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Temor creíble

Dudo que el próximo Presidente de México mantenga en entre sus carpetas la solución a esa problemática de movilidad masiva, producto del miedo y la incertidumbre permanentes.

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Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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Este año más personas emigran, sostienen en su espalda bultos de tela, repletos de objetos pequeños, significativos, cargados de sueños.

Viene a la mente una imagen peculiar, ésta describe el alto índice de violencia en diversas comunidades del país. Los que radican en una localidad aparentemente tranquila, leen los diarios en todas sus versiones, comparten información y emiten juicios según su criterio.

Hoy -como antaño- la búsqueda de mejores oportunidades es la razón número para que una persona abandone su tierra natal. A veces no por elección propia; se huye de la violencia, el secuestro, pobreza, amenazas, explotación y más razones lastimeras.

El pasado mes una caravana humana avanzó desde Centroamérica hasta nuestro país. Se informó de 2 mil migrantes que lograron llegar a Tijuana, Baja California. El 80 por ciento procedentes de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Un grupo con intenciones de radicar en tierra azteca. Otro, menos numeroso espera –y continúa haciéndolo- recibir asilo en Estado Unidos.

Se sabe de los planes de esa nación, su actual líder se ha encargado de socializarlo en medios de comunicación masiva. Según Thomas Haine, exabogado de juicios del Servicio de Inmigración y Control Fronterizo (ICE) “El principal obstáculo para los migrantes es convencer a un juez migratorio de que ellos pertenecen a un grupo social particular —dígase niños soldado o personas transgénero— que les da derecho para el refugio, pues muchos de ellos no pueden argumentar que enfrentan persecución por razones de raza, religión, nacionalidad u opinión política”.

De acuerdo a la información que recibo, los migrantes que logran captar la atención de los inspectores fronterizos deben comprobar que su vida afectivamente corre peligro en su país natal. La mayoría huyen de bandas delictivas, carteles y otro tipo de violencia. Cuando cruzan -con permiso temporal- de México a Estados Unidos son puestos en custodia en un centro de migración. El proceso es largo, puede durar un par de meses o prologarse según sea el caso.

Responder diversas preguntas es parte de la prueba a la cual están obligados los inmigrantes, eso permite a las autoridades correspondientes tener las pruebas suficientes para determinar si la vida de esas personas estaba amenazaba o no.  Pero aprobar la entrevista de “temor creíble” no es fácil, deja entrever Haine. Para Devin Theriot-Orr, docente en la Universidad de Seattle “En las cortes es donde se complica todo. Es como tirar los dados”.

Los casos son diversos y cada uno tiene su complejidad; es cuando el hilo conductor logra unir la injusticia con la inequidad y la violencia. Precisamente hace pocos días se dio a conocer que de Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas emigran cerca de mil personas, tal vez más. Van hacia destinos donde tendrán mejores condiciones de vida; la fe es su fortaleza.

¿Coincidencias?, no lo creo, analícelo usted. El pasado viernes, en menos de tres horas se reportaron cuatro sismos en Oaxaca, Chiapas y Michoacán. Entidades federativas son epicentros de varios movimientos telúricos durante el año. Pero investigadores coinciden en que el efecto de la movilidad masiva provoca en la tierra reacomodos de sus placas tectónicas.

Es seguro, cambios importantes asociados a la violencia y la inmigración afectarán en varios niveles. Así como el Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la UNAM hace referencia a los impredecibles terremotos, en ese sentido surgirán imprevistos calificados para alertar a la sociedad. Dudo que el próximo Presidente de México mantenga en entre sus carpetas la solución a esa problemática de movilidad masiva, producto del miedo y la incertidumbre permanentes. En este momento, urgen propuestas ¿las obtendremos?

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*Comunicóloga y responsable del área de Imagen y Comunicación Institucional de la Universidad del Valle de Atemajac, Campus Puerto Vallarta.