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  • César Abarca... ganar o ganar. No hay de otra.
  • Ramón Guerrero Martínez... ganar o ganar. No hay de otra.

& César Abarca: ganar o ganar, no hay de otra & Ramón Guerrero: la necesidad de sobrevivir políticamente & Focos rojos para Movimiento Ciudadano en varios municipios & Al tope, las “grillas” entre los diversos grupos de “alfaristas” & Llegan avanzadas de candidatos presidenciales y a la gubernatura.

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SEGURAMENTE, César Abarca no olvidará nunca los días aciagos, llenos de incertidumbre y previos a las definiciones del alto mando priista para elegir candidatos a las alcaldías. La pesadilla empezó a finales del año pasado cuando empezó a deshojar la margarita para establecer su estrategia y fijar su postura en su afán de presentar a la cúpula priista, una propuesta atractiva para tener probabilidades reales de que el PRI recuperara la presidencia municipal de Puerto Vallarta.

César Abarca había trabajado de una manera intensa en busca de la candidatura a la alcaldía vallartense, un proyecto largamente acariciado y con el pleno convencimiento ahora de que su turno había llegado y que en esta ocasión no habría nada ni nadie que le quitara la oportunidad de ser presidente municipal de su pueblo.

El joven político había hecho su parte, su trabajo. Al frente de la dirección del Seapal, cargo al que llegó con muy pocos conocimientos acerca de su funcionamiento, superó las expectativas y al momento de su salida entregaría buenas cuentas producto de un trabajo constante, intenso, convencido de que eso le daría el pase automático a la candidatura y el hecho de que era el priista mejor posicionado y con los méritos suficientes.

SIN EMBARGO…

CUANDO todo mundo esperaba que César Abarca fuera el candidato del PRI a la alcaldía vallartense sucedió lo inesperado porque el joven político vallartense propuso una estrategia que garantizara la victoria electoral. La propuesta incluía a Andrés González Palomera como candidato a diputado local y a una mujer con fuerte arraigo en el distrito y en particular en Puerto Vallarta para que fuera como candidata a la diputación federal.

Obviamente, el alto mando del PRI en Guadalajara (gobernador incluido), le dijo que no, que se conformara con ser el candidato a la alcaldía y que dejara al partido resolver las candidaturas a las diputaciones local y federal. Entonces, César Abarca rechazó ser el candidato y se regresó a Puerto Vallarta lleno de incertidumbre.

Dicen los enterados que todo esto molestó al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval quien ordenó su remoción de la dirección del Seapal. “Muchacho caprichudo”, fue lo menos que le dijeron. Entonces, se vinieron los días difíciles para César Abarca quien hasta bajó de peso.

Pasaron largas semanas y ya fuera del Seapal, César Abarca, revisaba sus opciones políticas para el corto y mediano plazo. Fue cuando lo salvó la campana. Llegó el momento de que el PRI decidiera a sus candidatos a las diputaciones y tras saberse que Ramón Guerrero Martínez contendería por el Partido Movimiento Ciudadano a la diputación federal por el quinto distrito, el nombre de César Abarca saltó en el círculo cercano al Gobernador de Jalisco quien a estas alturas todavía no digiere que haya perdido en dos ocasiones,- con la gran ayuda de su amigo Salvador González Reséndiz,- el importante, estratégico y consentido municipio de Puerto Vallarta, en cuyas calles, de joven, Aristóteles Sandoval, se regocijaba en su motocicleta y se divertía en su vida nocturna.

El culpable de todo esto era Ramón Guerrero Martínez, el popular “Mochilas”. El fue el enterrador del PRI en Puerto Vallarta al saber capitalizar políticamente la falta de obras en las colonias populares del puerto cuando el gobierno de Salvador González Reséndiz, decidió equivocadamente construir la “nueva presidencia municipal” un fallido proyecto, cuya triste historia todos conocen.

Quién mejor que César Abarca para cobrar las facturas pendientes que tiene con el PRI el ex alcalde de Ayutla. Y hasta ahora, las cosas marchan bien para quienes buscan sacar de la política vallartense al carismático ex panista quien pasó a la historia de la política al convertirse en alcalde de Puerto Vallarta sin haber residido nunca en este municipio.

Hoy en día, a sólo 40 días de la elección, César Abarca marcha en caballo de hacienda. Va ligeramente arriba en las encuestas, pero seguramente crecerá la intención de voto a su favor especialmente en el municipio de Puerto Vallarta en donde se decide la contienda. A Ramón Guerrero le recortaron el distrito y con esto le quitaron 9 mil votos. Bueno, ni su natal Ayutla le dejaron. Así lo traen en Guadalajara. Nunca le perdonarán haber sido el sepulturero del PRI en los tiempos más favorables para los grupos priistas que habían mantenido el poder y el gobierno.

Así las cosas, palabras más, palabras menos, para César Abarca y para Ramón Guerrero, no hay más que de dos sopas y una ya se acabó. O ganan o ganan. De ello, depende su futuro político en el corto y mediano plazo. Para César Abarca, representa su continuidad en el plano estelar de la política vallartense y mantenerse como el más sólido prospecto a la candidatura para la presidencia municipal y para Ramón Guerrero,- como dijera el clásico Alberto Cárdenas Jiménez,- “mesmamente lo mismo”. Así de claro, así de sencillo pero al mismo tiempo así de complicado.