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“Me llena de satisfacción el haber tenido a un artista de fama mundial en mi pequeño gimnasio”

  • Tuvo el primer gimnasio en Puerto Vallarta, Richard Burton fue su cliente.

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Por Miguel Ángel Ocaña Reyes

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Manuel Andrade nació el 18 de abril de 1936 en Puerto Vallarta, su historia de vida le ha dado la oportunidad de plasmar sus experiencias y pensamientos en dos libros, Tiempos inolvidables de Puerto Vallarta y Pensamientos de Reflexión, obras en las que da una visión general de este Puerto, y su filosofía de vida para compartirla con el público

Hijo de Simón Andrade Cuevas y Rosario Beltrán Flores, Manuel Andrade tuvo tres hermanas con quienes vivió sus primeros años en la colonia Emiliano Zapata que conoció desde su fundación y observó su crecimiento y desarrollo hasta lo que es el día de hoy.

En entrevista, Don Manuel Andrade recuerda el Puerto Vallarta de los años cuarenta, el pueblo rural al que el turismo todavía no cambiaba su identidad ni sus costumbres.

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¿Dónde recuerda sus años de infancia?

Yo nací en el centro de Puerto Vallarta, pero pasé mi infancia en la colonia Emiliano Zapata, esa colonia la formó el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización en 1940, en el 46 nosotros nos fuimos a vivir allá, porque mi papá era ejidatario de Puerto Vallarta.

Hay una cosa curiosa de la colonia Emiliano Zapata, los lotes que le dieron a cada ejidatario eran de 50 por 50, ahí vivían los ejidatarios de Puerto Vallarta, en esos tiempos todas las personas que tenían sus solares los plantaban de árboles frutales y sembraban algo, porque era muy grande, y empleaban un pequeño canal que venía de Las Canoas, antes de llegar a donde ahora está el mercado, estaba construido de ladrillo el pequeño canal y ya después por tierra que llegaba a los solares de los ejidatarios, y con esa agua regaban sus árboles, ver eso era una cosa muy bonita, todo del Cuale hacia el sur eran sembradíos de árboles, de aguacate criollo, plátano, manzano, papaya, mamey, algunos ejidatarios sembraban jícama, algo que recuerdo muy bien es que muchas gentes tenían patos y era muy bonito ver a los patos bañarse en los pequeños canales.

Aerolíneas Fierro

Antes de que se formar la colonia Emiliano Zapata había un pequeño campo de aterrizaje que hacía el servicio Talpa-Mascota-San Sebastián, Aerolíneas Fierro se llamaban, eran uno o dos avioncitos de seis pasajeros, eran pequeños, no me tocó viajar en esos aviones porque no salíamos.

¿Cuándo se empezó a urbanizar la colonia Emiliano Zapata?

En 1950 se empezaron a construir algunas casas de ladrillo, y para 1960 ya había construcciones grandes, me acuerdo de la familia Mora, la familia Andrade que éramos nosotros, la familia Briseño, la familia Robles, por citar algunos,  todos eran ejidatarios.

¿Cómo vivía la gente en esa época?

Como no había gas en ese tiempo, las amas de casa cocinaban con leña y carbón, y planchaban la ropa con una plancha grande, un triángulo que tenía algunos agujeros y les ponían carbón. También como no había tortillerías en ese tiempo, había tres molinos de nixtamal, el de Pedro Silva, el de Cristóbal Ruelas y el de Martín Covarrubias, y las amas de casa, claro, o algún hijo, llevaba el nixtamal a moler a esos molinos y hacían bolas, “la bola de masa”, cobraban por bola, de ahí hacían sus tortillas en comales de leña.

También me acuerdo que había tres carnicerías, la de Miguel Ibarría, papá del Prieto Ibarría, por la Guerrero, la de José María Hurtado, que estaba ahí junto, y otra que estaba a la orilla de la escuela 20 de Noviembre adelantito por la Juárez de Don Alfonso Bernal, cosa bonita, en esos tiempos como no había aparatos para partir los huesos, usaban una hacha de mano y los chicharrones los freían en la calle.

Quiero hacer hincapié en una cosa muy bonita de aquel tiempo, había un tianguis por la Guerrero y la calle Corona, y en esas dos banquetas algunas gentes iban a vender sus productos, y una cosa muy bonita de la que me acuerdo mucho, es que algunas amas de casa vendía posi que es una cosa como la cuala, eran triangulitos, la gente lo compraba para la leche, eran muy sabrosos los hacían con tuna de cerro y maíz, también en ese tianguis vendían el camote horneado, los campesinos lo horneaban y lo vendían por kilo, y rábanos que los sembraban aquí, sembraban cebolla…

¿De dónde venía ese tianguis?

