra López Obrador, el puntero de las encuestas. No habría para que perder tiempo en otras distracciones, aunque algunos supusieron que Margarita Zavala sí emplearía mucho de su tiempo para enfilar tijeras contra Anaya. La otra discusión que parecía mantener la atención de los politólogos es el número de personas que realmente cambian su preferencia de voto a partir del debate. Para Gisela Ruback, especialista en marketing político, según lo dejó ver el noticiero Bloomberg de El Financiero, es que entre un 50 y un 55% de personas ya tienen tomada su decisión. Un 30% lo decide sobre la marcha de las propias campañas, cerca de un 15% toma su decisión el día de la elección, dejando un margen menor de un 2 o 3% para los que modifican su preferencia después del debate; que son precisamente para los indecisos que un debate realmente tiene sentido. Esta cifra aparentemente menor, puede significar la diferencia entre ganar o perder la presidencia.

Para otros analistas el debate genera energía y para otros es una oportunidad para adentrarnos más en los temas que realmente son importantes para los mexicanos.

Anoche la discusión se centró en seguridad, democracia y corrupción, gobierno, política y derechos humanos para otros. Pero la pregunta no es qué tanto cambia la opinión de los ciudadanos sobre los candidatos, sino qué tanto cambian los candidatos a partir de los resultados de un debate. Acaso los elegibles modifican aspectos importantes en sus apreciaciones de cómo atacar o resolver los problemas. Los asesores y jefes de campaña dan señales de alarma para poner atención a los focos rojos que se prendieron post debate. Son los medios los que más provecho obtienen de los debates, los que tienen tema para mantener atentos a los espectadores. Las estadísticas muestras que son más de 73 millones las personas que ha visto la información publicada por más de 500 mil usuarios.  Esto indica un gran tráfico de información en redes, muchas veces generada a partir de las opiniones y noticias que se difunden a través de los principales medios de información. También circula la información que no circula oficialmente, pero que algún cibernauta captó y la hace viral.

Mientras tanto la lluvia seguía cayendo y los rayos y truenos amenizaban el entorno del debate que todo México espera, el sistema de comunicación se caía recordando lo que pasó en el 88. Las preguntas que quedan al aire, es no tanto quién resulta perdedor, sino esperemos que al final no sea México el que pierda, porque lo que está en juego, es más que un candidato o un partido. Es el presente y el futuro de un país, es generar las condiciones para lograr los cambios que todos queremos.