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En su lugar

Novios, matrimonios, colegas, socios, amigos, familias conviven de forma armónica asumiendo una posición confiable o sumisa. Pero, ¿quién determina para cada ser humano el lugar que le corresponde en el mundo?

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Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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Admiro a la mujer –no a todas-, al hombre igual –ni a todos-; aún con habilidades diferentes se complementan, casi siempre.

Les compartiré una historia singular, o tal vez demasiado cotidiana. Un joven padre de familia – a quien llamaré Quiensabe- avanza a la puerta de la empresa donde labora, levanta la mirada y extiende sus manos para recibir un platillo suculento preparado por su esposa. Un beso de despedida, ninguna palabra especial.

Se dispone a saciar su hambre, elige la cafetería donde todos se integran para exponer las calamidades del día anterior. Descubre ante sus ojos unas burritas al estilo norteño, les vierte salsas, crema, lechuga y corta trozos medianos saboreando la sazón de su mujer.

Inicia una conversación con una compañera de trabajo, quien celosa por el aroma del platillo investiga el nombre del cocinero y lo consigue, la respuesta revela un comentario lastimoso, probablemente porque tiene un toque machista.

“Mi esposa cocina el desayuno y comida, todos los días me los trae. Ella sabe cuál es su lugar en la casa”, comenta con naturaleza el joven trabajador. Mientras su interlocutora permanece muda, evita iniciar una guerra epistolar porque no desea tener dolor de estómago toda la semana.

El silencio resguarda una reacción inmediata, Quiensabe se dispone a defender su comentario: “no es que sea machista, pero hace un tiempo casi nos divorciamos, fuimos a unas pláticas y comprendimos que era porque no respetábamos los roles del matrimonio. El hombre provee y la mujer se ocupa de la casa. Yo cumplo y a ella le corresponde hacer lo mismo”.

En su interior sabe que su compañera de trabajo contiene una respuesta ofensiva, pero ella omite las diatribas, decide terminar su torta de huevo y se despide sin mencionar a ningún colaborador lo que recién comentó Quiensabe.

Desconozco si el protagonista de la historia es una persona íntegra o irrespetuosa; no caeré en suposiciones, las considero deleznables, causan mucho alboroto y nada útiles.

Comprobar, obtener las evidencias es el resultado de una metodología antiquísima.  Así resolví varias dudas; pregunté, evité guiarme por mi intuición femenina, mucho menos realicé conjeturas por habladurías.

Navegué por sitios web dedicados a publicar información basada en la investigación científica, cuanti y cualitativa. Indagué con las personas cercanas a mí y repliqué la dinámica con algunos desconocidos, solo para saber cuál consideraban que era su lugar en el mundo, o en el matrimonio. Desde mi perspectiva fue un cuestionario sencillo, apto hasta para un párvulo.

Recibí respuestas diversas, vagas, como si los entrevistados no tuvieran claro su objetivo en la vida o dudaran del mismo. Algunos incluso demostraron incertidumbre e hicieron bromas sobre mis cuestionamientos, aunque éstos no representaran calificaciones o multas.

Se manifestaron dudas de todo tipo, miedos y agobios. No lo aseguro, pero mi impresión fue que las personas con personalidad débil aceptan y cumplen funciones o responsabilidades que no necesariamente les corresponden o desean. Novios, matrimonios, colegas, socios, amigos, familias conviven de forma armónica asumiendo una posición confiable o sumisa. Pero, ¿quién determina para cada ser humano el lugar que le corresponde en el mundo? Esto nos obliga a la reflexión permanente de nuestros actos, que en último grado nos permitirá tener claridad si la satisfacción -de esas acciones- es el factor clave para respondernos sin tropiezos.

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*Comunicóloga y responsable del área de Imagen y Comunicación Institucional de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.