Era gente de Puerto Vallarta, no había en ese tiempo ningún mercado y la gente se iba a surtir ahí, desde verduras, frutas, pan, camote, posi, y cosa curiosa, llamaba mucho la atención que los pescadores iban con sus remos o palancas de madera a vender su pescado, entonces agarraban el cuchillo y le pegaban al palo y gritaban vendiendo su pescado.

Los pescadores usaban canoa de madera que hacían los comuneros de Chimo y de Pizota, eran unos expertos, unos artistas para hacer canoas hechas de una sola pieza, de un solo árbol, y los marineros empleaban para ir a pescar afuera usaban una vela de manta en forma de triángulo con otates y con eso navegaban cuando había viento.

Los comuneros de Chimo y Pizota en esos tiempos traían mucha raicilla a Puerto Vallarta, las vendían en damajuanas que forraban con malla de hilillo o costal.

¿Cómo refrigeraban la comida?

Todo se hacía para el día porque no había donde guardar, lo único que se guardaba, porque se vendía mucho en aquellos tiempos, era la cecina de res, pero seca, lo demás no, todo se terminaba en el día porque se echaba a perder, no había refrigerador.

¿Cómo se transportaba la gente?

Me acuerdo muy bien que para 1940 había unas corridas tropicales de Don Agapito Medina, que fue quien impulsó este servicio, él fue el pionero, hacía el servicio de El Colomo, El Valle, San Juan, San José, Las Palmas, y en ese tiempo se estacionaban donde está el banco Banamex, ahí era su terminal y la gente de todos los ranchos ahí se concentraban para ir a sus ranchos.

Hay una cosa que recuerdo, ahí donde esperaban los clientes la corrida, muchos pescadores asaban pescado en vara y los mandaban a vender en bateas de madera, y con mucho orgullo quiero decir que yo era uno de los que vendían pescado, ponía unas varas para un lado y otras al contrario y el cuerpo del pescado en el centro, y ahí los rancheros compraban mucho pescado asado para llevárselo…

¿Cómo atravesaban el río?

Cuando estaba el río muy crecido dejaban una corrida de este lado y pasaban a los pasajeros en canoas.

¿Cómo llegaban a Mismaloya?

Para allá no había servicio, en 1963 cuando filmaron La Noche de la Iguana, todos los materiales, todo lo que se movía para la película, lo llevaban en una canoa grande de motor diésel, Don Susano era el dueño y hacía ese servicio, pero años después fue cuando se hizo el proyecto de la carretera para que entraran los carros a Mismaloya, pero en 1963 no había servicio.

¿En qué se entretenía la gente?

Esa fue la época de los sastres, las costureras y los talabarteros, porque en Puerto Vallarta se usaba mucho el caballo, se usaba mucho el trabajo del campo y los talabarteros les hacían las sillas, las gruperas, y se vendía mucho el huarache, los cintos, y cosa curiosa, en aquellos tiempos no había tiendas que vendieran ropa hecha, las tiendas vendían los cortes, tanto para vestidos como para pantalón, por eso digo que fue la época de los sastres y las costureras porque tenían mucho trabajo.

¿Qué jugaba la gente?

En 1944 había un equipo de beisbol que se llamaba Los Águilas, el equipo El Pacífico, el equipo de basquetbol de Ameca y Social Vallarta jugaron en 1940 en la escuela 20 de Noviembre, los deportes que se jugaban aquí eran el beisbol y el basquetbol. Don Alfonso Díaz Santos, promotor del deporte y persona que hace muchos años estuvo en Hacienda, fue quien empezó a promover el futbol y lo practicaban en la colonia Emiliano Zapata, porque donde está ahora el parque Lázaro Cárdenas estaba libre completamente, ahí también se jugaba el beisbol, íbamos todos los que nos gustaba el deporte ir a ver, eso nos divertía entonces.

¿Los niños a qué jugaban?

Al balero, la rondana, a las flechas con varitas. Cuando era niño, varios chamacos íbamos a buscar camarones a la orilla del río Cuale, y a veces les descomponíamos los lavaderos a las señoras por andar buscando camarones, y cuando regresábamos por el borde del río, las señoras muy enojadas nos la mentaban (sonríe divertido) “muchachos dañeros” nos decían.

¿Cómo recuerda El Pitillal?

