México y el Brexit

Por María José Zorrilla

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Poesía, tenis, gastronomía y ahora el Down Hill, han traído a Puerto Vallarta unos días de alegre esparcimiento en medio de los dimes y diretes de las campañas políticas de las que no podemos sustraernos.  Vivimos un momento interesante y no por ello menos complejo, porque la oferta que tenemos para la elección presidencial, significa grandes diferencias en los modos de abordar los problemas que nos aquejan.   Cuando Gran Bretaña se enfrentaba a la votación entre salir o no de la Unión Europea, el debate se produjo entre los que temían al futuro y los que veían hacia el futuro.  La población quedó prácticamente dividida con 52%  contra la permanencia y 48% por la permanencia en la UE, con una participación del 72% del total del electorado.  Lo que significa que si muchos de los que estuvieron a favor de permanecer pero no fueron a votar, perdieron esa oportunidad por desidia o por no considerar que su voto unitario definiría una elección.  Dicen que en su mayoría fueron las personas del campo, la población eminentemente rural y muy particularmente los de la tercera edad, los que llevaron la batuta para que se definiera ese gran país por la salida mejor conocida como Brexit.  Ganó los que le temían al futuro.  Las consecuencias de esa determinación todavía no es posible medirla hoy día en su total magnitud, porque es muy temprano para evaluar la salida programada para mediados del 2019 como máximo.   No obstante, las repercusiones inmediatas fueron la caída de los bonos británicos a precios de 1703 y la moneda se devaluó en el 2017 a precios de 1985.  Acorde a las últimas encuestas de si fue acertado o no las salida de Gran Bretaña de la UE, parece haber ligeras diferencias, donde en algunos resultados se ha invertido el número ahora de 52% a favor de permanecer contra 48% de salir, porque muchos de los que estaban a favor, simplemente no fueron a votar.

Hoy día en México se vive un fenómeno interesante y quizás diferente al de Gran Bretaña.  Los jóvenes no le tienen miedo al futuro, porque el pasado les ha dado lecciones poco alentadoras sobre honestidad, gobernabilidad, seguridad.   Las clases menos privilegiadas tampoco le tienen miedo al futuro aunque sea recesivo,  porque desgraciadamente ellos siempre han llegado tarde y solo les ha tocado recoger las migajas del banquete de la modernidad como diría Alfonso Reyes.  Y los mayores, no le tienen miedo al futuro porque sienten que su historia ha estado plagada de futuros potenciales que jamás les han llegado y por lo menos hay un candidato diferente que les ofrece darles a más a los que menos tienen y repartos más generosos para los que tengan arriba de 65 años.  En ese contexto sabemos que AMLO es el que ahora va arriba en las encuestas.  Para muchos, López Obrador representa un paso gigante hacia atrás, una visión anacrónica por anclarse a un pasado ilusorio donde la idea es sustraer de los que más tienen para dar a los que menos tienen, cerrar la economía a una contexto interno principalmente y dar marcha atrás a la reforma educativa. La visión del empresariado y de muchos que le apuestan al futuro, es generar más empleos, incrementar la productividad, mejorar la educación para ser competitivos y brindar mejores oportunidades para todos.   Estamos ante una división de los que no le tienen miedo al futuro por las circunstancias que sean, versus los que quieren generar un futuro con más certeza.  Necesario por no decir urgente, es acabar con la corrupción y el abuso de muchos en la cúpula del poder. Pero no todo se reduce a eso, porque no podemos borrar la palabra futuro de nuestro diccionario.  Me ha tocado escuchar a muchos mexicanos que dicen “todos son iguales”, para qué voto.  Sólo recordemos que el Brexit se quedó en manos de los que si decidieron ir a votar.