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La madre, el todo

Somos seres humanos imperfectos. Solamente actuamos y juzgamos a conveniencia, por lo general no somos empáticos por lo que no otorgamos a nuestras madres, eso es lo que pone triste a los hijos, cuando nos percatamos de esto es demasiado tarde.

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Por Marisú Ramírez

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Aún siento su hermosa presencia, sigue aquí en mi corazón y el de mis hermanos. Sus pasos, su humildad para referir errores, su energía aplicada para solucionar problemas, pero sobre todo su maravillosa calidad humana: me refiero a mi madre Eloísa Muñoz Muñoz, recientemente fallecida.

Mi pensamiento se extiende y comprende a todos los que la hemos perdido y recordaremos este 10 de mayo. El sufrimiento de ver su casa vacía donde acostumbraba permanecer, o los espacios que a diario recorría, el no tener el regaño por haberse portado mal, en este día sería hermoso escucharlo. La vida nos arrebató a nuestro ser más amado después de nuestro Señor y su voluntad permanecerá hasta que dejemos este mundo.

Hago una reflexión, y considero que mis hermanos la realizarán y la compartirán, la relación con nuestra madre fue más a partir de cómo quisimos verla, no como realmente necesitábamos comprenderla. Sucede así en la mayoría de las familias mexicanas; no hay relación a fondo con sus emociones, sentimientos y necesidades, las interpretamos y deducimos lo requerido por ella desde nuestra visión, sin llegar a comprenderla; no digo que así haya sido siempre, aunque reconozco esas fallas. Ahora que se ha ido salen sobrando estos pensamientos, lo sé.

Somos seres humanos imperfectos. Solamente actuamos y juzgamos a conveniencia, por lo general no somos empáticos por lo que no otorgamos a nuestras madres, eso es lo que pone triste a los hijos, cuando nos percatamos de esto es demasiado tarde, lo que resulta devastador.

Es muy fácil a personas cercanas llamar al camino de la resignación, nada fácil cuando se nos quebró el corazón, cuando lo que nos dio origen no estará más, cuando se sabe que no la podremos escuchar, abrazar, besar, contarle nuestros conflictos con nuestra pareja o las generadas en el empleo, nadie nos escuchará como ella ¡jamás!

El primer 10 de mayo sin este maravilloso ser. Calles pletóricas de arreglos florales, mesas con regalos, globos y exquisiteces culinarias en restaurantes, los veré con la tristeza de no poder compartirlos con ella y ver su agradable sonrisa con la que recibía los obsequios en esta fecha.

Sólo me queda imaginarla como antaño cerca de mí, mitigando mis sufrimientos o sufriendo conmigo, aunque ella en todo momento compartió y aconsejó ante los inminentes conflictos de su docena de hijos, nietos y la de los fraternos de mis hermanos.

Quiero imaginarla dentro de mí, en mi corazón, de ahí no se irá jamás, daría lo que fuera por volver a verla, acariciarla, decirle mamita quédate conmigo, nunca te marches; después de Dios estarás a mi lado por siempre, no quiero resignarme a recordarte sin verte y acariciar tu hermoso rostro hasta que te aburra con mis problemas y reciba tu sabio consejo como antaño.

Mis hermanos y yo no hablamos de tu último viaje, no lo esperábamos. Si hablamos de lo que fue la vida para ti, donde los avatares se diluyeron con el tiempo. Las visitas, reuniones, celebraciones y tantas charlas que dejaron su sabia huella en nuestra conciencia y algunas que jamás surgieron porque el tiempo enmarañó a todos en sus labores cotidianas, con el dictado de estrictos horarios donde no estabas tú o tu presencia era reducida en minutos, horas, días, meses o años trascurridos con el sueño que tuviste siempre de vernos juntos y felices en una visita interminable a tu casa ganada con empeño y siempre reluciente, pocas veces sucedió.

Este 10 de mayo, como millones de mexicanos que mantenemos la tradición de recordar a nuestras madres, solamente quiero expresar que mi mente necia, no se resigna, prefiero pensar que aun sigues ahí presente en todos y cada uno de mis hermanos en un rinconcito de nuestra alma, donde permanecerás por siempre, como una mujer extremadamente valiente que desafío al destino con entereza y hasta el final nos brindó su mejor sonrisa: ¡Así te recordaremos por siempre! masryram@msn.com