Para ir a El Pitillal había una brecha amplia, grandísima, se iba uno caminando, había un pequeño canal que regaba los terrenos agrarios por los que pasaba, ahí sí se veía mucho animal suelo, vacas, burros, caballos.

¿Qué personajes importantes recuerda de la época de su infancia en Puerto Vallarta?

En esa época, en 1940 cuando yo era niño, un personaje para mí muy importante de Puerto Vallarta fue Rodolfo Gómez Sánchez, él formó la CROM el 15 de abril de 1925, también formó el ejido de Puerto Vallarta el 5 de diciembre de 1929.

Me acuerdo que por el banco de comercio, hasta arriba del cerro había un vigía para anunciar a los barcos que venían a Puerto Vallarta a traer carga, desde luego llevaban de aquí plátano, tabaco, frijol y maíz, entonces en este vigía ponía unas ruedas grandes con colgaderas pintadas, y cuando se avistaban los barcos, con un marro le daban a un riel y se oía muy bien hasta abajo, entonces la gente se enteraba, y los trabajadores de la CROM eran los que empleaban o establecían y estaban acostumbrados a que cuando llegaba el barco ellos usaban pantalones cortitos amarrados con mecate y por el malecón los veía uno apresurados que se iban al Hotel Rosita a descargar y cargar los productos, y una cosa muy interesante de esos trabajadores.

¿Qué anécdota recuerda con mayor orgullo de su juventud?

En una ocasión en 1959 cuando tenía yo 23 años me fui a pasar una temporada a Acapulco con unos familiares, y cosa curiosa, andando en una de las calles de aquel lugar me llamó la atención un gimnasio, me paré en la puerta a ver, y el dueño me invitó a pasar, me dijo, “ven, inscríbete”, total que me entusiasmé y me inscribí y aprendí mucho de fisicoculturismo, y cuando regresé a Puerto Vallarta, como era un deporte que me gustaba mucho, pues necesitaba conseguir pesas para seguir practicando, y fui consiguiendo mancuernas, barras hasta que formé un pequeño gimnasio al aire libre, y era una cosa que para mí es una satisfacción.

Puse el gimnasio en 1960 en la colonia Emiliano Zapata en la calle Aquiles Serdán e Insurgentes, en 1963 se estaba filmando La Noche de la Iguana, y Richard Burton que era el protagonista de esa historia, anduvo preguntando si había un gimnasio en Puerto Vallarta, y le dijeron, “¡Uy no!, aquí no hay gimnasios, pero mire, hay un muchacho que se llama Manuel Andrade Beltrán, en tal domicilio tiene su pequeño gimnasio rústico al aire libre”, entonces Richard Burton y su masajista Bo fueron a verme a ver si les daba oportunidad de hacer ejercicio, y pues cómo no, claro que les permití, el caso es que me llena de satisfacción el haber tenido a un artista de fama mundial en mi pequeño gimnasio.

¿Qué costumbres recuerda de aquel Puerto Vallarta?

La gente iba a jugar billar donde ahora está Banamex, por la calle Morelos abajo había otro billar, la gente acostumbraba ir al malecón, sobre todo las personas de edad, había bancas e iban a platicar, había gente que vendía cacahuates en sus mesitas, Don Ismael Mariscal fue el primero que vendió palomitas en el malecón, las jóvenes y los jóvenes los domingos nos íbamos a la plaza a oír la música en el quiosco después de oír misa, y la costumbre era que los muchachos daban vueltas en sentido contrario a las damas, les aventábamos confetis, esa una cosa curiosa, las muchachas usaban la trenza y el vestido largo, era una cosa muy bonita, se vivía con mucho respeto, sobre todo entre la misma gente, era todo muy sano.

¿Qué le duele como vallartense de su tierra?

Ahora, yo como vallartense, y muchos vallartenses, estamos contentos con el progreso, porque hay aeropuerto, carretera, hoteles, muelles, hay mucho progreso, pero a la vez veo con tristeza que este progreso lo estamos pagando muy caro, porque hay muchos riesgos, mucho peligro, ya no vive uno en paz, hay inseguridad, en fin, mucha perdición de los niños, en los adolescentes, en los jóvenes con tantas drogas, por eso es que recuerdo Vallarta de aquel tiempo, y ahora ya no me siento muy feliz porque hay muchos problemas sociales.

Espero que esta entrevista sirva para que la gente conozca cómo era Puerto Vallarta, sus costumbres, el deporte, el río Cuale, la agricultura, para que se den cuenta, porque he estado leyendo diferentes libros y se han olvidado de muchas costumbres muy bonitas de Puerto Vallarta.

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