¡Aléjate fraude ramplón!

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Es, hasta hoy, una pieza más de la incongruencia pensar en un fraude electoral. A los ciudadanos nos ha costado miles de millones de pesos esta campaña electoral para elegir un presidente honesto.

Varias personas ─entre ellas alumnos universitarios─ me han peguntado con insistencia si podría existir una bribonada política, en lo personal me parece delicado que llegara a suceder en las condiciones en las cuales está México.

Son las elecciones más costosas y complicadas, de eso no hay duda. Se ha metido mucho ruido al proceso; entre miedos, calumnias y ataques personales; se dirimen posturas incongruentes donde los ciudadanos más pobres parecen desorientados, no solamente ellos sino empresarios y dirigentes políticos.

Veo un fraude muy lejos de las urnas, acercarlo sería lamentable e irresponsable. Como lo han sido los mensajes intimidatorios de perder programas sociales de apoyo de las instituciones públicas. Cada vez más cerca el mes de julio y las temeridades aumentan, obvio es una decisión electoral histórica.

México es una nación de instituciones reconocidas por el mundo, no se puede albergar una idea de fraude, no es ético esparcir esa idea. Esto no solamente debilitaría la frágil democracia en la que pocos creen por causa de personas deshonestas que se han aprovechado del poder público. Reflexiono sobre lo que significa el poder, para el sociólogo Max Weber: el poder político “es la posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la conducta ajena”. Vamos más a fondo en dirección del poder político y autoridad, Jacques Maritain “La autoridad y el poder son dos cosas diferentes: el poder es la fuerza mediante la cual se puede obligar a otro a obedecer. La autoridad es el derecho de dirigir y mandar, de ser oído u obedecido por otro. La autoridad requiere el poder”.

Pueden registrarse irregularidades propias del proceso, aunque de ninguna forma se registre un fraude estructurado desde el poder del Estado, sería inadmisible por la sociedad, esa idea tiene que erradicarse del pensamiento social, como he mencionado, ha costado muchas vidas y recursos económicos construir un país de instituciones para echar todo por la borda.

He señalado los miles de millones de pesos entregados a los institutos políticos para su correcta conducción política, el trabajo agotador que llevarán a efecto un millón de ciudadanos elegidos para dar certeza a la contienda y las costosas boletas electorales e infraestructura diversa, sin olvidar la credencialización para millones de votantes los cuales ejercerán su voluntad política el 1º de julio.

El poder del voto y la confiabilidad en el respeto que se le tenga me parece estructural, esto en el contexto de mentiras y sobresaltos que se han vivido a lo largo de las pre y campaña abierta a los cargos de elección. Es fuerza permanente de los electores y el respeto del Estado a las decisiones; todo esto no puede desdoblarse en una pasión negativa, por el contrario es la esencia de la democracia.

El día de las elecciones se demandará del INE total veracidad en los primeros resultados, independientemente de preferencias partidistas está por encima la voluntad popular; las pasiones quedarán desterradas de los votantes, las divisiones que se han producido entre familias, amigos o conocidos estoy seguro quedarán avasallados por la conciencia de lo esperado.

Los grupos de presión como la iglesia, organizaciones empresariales y sociales tomarán distancia frente a la decisión de los ciudadanos, será sano despertar de este interesante proceso de elección, una vez transcurrido, sin violencia ni interferencias provocadas por la derrota, en la democracia se gana o se pierde no hay otro camino, aceptar los resultados sin rencores es lo fundamental para continuar la construcción de un país de instituciones sólidas las cuales serán la mejor herencia para las generaciones venideras.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Veracruz.